El Editorial del Domingo

OLA (MUNDIAL) DE ASALTOS

Si hay un tema recurrente al que suelen referirse los medios de comunicación de medio mundo es el de la seguridad. Pocas cuestiones resultan más sensibles para alterar el ánimo popular que apelar al miedo que cualquier persona siente al imaginarse atacada, robada, asesinada, o la forma que se elija de invasión de la privacidad. Por eso se ha convertido en un arma utilizada urbi et orbi. En nombre de la seguridad, y en aras de mantener el status quo a cualquier precio, se dictan leyes represivas de todo tipo, color y tamaño, que atacan desde lo intelectual (Estados Unidos, con toda su aura de libertad, puede dar cátedra en ese aspecto) hasta lo físico. Pero también se actúa con contundencia, por lo general para proteger a los más poderosos. Y en una variante más sofisticada, es la herramienta preferida para atacar a gobiernos que, según sus opositores, no emplean la suficiente “mano dura” para defender sus intereses, o la emplean de manera selectiva. Funciona así. No hay poder más inmovilizador que la creación de miedo.

Toma de la Universidad de Chile esta semana.

En ese sentido, hablar de “ola de asaltos”, la forma más elemental y socorrida de esparcir temores, ya casi no sorprende a nadie. Basta con poner esas tres palabras en Google para que aparezcan noticias desde España a la Argentina pasando casi por todos los países hispanoparlantes (no hice la prueba en inglés, pero tampoco será muy diferente). Tampoco resulta del todo llamativo lo ocurrido en esta semana, pero entiendo que sí merece una reflexión. Porque en estos días precedentes hemos asistido a una auténtica ola mundial de asaltos de diversas modalidades y calado. Hagamos repaso. En Chile, la policía entró con inusitada violencia a tres colegios tomados por estudiantes que luchan desde hace algo más de un año por una educación pública y gratuita, en lugar de la privada y de pago que fomenta el Gobierno de Sebastián Piñera. En Sudáfrica, la policía mató a más de 35 trabajadores que ocupaban una mina de platino de propiedad británica, en protesta por sus condiciones salariales. En Londres, las autoridades amenazaron –aunque por ahora no lo hicieron- con asaltar la Embajada de Ecuador para sacar de allí a Julian Assange, el fundador de Wikileaks, y poder extraditarlo a Suecia.

Las integrantes del grupo Pussy Riot.

En Rusia, las integrantes del grupo musical punkie Pussy Riot fueron condenadas a una desproporcionadísima pena de dos años de cárcel por cantar en una iglesia; y la fiesta del Orgullo Gay –o cualquier otra manifestación homosexual- fue prohibida hasta el año 2112 (sinceramente, cuesta entender por qué decidieron autorizarla ese año). Y en Alemania, el Tribunal Constitucional autorizó al Ejército a actuar dentro de su territorio “contra posibles amenazas terroristas”. Cabe recordar que desde la caída de los nazis, los militares alemanes tenían expresamente prohibida toda intervención contra la población civil.

Entiendo que a primera vista puedan parecer hechos inconexos y poco relacionados entre sí, pero en los tiempos de la globalización el “efecto mariposa” es mucho más habitual de lo que nos imaginamos. De acuerdo en que su coincidencia en la misma semana puede resultar casual, pero también es cierto que existe un evidente hilo común en todos estos casos: los asaltos los perpetra el Poder, porque es el Poder, o el Sistema, o como queramos llamarle, el que se siente amenazado. Por aquellos que protestan o reclaman, por los que difunden datos confidenciales, por los homosexuales, los ateos y hasta por lo que pudiera pasar. No olvidemos, por poner un ejemplo local, que en España ha quedado pendiente de sanción para la próxima legislatura una reforma del Código Penal que castigará con cárcel la difusión o promoción de manifestaciones en las redes sociales, o la resistencia pasiva a la Autoridad, entre otras medidas de endurecimiento a favor de la “seguridad”.

Es notable cómo, de manera sigilosa y casi imperceptible, el mundo va avanzando hacia un megaestado tipo Matrix. Ocurre a nivel económico, con la cesión de autoridad y soberanía desde los países a superestructuras alejadas de todo control popular, es decir, antidemocráticas, como es el caso del BCE en Europa. Y también pasa con este tipo de medidas y acciones, que podrán ser independientes entre sí, pero que no diferirían demasiado de las que dictaría un único Gobierno mundial, si tal cosa existiese en el futuro.

Pensar que aquí los medios de comunicación masivos montan la de Dios porque Sánchez Gordillo roba cuatro carros de comida de un supermercado. Claro que es lógico, ellos también forman parte del Sistema. Ellos también participan en la ola de asaltos.

Solo que los suyos son asaltos de verdad.

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