Engaña que algo queda (Diálogos 8)

I.

– Con Esperanza no solo se nos va una política de primer nivel, también toda una heroína.
– Bueno, tampoco te pases, ¿no?
– ¡Cómo que no! Acuérdate de la caída del helicóptero, de cuando salió a gatas en la matanza aquella de Bombay, de cómo superó en un par de semanas la operación de cáncer… Superwoman total.
– El helicóptero y la operación, valen… Pero lo de Bombay…
– ¿Qué quieres decir?
– Que quizás las cosas no hayan sido como se contaron. Bombay está muy lejos, aquello era un caos… Era fácil montar una de cow-boys para agrandar la leyenda.
– A ver, si sabes algo suéltalo porque no te entiendo. ¿O es que acaso Esperanza no estaba en Bombay aquel día?
– En Bombay sí, pero en el hotel… Acuérdate que ella llegó al aeropuerto antes que nadie y fue la primera en volver a Madrid con las sandalias y aquellos calcetines ridículos. El hotel del atentado está muy lejos del aeropuerto, y la ciudad se convirtió en un caos de tráfico después del tiroteo. ¿Por qué ella pudo llegar y los demás no? Quizás porque ella estaba más cerca. Como andaba de reuniones pudo ocurrir que el follón no la pillara en el hotel.
– ¿Estás sugiriendo que se inventaron toda aquella historia de la salida a gatas?
– Noooo… ¡Dios me libre! Estoy sugiriendo que tú, que conoces gente que participó en aquel viaje, investigues… Siempre que no te importe manchar la historia de tu heorína, claro.

(El sorpresivo adiós de Esperanza Aguirre sirvió para remover sus historias entre algunos viejos militantes del PP madrileño).

– – – – – – – – – – – – – – – – –

II.

– Debería buscarme un curro en el negocio de los automóviles. Debe de ser el único que cada dos por tres recibe algún plan para mejorar las ventas. ¿Ahora se viene otro, no?
– Eso dicen. Pero no sé si servirá de algo, y si la gente se entera de lo que pasó con ese Plan 2000 de hace unos años, directamente no servirá para nada.
– ¿Por qué? ¿Qué pasó?
– ¿Ves? Tú tampoco te has enterado. Es que hacen lo que quieren con nosotros… Pues que aquella famosa ayuda que te daban para comprar un coche nuevo después la tenías que declarar en el IRPF como retribución en especies, y claro, al final se te quedaba en nada. Y si con un poco de mala suerte ese “ingreso” te hacía saltar de tramo y tributar a un tipo más alto, ya ni te cuento.
– ¿Pero y eso no lo ponía en las condiciones?
– No. Ni en la letra pequeña. La gente se enteró al año siguiente, cuando recibió el borrador de la declaración de la renta. Un cachondeo. Pero es lo que te digo: hacen lo que quieren con nosotros. Y si además nos dejamos engañar tan fácil y no reaccionamos, pues pasa lo que pasa.

(Los bares de los polígonos industriales en torno a Madrid son un buen lugar para pulsar lo que piensa la gente del comercio).

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