Tod@s somos chin@s (1ª parte)

Juan Roig

Juan Roig

Hace exactamente un año y medio, Juan Roig, “insigne” presidente de Mercadona, los supermercados tantas veces mencionados como ejemplo de empresa bien gestionada para crecer en medio de la crisis, dijo la que tal vez sea su frase más célebre: “Tenemos que imitar la cultura del esfuerzo con la que trabajan los chinos en España”.

Visionario y empresario habilidoso y de pocos escrúpulos, Roig sabía bien lo que decía. En marzo de 2012 acababa de ser sancionada la última reforma laboral, comenzaba a hablarse tímidamente de los minijobs como opción para reducir unas cifras de desempleo que subían cada mes -aunque desde el Gobierno negaban que fuesen un objetivo a implantar-, y la economía española se asomaba al abismo de un posible rescate global, con la prima de riesgo por las nubes.

Ayer, en el programa LaSexta Noche, el inefable Paco Marhuenda, director de La Razón y cualificado vocero tanto de su jefe en dicho periódico, José Manuel Lara, dueño también de la cadena televisiva y del Grupo Planeta, como de la Moncloa, introdujo el tema durante una entrevista a Alberto Garzón, el joven diputado de Izquierda Unida por Málaga.

La respuesta de Garzón es impecable, pero como suele suceder en televisión, casi nunca se llega al fondo de la cuestión. A veces, ni siquiera a la superficie. El economista Santiago Niño Becerra, catedrático de la Universidad Ramón Llull de Barcelona, uno de los que anticipó la crisis y el alcance que tendría en todos los aspectos (con un altísimo índice de acierto), insiste en afirmar que el mercado de trabajo tiene dos graves problemas: 1) la oferta supera en mucho a la demanda; y 2) el trabajo, en sí mismo, ha perdido buena parte de su valor.

Con estas premisas y siguiendo las normas elementales de funcionamiento de la economía, es lógico que el mileurismo haya pasado de ser el piso del mercado laboral hace unos años a un sueño casi inalcanzable para la mayoría. CamarerosPero no es solo el nivel salarial -y los pagos complementarios, como ayudas por hijos, o por estudios, plus por antigüedad, etc.- lo que se ha reducido. Es en las condiciones de empleo donde quizás se encuentren las peores noticias de este nuevo modelo de relación laboral que, algún día, sin dudas reducirá las cifras del paro, pero que nos retrotraen a unas situaciones de precariedad y explotación que comienzan a acercarse peligrosamente a los tiempos anteriores a las Grandes Guerras.

Se deduce muy bien leyendo este artículo publicado hoy en El País, no casualmente centrado en el turismo, la industria que junto a las exportaciones está sosteniendo el delicado momento financiero que atraviesa España.

Una vez leído resulta muy sencillo cerrar el círculo, echar la vista atrás y recordar aquello que decía Juan Roig hace un año y medio. Porque sabía de lo que hablaba. Porque hoy ya tod@s somos chin@s. Solo que nosotr@s, no lo hemos elegido.

La contradicción fiscal de las empresas

Alberto GarzónAlberto Garzón, el joven diputado de IU por Málaga, publica en su blog un gráfico muy revelador. Se trata de la relación existente entre el volumen de ingresos de las empresas españolas y el Impuesto de Sociedades que pagan, en términos reales.

Para que se entienda, el Impuesto de Sociedades es del 30% sobre la base imponible en el régimen general, aunque baja al 25% en empresas de tamaño reducido. Esto, que implicaría una cierta progresividad del gravamen es lo teórico. Pero en la realidad, las múltiples desgravaciones a las que pueden acogerse las empresas -mayores a medida que aumenta el tamaño de estas- disminuyen dicha base y reducen el porcentaje del tributo. Es lo que se paga en términos reales.

Pues bien, el gráfico, con datos de 2010, revela que hay alrededor de un 6% de diferencia entre las empresas que facturan más y las que facturan menos, ¡pero en sentido inverso! Es decir, que pagan más impuestos las más pequeñas y menos, aquellas que tienen grandes volúmenes de ingreso. Algo así, como la progresividad fiscal, pero al revés.

Podríamos hablar de una curiosidad si no fuera porque el sistema está perfectamente diseñado para obtener estos resultados y beneficiar a los que cortan el bacalao. Nada sorprendente, pero que viene bien verlo reflejado de manera clara de vez en cuando.

Impuesto Sociedades