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¡¡¡GRACIAS!!!

Noel Barrionuevo y el grito de gol

Andrés Nocioni, Leo Gutiérrez y el festejo

Dos grupos ejemplares, dos equipos maravillosos e irrepetibles.
Por un lado Las Leonas del hockey sobre césped. Doce años de vigencia, sin bajarse del podio en JJOO y Mundiales desde el año 2000. Les falta el oro olímpico. Lo buscarán el viernes contra Holanda.

Por otro, La Generación Dorada. Diez años en la cima del baloncesto. Subcampeones del mundo 2002, oro en Atenas 2004, bronce en Pekín 2008, primer equipo de la historia en derrotar a una selección de la NBA norteamericana. Volverán a pelear por las medallas, volverán a estar entre los cuatro primeros. Ya no importa cómo acaben.

Dos ejemplos de compromiso, pasión por el deporte y amor por la camiseta. Los que lo viven de cerca y los que sufrimos desde lejos sólo podemos pronunciar una palabra:

¡¡¡Gracias!!!

Doping, otro eslabón en la cadena de la hipocresía

Hoy, que por fin se produjo el esperado debut del atleta sudafricano Oscar Pistorius en unos Juegos Olímpicos, después de años de polémicas, juicios y controversias (y también el de Marta Domínguez, por cierto), creo que hay que dedicarle unas líneas al meneadísimo tema del doping.

Oscar Pistorius, esta mañana en Londres 2012

Vaya por delante mi admiración por el afán de superación y el espíritu de lucha de una persona como Pistorius, pero creo que merece la pena recordar la definición de doping que brinda el propio Comité Olímpico Internacional: “la administración o el uso por parte de un individuo sano… de cualquier agente o sustancia que no está presente normalmente en el cuerpo… y/o de cualquier agente o sustancia fisiológica introducido en cantidades adicionales a las normales… y/o por una ruta anormal y/o de manera anormal… con el propósito y el efecto de un aumento artificial y una manera injusta del funcionamiento de ese individuo durante el periodo de competición”.

Los párrafos subrayados no lo están por casualidad. Si alguien no tiene la musculatura necesaria para afrontar una lucha grecorromana y toma nandrolona es doping, salvo que juegue en la NBA, donde los controles no existen ni siquiera durante los JJOO. Si ha perdido sus piernas y se injerta unas prótesis de carbono, no lo es. Curioso rasero de medir.

Partamos de una base: el doping es una de las grandes hipocresías de nuestra sociedad. La practicamos a diario, todos y todas. Desde aquel que se toma un tranquilizante antes de una importante reunión de negocios, una aspirina en medio de la jornada laboral o un estimulante antes de dar un concierto a aquella que se somete a una operación de estética para ganar un contrato como modelo, actriz o un concurso de belleza. En todos los casos, el fin es el mismo: mejorar el rendimiento gracias a un método artificial y dentro de un entorno competitivo. Sin embargo, al único que se le mide la orina o la sangre es al deportista de élite, el mismo a quien se le pide que haga cosas sobrehumanas como nadar en tiempos récord tres veces en dos horas, subir varios puertos de montaña cuatro días seguidos, o jugar agotadores partidos de tenis uno tras otro. Parece injusto, ¿no? Pero está aceptado. Quien se dopa en el deporte pasa a ser un apestado, cuando en realidad casi nadie tendría autoridad moral para juzgarlo, miembros del COI incluidos.

¿Qué diferencia a Pistorius, o a los jugadores de la NBA, del resto de deportistas? No es difícil deducirlo: que garantizan espectáculo. Y espectáculo es audiencia televisiva, y esto es mayor interés de los anunciantes, y esto es más dinero para el COI, ¿me siguen?

Desde el punto de vista humano, la participación de Pistorius en Londres 2012 conmueve, emociona. Pero siendo estrictamente legales, Pistorius es un atleta paraolímpico: utiliza algo que no está presente en su cuerpo para aumentar de manera artificial su rendimiento, y saca ventaja de ello, porque sus piernas de carbono no registran cansancio ni rozaduras ni ampollas.

Pero quién se fija en esas minucias en el Reino de la hipocresía que hemos creado…

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LA FIEBRE DEL BALONCESTO

Hay partidos más calientes que otros. Pero el termómetro del Rusia 75 -Brasil 74 jugado hoy alcanzó niveles considerables. Tanto, que el brasileño Tiago Splitter estimó necesario hacer la más casera de las mediciones para calibrar la temperatura corporal del ruso Timofey Mozgov. Que para hacerlo haya tenido que saltar tanto lo explican los 2,16 metros de altura del pívot ruso.

No tenemos noticias del estado febril de Mozgov. En todo caso, no le afectó a su mano: fue el segundo máximo anotador de su equipo con 18 puntos.