¿Virus FIFA? No, virus business

Pedro se queja de un golpe en el partido España-Francia

La letanía se repite casi en cada fecha destinada a los partidos de selecciones nacionales. Cuatro días después del último vuelven las Ligas, y con ella, el consabido recuento de daños y perjuicios reclamados por los entrenadores (no todos, por supuesto, pero sí muchos de los que poseen los altavoces más potentes), que se sienten afectados por lo que alguien bautizó, en mi opinión con escaso acierto, como “Virus FIFA”.

En esta ocasión, además, como el club con mayor número de bajas es el Real Madrid, el tema ya adquiere carácter de “cuestión de Estado”. Y se vuelve a discutir si la confección del calendario internacional es la más adecuada, si es justo que los clubes, dueños de los derechos de los futbolistas y pagadores de sus millonarias fichas, se queden sin su participación durante el tiempo que demande la recuperación de una lesión producida fuera de la actividad del propio club, etc., etc.

La discusión viene de lejos, y aunque en su día la FIFA intentó remediarla con la unificación de fechas a nivel mundial, ya quedó demostrado que solo fue un paño caliente. Tal vez, porque lo que subyace en el fondo es una equivocada interpretación –la visión es generosa- de dos cuestiones que son parte inherente del fútbol, ya sea que se lo tome como juego, deporte de élite o negocio: las lesiones y las selecciones nacionales.

Los padecimientos físicos de los protagonistas son inseparables de cualquier actividad corporal. Hay lesiones y accidentes. Siempre las hubo y las habrá. En el caso del fútbol, cada temporada pueden contarse por centenares los daños musculares, articulares o de cualquier otro tipo producido en los entrenamientos, partidillos informales, la calle o el baño del hotel de concentración. Resultan inevitables, y algún día habrá que entender que no guardan relación directa con ninguna otra cosa que no sean la acumulación de esfuerzos, la tensión excesiva, la obligatoriedad de responder con resultados a las expectativas y, por supuesto, la mala suerte. ¿Que ese sobreesfuerzo al que son sometidos los cuerpos de los futbolistas se expresa con más facilidad en la semana de calendario internacional? En algunos casos es posible, aunque el insignificante porcentaje de lastimados en relación al número de jugadores que se desplazan por el mundo en estas fechas desmiente que se trate de un hecho generalizado. Aceptemos sí que los viajes prolongados, los cambios de horario, de clima y hasta de sistemas de entrenamiento pueden acelerar una lesión en un organismo ya predispuesto a padecerla, pero por favor, sin exageraciones.

La desenfocada visión con que se mira a las selecciones nacionales cuando sus partidos obligan a interrumpir las Ligas, es el otro punto a tener en cuenta. Los mismos jugadores, entrenadores y periodistas que “mueren” por jugar/entrenar/ver ganar al equipo de su país discuten la oportunidad de estos partidos y algunos sugieren que toda la actividad “de Selección” se agrupe en una época concreta de la temporada, para no afectar tanto a los clubes.

La FIFA, hasta ahora, ha hecho oídos sordos a tales consejos por dos razones muy sencillas. Una es el respeto a un componente básico de la pasión que despierte el fútbol: la identificación del hincha con el color de la camiseta de su respectivo país.

Hinchada argentina

Se puede discutir si se trata de un amor primitivo, tribal, casi prehistórico, y el valor de sus consecuencias como exacerbación de nacionalismos y producción de rivalidades. Pero está ahí. Existe y es impensable aparcarlo durante diez meses al año.

La otra razón es puramente pragmática. El fútbol de selecciones es la usina de negocios de la FIFA, así como las Ligas, las Copas nacionales y los torneos continentales lo son para los clubes, y es impensable que se ponga en funcionamiento solo una vez al año.

Y aquí, por fin, llegamos al meollo de la cuestión. El virus que provoca las quejas de los entrenadores y de la prensa adicta/hincha no reside en Zurich, está expandido por todo el planeta, y en inglés le llaman business. El día que alguien descubrió que este juego portuario y callejero era una máquina incesante de generar dinero, todo lo demás empezó a quedar en segundo plano. Empezando por el cuidado del físico de los protagonistas. Y nadie esconde que así sea ni nadie pelea o discute en serio para que esto no suceda. Todos los integrantes del circo –jugadores, entrenadores, periodistas, hinchas, patrocinadores…- conocen de antemano las reglas, y si aceptan participar es porque las admiten.

Entonces no ha lugar a las protestas. Habrá quien argumente que las quejas de los entrenadores y clubes que puntualmente se sientan perjudicados; y la letanía reiterativa de la prensa/hincha también son parte del juego. Puede ser, pero aburren mucho.

Feliz retorno a la Liga…

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