Penurias provincianas. (Diálogos 5)

I.

– ¿No ha visto el periódico esta semana? 400 vecinos de Benavente cobran esos 400 € que ahora van a prorrogar.
– ¿Y eso es mucho?
– Calcule, aquí somos 20.000 habitantes. Pero es que el paro en el pueblo es terrible. Tenga en cuenta que aquí había apenas tres industrias: una tabacalera, una azucarera y una fábrica de muebles, y cerraron todas. Empleaban a unas 700 personas entre las tres, más los empleos indirectos. Y ahora se quieren llevar los Juzgados, y la unidad de rayos del hospital, por la que habíamos peleado durante años.
– Me está pintando un panorama terrible.
– Estoy viendo cosas que nunca pensé que vería…
– ¿Por ejemplo?
– Jamás pensé que me encontraría con gente de la zona pidiendo por las calles. No digo que pase aquí mismo, pero sí por pueblos de la comarca. Si hasta se les nota la vergüenza que les da, porque ni te miran a los ojos cuando te piden. Le aseguro que me estoy gastando un sueldo extra en dejarles monedas porque me parten el alma.
– Tómese otro vinito, que esta ronda la pago yo…
(Las vacaciones sirven para asomarse a los pueblos de provincias y palpar de cerca los efectos de la dura realidad).

– – – – – – – – – – – – – –

II.

– No se puede competir con ellos. Es imposible. Mis padres empezaron con este negocio y yo lucho por mantenerlo, pero cada día es más difícil.
– ¿Quiénes son “ellos”?
– Las franquicias de marcas conocidas. Yo vendo ropa de mujer y me preocupo por buscar género de calidad, que sea bonita y moderna, pero también que te dure.
– ¿Y a la gente no le gusta?
– Sí, pero resulta que vienen las franquicias y te venden ropa que es mala, pero mona, por 5 €, y aunque te sirva solo para una vez y se deforme, el bolsillo manda. Y no hay manera de pelear contra eso.
– ¿Ha probado vender por internet?
– Eso no es para un minorista, porque necesitaría un almacén enorme para tener lo que me pidan, y no me sale a cuenta. Y con internet pasa algo todavía peor. Las clientas vienen, se prueban el modelo de la marca que vendo, me dan las gracias, se van… y después lo compran por internet. Es decir, me usan de probadora. Sinceramente, no sé cuánto tiempo más podremos aguantar si esto sigue así.
(En una las capitales manchegas, el pequeño comercio suma inconvenientes para no naufragar en medio del huracán, incluso antes de la subida del IVA).

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