El nanodóping, un paso más cerca

Les propongo apelar por un momento a la imaginación, porque aunque se intente explicar, es casi imposible enseñarlo gráficamente. El desafío es construir un tejido humano -muscular, nervioso, cardíaco, arterial…- que incorpore en su interior nanocables (es decir, cables cuyo tamaño es un millón de veces más fino que un milímetro) y transistores, lo cual permitiría “comunicarse” con esas células desde el exterior del cuerpo humano. ¿Me siguen?

El ingenio, bautizado tejido cyborg por sus inventores, científicos de la Universidad de Harvard, se construye a partir de un armazón hecho con colágeno humano al que se le agrega por un lado las células del tejido específico; y por otro, un segundo “andamio” de nanocables y transistores. Las pruebas realizadas demuestran que los tejidos crecen con total normalidad; de hecho, los investigadores han logrado fabricar un vaso sanguíneo de 1,5 cm de largo.

¿Y cuál sería su utilidad? El cyborg podría servir para avisar de alteraciones en la circulación sanguínea o de problemas en el ritmo del corazón, pero también, por ejemplo, para darse un “chute” de adrenalina, cuando alguien -por ejemplo, un deportista- lo considere necesario. Todo manejado con un joystick, como si el propio cuerpo fuera un videojuego.

Por cierto, la palabra inglesa utilizada para nombrar el armazón es scaffold. Su otra acepción es patíbulo…

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