El Editorial del Domingo: El satánico Dr. NO

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La palabra NO encierra en sus dos modestas letras una muy amplia gama de conceptos y matices. Se dice que NO para negar la existencia de algo, o la autoría de un hecho. Se cree que NO se elige cerrar los ojos ante realidades evidentes para el resto de los mortales. Se establece un NO como barrera, como límite…

A partir de estas premisas se llega a una primera y muy rápida conclusión: la España de hoy vive regida por la premisa del NO. Y en ellas se pueden encontrar todos los tipos y variantes de negación. Dice que NO Iñaki Urdangarin, a quien solo le falta negar que conoce al Rey y a las Infantas. Dicen que NO desde el primero al último integrante del PP, que por negar han dejado de mencionar siquiera el nombre de Luis Bárcenas, como si mentarlo fuera a atraer todas las maldiciones del Averno. Dice que NO el teórico líder de la teórica principal fuerza de oposición durante el Debate sobre el Estado de la Nación, negándole credibilidad al Gobierno, aunque sin plantear medidas de auténtico calado en dirección contraria. Dice que NO buena parte de la ciudadanía en las calles, desafiando la nieve, el frío y el viento. Y dice que NO el Gobierno, desoyendo cualquier voz que provenga de fuera de su propio seno.

Claro que hay noes que suenan mejor que otros. Parece genuino el que emiten los manifestantes. Ayer no se vieron banderas partidarias ni sindicales en las diferentes concentraciones. Como tantas otras veces en estos años, los congregados fueron gente común, no militantes (más allá de que por supuesto también los habría, pero por libre, no agrupados bajo sus respectivos lemas y pancartas). Gente consciente de que se vive un tiempo injusto, que se les hace pagar crisis ajenas y estafas evidentes –aunque también se nieguen-, y protesta por ello, y pide giros de conducta y cambios que desde las alturas no se oyen o, llegado el caso, se tachan de “ataques a la democracia”, como sentenció Salvador Victoria, el número dos de la Comunidad de Madrid.

Todos los otros NO, en cambio, resultan discutibles, o menos creíbles, y más bien parecen el típico empecinamiento en tapar el sol con las manos.

Iñaki Urdangarin

Iñaki Urdangarin

Habrá que aguardar las decisiones del juez que lleva el caso, pero la estrategia de Iñaki Urdangarin para “salvar” la posición de la familia real en el juicio por los negocios del Instituto Nóos es, a los ojos de quien quiera verlo, casi una confirmación en sentido opuesto. Si la Casa del Rey pretende sostener su prestigio gracias a la palabra del ex jugador de balonmano está errando, y mucho, el tiro, lo que de paso demuestra la pérdida de facultades de sus integrantes, tan aficionados a la caza. Porque deberían saber que, a nivel de sus súbditos en el Reino, la palabra del ex Duque cotiza en el mercado peor que las acciones de Bankia, que ya es mucho decir.

Con su declaración del sábado, Urdangarin tal vez logre evitar que su esposa, o algún otro miembro de la familia, deba someterse a la humillación de pasar por el juzgado, pero ya nada les librará a todos de la sospecha de ser como mínimo cómplices de un desfalco millonario a las arcas del Estado. ¿A todos? No. Es muy llamativo cómo el Príncipe Felipe permanece ajeno al batifondo que se ha levantado a su alrededor. En ese punto se debe reconocer que los asesores reales se vienen manejando con mano izquierda: nada de lo que surge del ventilador de Diego Torres, el ex profesor, ex socio y ex amigo del (casi) ex Duque, salpica al heredero del trono.

En ese contexto, cabe preguntarse por qué el Rey Juan Carlos I no se deja aconsejar por Pere Navarro, el dirigente socialista catalán, y abdica, más aun teniendo en cuenta que su salud viene sufriendo achaques sucesivos desde el accidente de caza en Botswana. ¿Es una cuestión de responsabilidad, de no querer abandonar el barco en medio de la peor tormenta que vive la Monarquía española? ¿No confía en las condiciones de su hijo para llevar la nave al mejor puerto posible? ¿O tal vez no quiere perder el paraguas protector que le brinda el puesto, más allá del empeño de su yerno en desligarlo de sus actividades delictivas? Porque nadie puede suponer que Su Majestad resulte imputado en el caso Nóos, pero la inviolabilidad del blindaje siempre será mayor con la corona bien ceñida a la cabeza.

Tampoco a Mariano Rajoy se le ocurre abdicar. Y mucho menos después de haber superado con suma comodidad un Debate del Estado de la Nación que pintaba muy complicado para sus intereses. Es verdad que tiene poco mérito vencer a un cadáver político, pero insistentes como son los medios en presentar este paripé anual como un combate pugilístico entre los líderes del PP y el PSOE, no cabe duda que el Presidente tomó aire en el Congreso.

Alfredo Pérez Rubalcaba

Alfredo Pérez Rubalcaba

Ni siquiera el escándalo del caso Bárcenas les valió a los socialistas para recuperar algún punto del crédito perdido. Y a estas alturas cuesta vislumbrar dónde se encuentra el suelo de su debacle. La posición de las huestes que dirige Alfredo Pérez Rubalcaba es sencillamente incomprensible e inexplicable: pasa de la dureza más frontal a la blandura más viscosa en cuestión de horas, y lo mismo exige una dimisión inmediata como acepta un pacto de Estado.

Frente a semejante imagen de cometa a expensas de los vientos, al menos el Partido Popular exhibe cierta coherencia de movimiento. Y por ahora, con eso le vale para mantenerse en pie. ¿Hasta cuándo? Rajoy lo fía todo a una mejoría económica que tiene fecha de salida en el último trimestre de 2013. No son muy transparentes –como casi nada en torno al PP en estos tiempos- las bases para semejante vaticinio, pero a él se aferra. En definitiva, también la UE y el BCE auguran días más felices para el año que viene, y en ello poco tendrán que ver las medidas que pueda tomar el Gobierno a nivel local.

Las iniciativas anunciadas esta semana en apoyo al empleo juvenil irían en ese sentido: bajar las cifras del paro, aumentar las cotizaciones a la Seguridad Social, mejorar en definitiva las finanzas públicas. Pero he ahí el principal problema: aun dando por buenas las cifras de déficit que adelantó el Gobierno como cierre del 2012, este año España deberá seguir los caminos del ajuste según lo acordado con la UE. Y si es así, ¿quién y cómo sostendrá el crecimiento?

Cuesta creer que la recuperación del consumo llegue a través del camino de la depresión salarial, del incremento del número de pymes nacidas por obligación o de autónomos empobrecidos. Pero es la realidad distorsionada que se aprecia desde Moncloa. La otra, la de verdad, la que se vive y se manifiesta en las calles es sistemáticamente negada.

Tampoco cabe la sorpresa en un país donde nadie vio nada, nadie sabe nada, nadie pagó ni cobró nada, nadie se hace cargo de nada, nadie oye, nadie responde, nadie abdica, nadie dimite. Un país que recuerda a una de las primeras películas de James Bond, aquella en la que el agente inglés combatía contra el satánico Doctor NO.

Solo que aquí parece que ganó el Doctor.

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