El Editorial del Domingo

MIL PARCHES Y UN ABORTO

Todas las cifras de producción industrial brindan números negativos. Todas las estadísticas referidas al consumo hablan de freno, retroceso y caída. Todas las previsiones del mundo hacen énfasis en una recesión inevitable que algunos ya se atreven a calificar de depresión. Sin embargo, hay un sector de la economía que funciona como los dioses: las fábricas de parches. Si cotizaran en el Ibex 35, sus acciones llevarían un tiempo largo en subida libre; y algo parecido podría decirse si lo hicieran en el resto de Europa.

Incapaces, o faltos de voluntad, para atacar los problemas centrales que acucian a los gobiernos de la Zona Euro –entiéndase por ello la descomunal deuda alcanzada por las entidades financieras, las ingentes cantidades de dinero hurtadas al fisco en paraísos fiscales, la falta de controles reales sobre las operaciones especulativas, entre otros-, los dirigentes españoles y sus pares europeos se ven obligados a vivir tapando vías de agua y rezando para que “los mercados” les den un poco de respiro hasta la apertura del siguiente agujero.

No más que eso fue lo que hicieron Mario Draghi en Europa el jueves y Mariano Rajoy en casa el viernes, con el agregado de que la oración fue más prolongada, rogando por gozar de algunas semanas de vacaciones tranquilas en medio de este verano de pasiones.

La lectura de lo “decidido” en el BCE hace 72 horas demuestra la esquizofrenia reinante y la carencia absoluta de sentido lógico en todo lo que está ocurriendo. Pero sobre todo, revela que no hay solución final a la vista. Los mercados castigaron con bruscas caídas la intervención de Draghi el jueves, pero con idéntica virulencia dieron la vuelta a la tortilla el viernes, como para dejar que el personal se fuera a disfrutar de agosto con una sonrisa. El sentido último que tomarán las primas de riesgo, las tasas de interés y demás elementos que permiten vaticinar el devenir de los países con problemas y de la Zona Euro en general es un albur. Habrá que esperar a septiembre, si es que se convoca una reunión extraordinaria del Eurogrupo, para saber quién saca ventaja en la pulseada entre el Bundesbank y el resto de bancos centrales, en apariencia más proclives a las medidas que componen el parche más grande, es decir, agilizar los fondos de rescate y permitir la compra de deuda, básicamente de España e Italia. Siempre que antes de esa fecha una tormenta de verano no obligue a reactivar la fábrica antes de tiempo.

Esa misma premisa, poner parches y patear la pelota hacia adelante, fue otra vez la táctica del presidente del Gobierno de fronteras para adentro. Y no solo en el tema de la deuda, donde si bien abrió las puertas a la posibilidad de un nuevo rescate, ejerció de gallego para quedar a mitad de camino en la escalera. También liquidó de ese modo el conflicto eléctrico, con las empresas españolas del sector castigadas por las agencias de calificación, Mario Monti haciendo lobby a favor de Endesa (su verdadero dueño es Enel, la principal eléctrica italiana) y las renovables en estado permanente de nervios. No hubo más definición que algunos decretos para ratificar situaciones ya conocidas. Nada que aclare cómo se va a resolver el pago de los 30.000 millones de euros que enrojecen los balances empresariales bajo el epígrafe “retraso de tarifa”. Y tres cuartos de lo mismo respecto al conflicto minero. Sin acuerdo en la reunión entre sindicatos y el ministro Soria, todo quedó en un “ya veremos más adelante”…

El propio Rajoy aseguró el viernes que esa manera de hacer las cosas es lo que se llama “gobernar”. Y nadie se lo puede discutir. Es lo que tiene gozar de una lengua –la española- tan rica en matices…

Y en medio de este tembladeral, a Alberto Ruiz Gallardón no se le ocurre nada mejor que tirar encima de la mesa el tema del aborto, y proponer una vuelta atrás que enviaría nuestra legislación a la cola de Europa en la materia, con un nivel de restricción apenas superado por Irlanda y Malta. Más allá de las consideraciones éticas, ideológicas o científicas que cada cual pueda tener al respecto, cabe preguntarse por qué habrá elegido este momento para agitar aun más las revueltas aguas de la actualidad y arriesgar algún que otro punto más en la caída de popularidad del Gobierno.

Quizás para entenderlo haya que remontar la memoria a aquellas multitudinarias manifestaciones convocadas por la Iglesia en tiempos de ZP. Esos domingos en los que los líderes del Partido Popular salían a la calle de la mano de las huestes del cardenal Rouco Varela para protestar contra el matrimonio homosexual o la propia ley del aborto. Por esos tiempos, la sensación generalizada de que la calle era de la derecha fue propiciando el clima para un futuro cambio en Moncloa, y desgastando la ya menguante luz de Zapatero en el poder.

En la sede del Episcopado sin dudas no se olvidan de esos favores y es posible que apuren el reclamo de su cobro. Es lo que ocurre cuando se contraen deudas: tarde o temprano hay que satisfacerlas. Y es muy probable que los hombres de sotana pretendan que sea cuanto antes.

No vaya a ser cosa que alguno de los parches resulte defectuoso, salte por los aires antes de tiempo, y la peculiar manera de “gobernar” de Rajoy pase a mejor vida mucho antes de lo previsto.

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