Fútbol y evasión de impuestos: los estafadores nunca se embarran

Coutinho y Pelé, en un partido del Santos

El binomio fútbol-impuestos es una pareja ofensiva tan letal como pudieron ser en su día Pelé-Coutinho, Eusebio-Coluna, Maradona-Careca o Butragueño-Hugo Sánchez. Cada tanto aparecen aquí y allá denuncias sobre opacas operaciones fiscales que implican a clubes, futbolistas, empresarios y dirigentes cuyo único objetivo al realizarlas es reducir las cargas impositivas sobre sueldos, fichas o transferencias varias veces millonarias.

Hablamos de complejas maniobras contables que incluyen, entre otras, triangulaciones en los pases a través de clubes situados en países de fiscalidad más laxa en relación a los participantes en el traspaso, como pueden ser el Locarno en Suiza; el Bella Vista o el Sud América en Uruguay; o el Unión San Felipe en Chile; la creación y posterior venta de empresas fantasmas situadas paraísos fiscales; o directamente el cobro de dinero en bancos de países con normas impositivas “favorables”, tal como ocurrió con los jugadores de la Selección Española que pidieron depositar los premios por ganar Eurocopas o el Mundial en cuentas abiertas en Austria o Sudáfrica, es decir, alejadas del control de la Agencia Tributaria española.

Javier Mascherano y Xabi Alonso, en su etapa en el Liverpool inglés

La última noticia al respecto, bien fresquita, salpica al madridista Xabi Alonso y al barcelonista Javier Mascherano, quienes habrían creado sendas empresas en la zona franca de Madeira (sí, ahí donde nació Cristiano Ronaldo), a raíz de sus pases del Liverpool inglés al fútbol español.

Y más allá de la certidumbre o no del rumor, cabe preguntarse cuál es el grado de responsabilidad de los futbolistas en estas maniobras. Sin dudas, legalmente es alto. En definitiva, son ellos los que firman contratos, o la apertura y cierre de cuentas o de empresas. ¿Pero de verdad saben lo que firman? ¿Hasta dónde conocen las consecuencias? ¿En qué medida se plantean qué hay detrás de esos papeles?

No se trata de presentar aquí a los futbolistas como seres angelicales e ingenuos manejados por seres inescrupulosos que les obligan a rubricar negocios en los límites de la legalidad, entre otras cosas porque es imposible generalizar. Habrá quienes sepan lo que hacen. Pero sin lugar a ninguna duda son los menos.

El jugador de fútbol, por norma general, sabe de economía lo que la inmensa mayoría de la población: poco y nada. En un porcentaje abrumadoramente mayoritario, proviene de entornos modestos, muy alejados del mundo de las finanzas, y su nivel de estudios rara vez alcanza el nivel terciario. Pero además, y aunque así fuese, cuando su carrera comienza a despuntar y el dinero empieza a fluir, su juventud le impediría conocer los entresijos de un universo que tampoco le interesa, más allá de saber que su cuenta de ahorros va creciendo y su poder adquisitivo le va permitiendo lujos, caprichos, coches deportivos y casas cada vez más grandes.

Así es que aparecen en escena los verdaderos protagonistas de estos sucesos económicopoliciales: agentes, representantes, administradores y demás personajes que se ocupan de atender todas las necesidades del futbolista una vez que sale del vestuario. Ignasi Maestre Casanovas es el último nombre surgido de estas cavernas, ya que aparece como presunto responsable de los manejos financieros de Alonso y Mascherano. Pero la lista es larga; las trampas, muchas; y la impunidad, prácticamente una norma.

Hace algunos meses, la AFIP, equivalente argentino de la Agencia Tributaria, intentó destapar los múltiples fraudes que se esconden bajo las alfombras de las transferencias de futbolistas. Hubo denuncias, amenazas, incluso un intento de frenar el comienzo del torneo, pero por ahora todo sigue igual. El fútbol es una vaca que amamanta a millones de personas y en el que participan grandes emporios inversores a través de la publicidad, el patrocinio, los medios de comunicación, el merchandising, etc., etc. Puede caer algún chivo expiatorio de cuando en cuando, pero la pelota debe seguir rodando. Siempre.

Estas personas, ya sean físicas o jurídicas, tienen por norma tomarse muy a pecho el mandato de exprimir al máximo las posibilidades de obtención de beneficios de sus clientes, entre otras cosas, porque en muchas de las operaciones cobran jugosas comisiones que elevan sus propios patrimonios. Y los futbolistas, o sus padres o sus tíos o quienes sean las personas de confianza que contratan los servicios del “experto”, se entregan de cuerpo y alma a sus decisiones. Tampoco tienen muchas más salidas.

A medias entre la inconsciencia y la ignorancia; la indiferencia y el alejamiento de la realidad que brinda una vida que tiende a encapsularlos en una burbuja en la medida que crecen la fama y los millones, parece normal que acepten los “buenos consejos” de quienes teóricamente defienden sus intereses y actúan para asegurar al futbolista, a su familia y a su descendencia, el mejor futuro económico posible una vez que cuelgue los botines.

¿Que eso puede convertirles en evasores fiscales? ¿Que es reprobable desde el punto de vista ético? Seguramente serán acusaciones que les sonarán a chino básico. A ellos, pero también a sus fans, que les pedirán cuenta mucho antes por un penalty fallado en un partido clave que por el rendimiento de sus impuestos.

Andrés Iniesta en la última Eurocopa. Foto: AP/John Suber

Algo de eso ocurrió cuando le preguntaron a Andrés Iniesta por el tema del país donde se cobrarían los premios por la última Eurocopa ganada por España o por una presunta donación de los mismos a causas sociales. Ni sabía de qué le hablaban. Iniesta, como Alonso, Mascherano y casi todos los demás, sigue el dictado de sus asesores financieros. Su preocupación es cuidarse, entrenar, mejorar y ganar.

¿Que podrían preocuparse algo más por el manejo de sus dineros? Por supuesto. Pero eso es tan cierto como que su ignorancia en estos temas les convierte en personas muy fáciles de convencer. Entonces firman transferencias extrañas y contratos opacos, papeles que, tal como nos sucede a la mayoría al descargar un programa en internet, contienen cláusulas infinitas e incomprensibles para el común de los mortales. Hacen click en Acepto, como hacemos todos, y se dejan llevar.

Entonces, apuntarles a ellos como miserables delincuentes que evaden impuestos es cuanto menos un acto de demagogia ventajista. Los futbolistas son los que salen a la cancha, los monos que alimentan el circo. Los estafadores están en otra parte, en lugares donde nunca se van a embarrar los pantalones.

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