La Entrevista: Ramón Larramendi

“EL MUNDO DEL ÁRTICO ES HISTORIA, YA NO EXISTE”

– Lleva recorridos decenas de miles de kilómetros en el Ártico y la Antártida,
muchos de ellos en absoluta soledad.
– Después de más de 20 años recorriendo los puntos extremos del planeta, su voz es la más autorizada para valorar los cambios que sufren los Polos de la Tierra.

Ramón Larramendi

Ramón Larramendi jura que nunca le dejaron encerrado en un frigorífico, y que de pequeño nadie le sumergió en una marmita con hielo, como le ocurrió a Obelix. Y sin embargo, uno sospecha que algo de eso hubo…

“No sé, puede ser. A mí las regiones polares me han atraído desde niño, por lo que tienen de misteriosas. Cuanto tú miras un atlas, ves al norte y al sur dos zonas gigantescas, de dimensiones extraordinarias, totalmente en blanco. De ellas no hay información, no se oye nada, es como si no existieran, como si ahí hubiera un vacío. Representan un territorio salvaje e inhóspito como no hay otro en el mundo. Y eso siempre me ha fascinado”.

Su explicación hace que el enorme oso polar que saluda a los visitantes de su oficina en Madrid deje de ser sorprendente. Y lo sea menos aun cuando se recuerda que hablamos con el hombre que realizó la travesía no mecanizada más larga de la historia: la Expedición Circumpolar, 14.000 kilómetros en 3 años, desde Groenlandia a Alaska, además de recorrer otros 3.500 kilómetros en la Antártida hace apenas unos meses.

A un viajero de aventuras tiene que fascinarle el misterio, ¿no? Es fundamental, para que te motive a moverte, a descubrir, a explorar algo que no conoces o te cuesta comprender del todo.

¿Y se llegan a comprender los polos después de tantos años vagando por ellos? Son como un planeta aparte. Yo lo comparo con un viaje a la Luna o a Marte. Entras en un mundo, el del frío, con leyes y normas diferentes, al que debes adaptarte porque no tiene nada que ver con lo que estás acostumbrado. Para comprenderlo me ha sido muy útil viajar con inuit y con esquimales, porque entiendes su cosmovisión, la percepción diferente que tienen de los elementos, y que les hace sentir en su medio. Antes de conocerlas, yo soñaba con esas extensiones vacías. Hoy, después de haber estado viajando y viviendo allí, ya sé lo que hay y una parte del misterio ha desaparecido, pero sigo sintiendo la misma fascinación por la enormidad, y me siento como en casa.

En esas soledades, con esos silencios, uno imagina una vida introspectiva, casi ermitaña. Introspectiva sí, pero ermitaña en absoluto. Evidentemente, la soledad no debe importarte. Tú sabes que muchas veces estás solo, y que en cientos e incluso miles de kilómetros a la redonda no hay otro ser humano. Es una sensación apabullante, que impresiona. En el Ártico el exterior te aporta muy poco, más bien te roba, porque es duro, hostil, y tú tienes que ser tu propio motor. Además, una expedición polar no dura unos días sino meses, y la introspección es inevitable. Pero no hay que ser un ermitaño, sólo tienes que sentir la llamada del misterio del gran desierto blanco.

¿Ha vuelto cambiado de cada uno de sus viajes? Te cambian, pero son entornos tan brutalmente diferentes, con normas tan distintas, que lo que sacas de positivo en uno no tiene por qué aportarte nada en el otro. En nuestro mundo cotidiano siempre tiendes a estar muy ocupado hacia afuera, agobiado con muchas cosas sin saber para qué estás tan ocupado ni con tanta prisa ni muchas veces en qué dirección estás yendo. Allí todo es calmado, despacio, con tiempo para entrar en ti mismo y ver las cosas con otra perspectiva. Otro planeta…

¿Todo el mundo está hecho para pasar largas temporadas de introspección? Sin dudas. Otra cosa es que lo hagas voluntariamente y sea una parte importante de tu vida. Pero las armas para pasar por eso las tenemos todos.

Los mapas de Islandia o Groenlandia decoran las paredes de un despacho que, por suerte, está bien calefaccionado, pero el frío no deja de colarse por las rendijas de los cuadros, las fotos, los libros y las palabras.

El deshielo se acelera cada año en el Ártico

¿Ha cambiado mucho el Ártico en los últimos años? Muchísimo. El mundo que era ya no existe, es historia, la modernización está casi terminada, y a eso hay que sumarle el factor climático. Hoy sería totalmente imposible repetir la Expedición Circumpolar, porque en muchas zonas por las que pasé en trineo de perros la capa de hielo se ha adelgazado de tal manera que ya no se puede cruzar. ¡Y fue hace apenas 20 años!

¿Cómo viven la transformación los pobladores locales? Con un montón de problemas sociales, que no son básicos, porque nadie se muere de hambre en el Ártico y todos tienen una casa donde vivir, pero que no dejan de ser problemas graves, como una de las tasas de suicidios más altas del mundo, alcoholismo, aculturación, pérdida de raíces… El mundo tradicional de los inuit se está desvaneciendo a marchas forzadas, y solo quedan pequeñas zonas donde mantienen un poco de fuerza. Aunque es necesario aclarar que sería grotesco comparar su situación con las tribus del Amazonas o de África: los inuit están infinitamente mejor, porque son pocos individuos en unas extensiones con grandes recursos naturales y porque dependen directamente de países del Primer Mundo.

Tiene que ser duro ver cómo tu mundo se va derritiendo, literalmente. En Groenlandia sucede algo paradójico. Las comunidades que todavía se dedican a cazar y pescar están muy afectadas, porque los cambios en las corrientes marinas modifican el tipo de clima -más húmedo que antes-, y el comportamiento de algunos animales. Determinados tipos de peces, o las focas, dejan de pasar por un lado para hacerlo por otros. Esto influye directamente sobre las comunidades del norte y hace que el país sostenga el discurso de ser el más damnificado por el cambio climático. Pero por otro lado, y aunque es políticamente incorrecto, la gente sabe que cada año que pasa es más fácil y más cercano explotar los enormes recursos minerales y petrolíferos del Ártico, y Groenlandia, que se independizará de Dinamarca en 2021, será el país más beneficiado del mundo con el cambio climático. No se dice, pero allí todos hacen cuentas pensando en eso.

Tierras Polares, la empresa de Ramón Larramendi, organiza viajes a todos los puntos fríos del planeta, ya sea el norte o el sur, Kamchatka o la Antártida, con un factor en común: sus periplos son silenciosos, naturales, intentando generar el menor impacto posible sobre el ambiente y la gente que allí vive. En definitiva, un turismo responsable.

“El turismo en sí es neutro, no necesariamente malo ni bueno. Si es masificado puede ser un horror, pero de otro modo es una fuente potencial de empleo, y tiene la capacidad de ayudar a preservar muchas culturas tradicionales, motivar a que la gente las mantenga para mostrarlas. No es la situación ideal, pero puede ser menos mala que otras”.

Resulta difícil imaginar masas de turistas caminando por los polos.Por ahora, el aislamiento y la complejidad logística le brinda al Ártico una protección contra esa masificación. Levantar y mantener una infraestructura allí es demasiado costoso para ser amortizado en sólo dos meses de temporada.

Crucero a la Antártida

El turismo que está eclosionando es el de cruceros, la gente puede llegar hasta cualquier rincón del Ártico con un nivel de cinco estrellas, y se ven espectáculos que impresionan, como mil personas desembarcando en un poblado de 40 habitantes. Aunque por otro lado el impacto es muy pequeño, porque el crucero se detiene una hora y sigue su viaje.

Mientras no se produzcan los atascos que se dan en la subida al Everest. Todavía estamos lejos de ese nivel, pero todo indica que las cosas que parecían imposibles pronto son posibles. Hace 20 años nadie hubiera imaginado lo que ocurre en el Everest. De hecho, ya hay problemas de saturación en la Antártida porque hay muy pocos puntos de desembarco y demasiados cruceros que quieren atracar en pocos días. ¿Quién sabe cómo estarán los polos de aquí a 20 años?

Tal vez haya más colores que el blanco y el azul, que en algún momento deben cansar. Es verdad, en las zonas donde no hay ninguna variación, como la Antártida, sí que puede hacerse muy monótono. Pero le aseguro que en general el paisaje es bastante más rico, más complejo y mucho menos uniforme de lo que parece.

¿Qué sienten sus clientes cuando los lleva por primera vez al hielo? Que llegan a un mundo virgen, y nadie está acostumbrado a algo así, porque casi todos los entornos adonde podemos viajar están muy acotados por la mano del hombre. En cambio, en los polos nada está modificado, todo es salvaje, y lo que representa el hombre es insignificante. Esta majestuosidad de la naturaleza es lo primero que les llama la atención. He viajado con gente de todo tipo, algunos que nunca habían imaginado estar allí, y no he conocido a nadie que no le guste, tal vez porque de alguna manera nuestros orígenes están en ese paraíso perdido que todos añoramos.

Rodolfo Chisleanschi
(Publicado en la revista Paisajes. Abril 2011)

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