La encrucijada del socialismo europeo

Este vídeo con las palabras de Beatriz Talegón, responsable de las Juventudes Socialistas de España, durante el congreso de la Unión Internacional de Juventudes Socialistas celebrado la semana pasada en Cascais, ha comenzado a rodar con gran éxito por las redes sociales.

No porque diga algo nuevo o extraordinario, sino porque lo ha expresado sin tapujos en un foro internacional de un partido -o una suma de partidos- que parecen haber perdido su brújula y sus objetivos hace ya demasiado tiempo. Y es intachable su discurso e inobjetables son sus reivindicaciones.

iusyLa única duda, el único cuestionamiento que tal vez quepa hacerle es si ha escogido el ámbito adecuado. Porque el socialismo europeo, derivado en socialdemocracia ya desde los comienzos del Estado del Bienestar, parece haber perdido por diferentes razones su condición de espacio reivindicativo. Lo ha perdido porque sus dirigentes se han ido acomodando -cuando no vendiendo- al imperio de la banca y las grandes corporaciones. Lo ha perdido al convertirse en el instrumento light y de cara amable de la transferencia de renta desde las clases trabajadoras a las clases altas. Lo ha perdido con cada caso de corrupción surgido en sus filas. Lo ha perdido con su indisimulable estímulo a la anestesia general y al consumo fácil, que es como hablar de dos caras de una misma moneda.

Pero sobre todo, lo ha perdido porque su tiempo parece irremediablemente pasado. La socialdemocracia, el rostro suave del capitalismo, solo es posible en la abundancia, cuando existen plusvalías que repartir, y con ellas es posible revestir con medidas sociales -indudablemente positivas y constructivas- el mantenimiento de un sistema que tiende per se a incrementar más y más las diferencias de clase.

En tiempos difíciles como los actuales y los que vendrán, sin superávits en las cuentas ni reservas en los bancos, se necesita mucho más de lo que hasta hoy ha dado el socialismo a Europa. Más profundidad en los cambios, más control de los Estados, más transparencia en la acción, más compromiso y cercanía con los electores, más movilización permanente de la sociedad. Y también menos. Menos complacencia y connivencia con los poderes económicos, menos politiqueo y dependencia del siguiente resultado electoral, menos aferramiento a los puestos…

¿Está el actual socialismo europeo en condiciones de responder a estas necesidades? ¿Puede refundarse de tal manera como para convertirse en lo que hace muchas décadas dejó de ser, si es que lo fue alguna vez? Si alberga en su seno muchas Beatriz Talegón quizás sí. Pero en tal caso se escoraría tanto a la izquierda que casi convendría más una unión con el resto de las fuerzas que propugnan cambios de fondo en un sistema que naufraga. ¿Es útil entonces gastar las energías en renovar una socialdemocracia muerta por sus propios errores y atropellada por la evolución de los tiempos?

El socialismo europeo -en unos países más que en otros, por supuesto- representa cada día más una opción vieja, casi anacrónica. Fue útil y necesario, y valió para arrancar muchas de las conquistas sociales de las que hoy disfruta el continente y que vamos perdiendo de manera constante. Pero agoniza. Y sus militantes más jóvenes, todas las Beatriz Talegón con la potencia, el descaro y las ideas necesarias para abrigar una transformación, deberían pensar bien si no sería preferible alumbrar un movimiento con toda la energía de lo nuevo antes que intentar la reanimación de un paciente en coma.

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