El Editorial del Domingo

VIENTOS DE SEPTIEMBRE

Los refrescantes vientos que en buena parte de España se llevaron por delante lo que quedaba de verano, incluso antes del final de agosto, arrasaron también la molicie política que suele acompañar a este país hasta que cae la última página del calendario de agosto.

Vivimos épocas de tantas urgencias que no hay tiempo ni para sacudirse la arena de los pies. Así, en la semana que habitualmente sirve para apurar los bostezos finales, ocurrieron hechos tan relevantes como que el ministro de Economía, Luis de Guindos, se vio obligado a lanzar su flamante reforma económica, “banco malo” incluido (sus alcances he intentado resumirlos en un post del pasado viernes), se pusieron en marcha las campañas electorales para las autonómicas en Euskadi y Galicia, y se vivió un nuevo capítulo del “apriete de tuercas” entre Cataluña y Madrid en torno al rescate, el pacto fiscal y un horizonte de posible independencia.

Rosa Díez

Pero además de estas cuestiones, que han ocupado los grandes titulares, también pasaron otro par de cosas que no concitaron tanta atención, pero a las que conviene no perder de vista por motivos muy distantes entre sí. Por un lado, Rosa Díez, líder de UPyD, exigió a Mariano Rajoy que pidiera ya mismo a la UE el rescate económico para España. Por otro, Cristina Cifuentes, la Delegada del Gobierno en Madrid, afirmó sin pestañear que posee una lista de entre 800 y 1.000 personas “fichadas” por asistir a “todas las manifestaciones” que se realizan en la Comunidad.

La urgencia de Rosa Díez tiene varias lecturas posibles. No se puede desdeñar la posibilidad de que realmente considere que un rescate urgente y “total” a España sea la mejor solución para los problemas que padecemos. En este caso cabría preguntarse si es esta la alternativa “diferente y progresista” con la que intenta venderse UPyD de cara a un futuro que se le presenta muy prometedor. Porque ya conocemos el significado de un rescate “total”: entrega absoluta de los mandos económico-financieros a la troika UE-FMI, profundización en la pérdida de derechos laborales y de acceso a servicios públicos para la mayoría de la población, aumento del paro, extensión sine qua non de la recesión y condena muy prolongada al pago prioritario de una deuda que casi ningún ciudadano español contrajo por su cuenta. Sin embargo, esta parecería ser la apuesta de la carta más visible de recambio que aparece en el espectro político español a corto plazo.

Aunque en el caso de Rosa Díez cabe la sospecha de que pueda esconderse algún otro interés detrás de su pedido. La ex eurodiputada del PSOE (algún día habría que realizar una revisión a fondo de su actuación en el Parlamento de Estrasburgo) intuye que su momento está cada vez más cerca. No sólo por los resultados de noviembre pasado, sino porque el “sistema” –entiéndase el poder económico y los medios que lo sostienen y difunden- ve con buenos ojos su ascenso: sabe que no provocará cambios de fondo (el mensaje de esta semana, de alguna manera, también va dirigido a los oídos de los que mandan), y que encarna el “camino natural” para recoger los votos de quienes en su día se decepcionaron con un PSOE todavía bamboleante y carente de liderazgo visible; y también de quienes creyeron ver la tabla de salvación en este PP sin poder y sin ideas. Es decir, ella –o su partido- sería el parapeto ideal tanto para frenar un más que previsible avance de una izquierda más combativa, como para diluir el surgimiento de una derecha populista y más difícil de controlar, como la que propugna Mario Conde.

En ese sentido, cuanto antes se produzca el pedido de rescate, más rápido será el deterioro del actual Gobierno, peores serán sus resultados en Galicia y Euskadi, y más rápido se desencadenarán unos acontecimientos que en muchos círculos ya se dan por sentados. Hablamos de la caída de Mariano Rajoy y las variables que se abrirían para su sustitución, que van desde un pacto de Estado al estilo Italia a unas (menos probables a corto plazo) elecciones anticipadas. Y en todos los supuestos, las urgencias de Rosa Díez se verían satisfechas.

El más que posible final prematuro de esta Legislatura entronca con el otro tema surgido en la semana: la lista de Cristina Cifuentes. Porque evidentemente, el Gobierno no tirará la toalla sin pelear. Lo está haciendo a su manera en el ámbito económico, más allá de cómo se califiquen sus medidas. Y lo hará en la calle, donde sabe que desde esta misma semana le espera un aluvión de protestas en forma de concentraciones, cortes de calle, marchas y demás. La portada de La Razón de hoy es una buena medida del posicionamiento oficial; y el mensaje de la Delegada en Madrid, el anticipo de un previsible endurecimiento en el trato a los manifestantes.

Hasta aquí, el Ejecutivo de Mariano Rajoy solo ha cosechado desencantos y contratiempos. Maltratado en las encuestas, abandonado por muchos de sus fieles y zarandeado por los números, ahora tendrá que demostrar cuál es su verdadera postura en el tema de la tolerancia y las libertades. Si nos vamos a guiar por lo que está ocurriendo en RTVE, con la cancelación del programa Carne Cruda como último ejemplo, los augurios no son muy buenos.

Habrá que ver hacia dónde nos conducen los refrescantes y urgentes vientos de septiembre…

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