El Editorial: Cuestiones de imagen

“Una imagen vale más que mil palabras”.

Hay frases que si sus autores hubiesen registrado en el momento de lanzarlas, sin dudas les hubieran reportado beneficios más suculentos que la compra-venta de Bonos del Estado que practican los bancos españoles (para quien no lo sepa, comprarlos al BCE al 1% de interés y venderlos al Estado al 4, al 5 o al 6%, según los vaivenes del mercado).

Quien se haya inventado la frase que abre esta columna es uno de esos casos. Pero además de perderse un dineral, y provocar que los fotorreporteros ganen más dinero que los cronistas por hacer básicamente el mismo trabajo, sentó las bases para justificar una tendencia perversa: aquella que indica que la imagen debe prevalecer por encima de la realidad, es decir, que sea más importante la forma que el fondo de las cosas.

Huelga general del 29 de marzo de 2012

La reflexión viene a cuenta porque la primera reacción que tuvo Mariano Rajoy para referirse a la huelga general convocada para el 14 de noviembre, la segunda contra su Gobierno en menos de un año de mandato, fue preocuparse por la mala imagen que España proyectaría hacia el exterior. Bueno, para ser rigurosos, también dijo que no ayudaría en nada (la huelga) a mejorar la situación económica española. Pero esta última es tan de Perogrullo, tan para consumo fácil de sus huestes de adláteres, que casi no merecería comentario. Aunque por la dudas, habrá que aclarar que las medidas de fuerza nunca pretenden mejorar una situación per se, sino forzar a que la cambie quien tiene la autoridad para hacerlo, en este caso, nuestro “misterioso” (el calificativo es de The Economist) habitante de la Moncloa.

Que a nadie le guste que le hagan una huelga es otra perogrullada, pero lo importante en estos casos es el análisis de los porqués y los paraqués, cuestiones que no parece que el actual Gobierno se plantee estudiar a fondo, convencido como está de que su camino es el correcto, además del único posible.

En estos días, por otra parte, sus convicciones se han visto reforzadas. Hace dos meses que se viene dando por hecho que España está abocada a pedir un segundo rescate financiero, que sería el primero a “nivel país”, porque el otro ha sido disfrazado como salvamento a la banca.

Cierre de la campaña electoral del PP en Galicia.

Rajoy había marcado la fecha de hoy como la primera a la que se debía llegar sin cumplir con ese pronóstico, porque el pedido podía comprometer, y mucho, las opciones del PP de repetir mayoría absoluta en Galicia. Y hoy los gallegos (y los vascos, pero allí el PP se juega menos) votan sin rescate sobre la mesa, y en Moncloa esperan confiados un triunfo que podrán exhibir como respaldo a sus políticas (otra vez la imagen, ¡ay, la imagen!).

Artur Mas le planteó una segunda fecha clave, el 25N, con el telón independentista de fondo. Y ahora la huelga general le coloca un plazo intermedio, diez días antes. Rajoy, que es un corredor de fondo, un señor oscuro y sin ninguna clase de carisma que hace de su espíritu inescrutable una virtud, seguramente ni se habrá despeinado. Si este viernes despachó su claro tropiezo en la cumbre europea quitándole trascendencia a la “pérdida” de 40.000 millones de euros, mucho menos le alterará el pulso una huelga general. (Aclaración necesaria, dichos 40.000 millones eran los que pensaba ingresar España vía recapitalización directa de los bancos, es decir, que fueran del BCE a la banca sin convertirse en deuda soberana del país, posibilidad a la que Angela Merkel cerró la puerta de manera abrupta el pasado jueves).

Pero volvamos a la huelga, porque tal vez a Rajoy este asunto acabe preocupándole más de lo que piensa. Las últimas dos experiencias al respecto, septiembre de 2010 al Gobierno socialista y marzo de este año, invitan al Gobierno a tomar las cosas con calma. Ambas convocatorias tuvieron más la sensación de un compromiso inevitable para los sindicatos que una verdadera vocación de protesta. Así, su seguimiento fue desparejo, y sus resultados, nulos.

¿Ha cambiado algo de cara al 14N como para esperar un comportamiento distinto? Definitivamente, sí. Varias cosas han cambiado.

Empleados públicos protestan frente a Nuevos Ministerios, en el Paseo de la Castellana (Madrid).

En primer lugar, desde julio se vive una auténtica rebelión en el sector público, con manifestaciones diarias y un run-run permanente en sectores tan poco proclives a la protesta como la Justicia o los claustros universitarios. Pero además, esta huelga no viene movilizada de arriba abajo. No es una decisión desganada de las criticadas y desprestigiadas cúpulas de los sindicatos mayoritarios, sino un pedido de las bases. Es una huelga nacida en los comités de empresa y no en las sedes de UGT y CCOO. Pero además, es una huelga impulsada desde las empresas del transporte público, que como se sabe, tienen las llaves del éxito en cualquier medida de este tipo. Y está firmemente apoyada por sindicatos de clase media, como el que agrupa a la mayoría de los empleados administrativos de la función pública.

Es decir, que su seguimiento será sin duda mucho más masivo que en marzo pasado. Otra cosa será que logre girar en algún grado el férreo timón de Rajoy, pero si esto ocurre, si la huelga paraliza el país y el Gobierno mantiene su postura de no sabe/no contesta, ya sabrá a qué atenerse. Y sus dos citas siguientes son las elecciones catalanes y la decisión de revalorizar o no este año las pensiones de acuerdo al índice de inflación, una medida que cuesta 4.000 millones de euros, pero sobre todo tiene un valor simbólico que no se le pasará por algo a un Ejecutivo tan sensible a las cuestiones de imagen.

Y como de imágenes hablamos, no se debe pasar por algo, una de la que debería tomar nota Artur Mas. Que en el último Consejo de Europa el affaire Catalunya no haya merecido ni siquiera la categoría de “tema de conversación” tal vez necesite una reflexión por parte del Presidente de la Generalitat. Ya se sabe que en estos asuntos, los vientos cambian muy rápido, al calor de los intereses y los billetes de banco, pero quizás, y solo quizás, en Europa no estén esperando con los brazos abiertos la llegada de un nuevo Estado escindido de España, o al menos no en la medida que le gustaría al candidato de CiU.

Pero esta puede ser una percepción equivocada. Ya se sabe que las imágenes son muy engañosas… aunque haya quienes crean que valen más que mil palabras.

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