Cronicas sudamericanas: Historia de la fiesta mais grande do mundo

Carnaval-Río-2012

Brasil es muchas cosas: hermosas playas, caipirinha, fama de buen fútbol, alegría, y por supuesto, Carnaval.

Esta manifestación popular es mucho más que el desfile de carrozas alegóricas y animosos disfrazados. Cada pueblo, cada localidad, convierte los días de Carnaval en pura festividad dándole su propia impronta, si bien los más famosos son los de Río de Janeiro, Salvador de Bahía y Sao Paulo.

El Carnaval es un elemento central en la construcción de la identidad de  la sociedad brasileña, uno de los pilares de la compleja integración racial, social y cultural del país. La carga identitaria del brasileño con esta fiesta pagana es mucho mayor inclusive que la que tienen con el Día de la Independencia de su país, que se celebra cada 7 de septiembre.

Abrir las puertas de la Historia permitirá comprender mejor este fenómeno. La tradición carnavalera comenzó a formarse en Brasil a principios del siglo XVI, con la llegada de los inmigrantes portugueses. Fue en Pernambuco donde arraigó una forma de fiesta llamada entrudo, que sucedía en los días previos a la Cuaresma.

Limões de cheiro. Jean-Baptiste Debret, 1823.

Limões de cheiro. Jean-Baptiste Debret, 1823.

El entrudo consistía en una batalla campal de todos contra todos, armados con cascarones de huevo rellenos de harina o de hollín, o con los elegantemente llamados “limones de olor”, que no eran otra cosa que limones rellenos con agua más orina y otras sustancias igual de escatológicas.

En 1841, pese a que el Emperador era afecto a estas batallas festivas, las autoridades prohibieron el entrudo en Río de Janeiro.

La prohibición obligó a un ordenamiento logístico que de inmediato registró un impacto estético. En 1852 se incorpora el primer grupo de percusionistas y en 1855 se inicia la Formación de Clubes Carnavalescos, donde aparece el mestre (maestro) que dirigía la percusión (hoy batería), y era suficiente el sonido de un pitido para conducir así a decenas de cantantes, bailarines, payasos, calaveras, diablos, reyes, reinas, sargentos, bahianas, indios y cuanto personaje integrase el contingente, también llamado Formación.

Musicalmente, la evolución del Carnaval se inició con los tambores portugueses y la incorporación de las percusiones africanas, pero también, y casi de manera simultánea, con la asimilación de las manifestaciones musicales centroeuropeas de la época, cuyo ritmo animado fue compatible con el espíritu afrobrasileño. Tal fue el caso de la polca, que poco tiempo después de su llegada en 1844 entró en la sociedad local y se convirtió en la base de la música urbana brasileña. La polca, fusionada con las herencias americanas y africanas, trajo como correlato la creación del choro, el maxixe, el frevo, y por supuesto, el samba, los pilares fundamentales y fundacionales de lo que hoy se llama MPB (Música Popular Brasileña). Con ellos, la batería, las guitarras, las flautas, los cavaquinhos y el clarinete pasaron a ser instrumentos infaltables de los carnavales y sus Formaciones.

En 1907, la sociedad tuvo una mutación que sería definitiva en la conformación de lo que hoy es el carnaval brasileño. Ese año, el Gobierno decidió abrir avenidas modernas en Río de Janeiro. Con ello hizo su entrada en la escena cotidiana el automóvil, cuya versión descapotada recibió el nombre de corso.

O corso.

O corso.

El día de la inauguración de la Avenida Central, hoy Río Branco, las hijas del presidente Afonso Pena hicieron el trayecto en un carro abierto. A partir de ese momento los ricos decidieron que esa era la manera “fina” de ir por la vida. El corso se incorporó al Carnaval y, a la larga, se convirtió en el carro alegórico.

En la década de 1920, las marchas de Carnaval, llamadas marchinhas; el frevo, ritmo pernambucano por excelencia, y el samba se convierten en sinónimo de la fiesta. En 1932 tuvo lugar el primer desfile extraoficial; y en 1935 se realizó el primero oficial en la Plaza Once. En la década de 1960, el samba adquiere predominancia sobre el frevo y las marchinhas. Fue en esa coyuntura que se generalizó el término escola do samba. En la actualidad, desde la década de los 90, se vive la transición entre el samba como base musical del enredo de Carnaval y el ritmo bahiano conocido como axé.

La importancia de la escola como institución informal es mayúscula. No sólo por cuanto significa en el contexto del Carnaval, sino también por su trascendental repercusión en la formación e Historia de la cultura popular y musical de Brasil.

Funk de favela. Foto: Vincent Rosenblatt.

Funk de favela. Foto: Vincent Rosenblatt.

Las escolas do samba y el samba son el resumen de muchas generaciones y de la yuxtaposición de géneros musicales. Hoy día sobre esa misma huella se generan las manifestaciones musicales de las favelas contemporáneas, que aún cargan con un muy fuerte estigma de clase. El ejemplo más evidente es la diversidad de ritmos agrupados en el término funk, género característico de los bailes multitudinarios celebrados en los barrios marginales de Río de Janeiro, bajo el auspicio ya no de las mafias de la lotería paralela llamada jogo do bicho (juego del animal), sino de las mafias del narcotráfico.

En el norte, en el sur o en el centro del país. En una gran ciudad o en un pueblo alejado. No importa en qué punto se encuentre. Si se está en Brasil durante estos días de Carnaval seguramente disfrutará de compartir la alegría por vivir una fiesta diferente a todas las demás.

Jorge Ricci

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