Recuerdos de un Maradona sin contaminar

Vídeo

Diego Armando Maradona, entrando a la cancha de Racing

Diego Armando Maradona, entrando a la cancha de Racing

Las imágenes no son ni medio buenas. Algunas borrosas; la mayoría, desteñidas o de un color que parece artificial.

Pero todo queda disimulado cuando el chico de la melena rizada empieza a tejer maravillas con la pelota. A dejar rivales por el camino, a meter pases en profundidad con el taco o centros de rabona, a clavar tiros libres en los ángulos aunque la barrera se adelante tres metros…

Es el primer Diego Maradona. El de Argentinos Juniors. Cuando la explosión mediática todavía quedaba reducida al fútbol argentino. Más aun, al de Buenos Aires y sus alrededores. El que gritaba con el alma los goles contra Boca (entre otras cosas, porque por entonces era hincha de Independiente). El anterior a Europa y todo lo bueno y lo malo que vino después. El Diego inocente y puro que solo se dedicaba a jugar… y lo hacía como los dioses.

Estos 10′ sirven, además, para calibrar las distancias con Lionel Messi, las diferencias estéticas en el traslado y en la manera de pegarle a la pelota. Pero también las semejanzas, la repentización para inventar lo que pide la jugada, la velocidad de ejecución, la impresión de que el balón es una prolongación del pie.

Un vídeo para disfrutar del que, quizás, fue el mejor Diego, el Maradona de antes de las contaminaciones…

Adiós al Walt Disney criollo

En España solo le podrán recordar los más memoriosos, y menos jóvenes, que hayan disfrutado con las breves y dulces lecciones de El Libro Gordo de Petete. Incluso a pesar de que había nacido en Almería, hace 83 años.

HIJITUS botelleroPero es en Argentina, país al que llegó con el empuje adolescente de los 17, donde su nombre figura junto a una lista rica, ilustre y entrañable de personajes inolvidables para quienes hayamos vivido la infancia entre los ya lejanos años 60 y 70. De su imaginación y sus lápices surgieron dibujos que adquirieron vida propia: Anteojito y Antifaz, el sabelotodo Calculín, el maravilloso Hijitus -un superhéroe del Tercer Mundo, con un caño como casa y un perro, Pichichus, como ayudante-; la banda de «malos» más tierna del universo: el Profesor Neurus, Pucho y el inefable Larguirucho; el pequeño Oaky, el encantador Petete, el desafortunado Trapito y su ilusión perdida…

Anteojito 157  23-11-67Para quienes esperábamos cada jueves la salida de la revista Anteojito para -sin saberlo- dar nuestros primeros en los mundos del cómic (Pí-Pío, Sonoman…), o nos enganchábamos a la tele a ver el capítulo diario de Hijitus, Manuel García Ferré, el «mago» almeriense creador de tanta fantasía, era nuestro Walt Disney. Porque sus personajes nos hablaban «en argentino», amaban el tango como Pucho o tomaban mate como el Comisario correntino de Hijitus. Y entonces los sentíamos cercanos, propios…

Con el tiempo tuvo una editorial, que además de Anteojito publicó las ediciones locales de Muy Interesante y Ser Padres Hoy, entre otras. Hizo cine, de animación por supuesto. Y siguió dibujando.

Ayer se fue. En su Buenos Aires adoptivo, la ciudad que lo nombró Ciudadano Ilustre en 2009. Y con él, una porción de tiempo más inocente, en la que los mejores y mayores efectos especiales eran el amor, la imaginación, el talento y la ternura.

Que descanse, Maestro.

Y gracias. Muchísimas Gracias por haberme alegrado la niñez…

Tiempo de mediocres

Caricatura de José Ingenieros

Caricatura de José Ingenieros

Giuseppe Ingegnieri nació en Italia en 1877, y sus padres lo llevaron a la Argentina cuando todavía era un niño. Después estudiaría en el Colegio Nacional Buenos Aires, más tarde haría la carrera de Medicina. Pero también fue escritor, filósofo y sociólogo. Y participó en política. Su libro más célebre fue El Hombre Mediocre, un ensayo sociológico escrito en aquellas primeras décadas del siglo XX, y al que pertenece el extracto que sigue a continuación.

José Ingenieros falleció en Buenos Aires en 1925, a los 49 años de edad.
«Cada cierto tiempo el equilibrio social se rompe a favor de la mediocridad.
El ambiente se torna refractario a todo afán de perfección, los ideales se debilitan y la dignidad se ausenta; los hombres acomodaticios tienen su primavera florida.
Los gobernantes no crean ese estado de cosas; lo representan.
El mediocre ignora el justo medio, nunca hace un juicio sobre sí, desconoce la autocrítica, está condenado a permanecer en su módico refugio.
jose-ingenieros-el-hombre-mediocreEl mediocre rechaza el diálogo, no se atreve a confrontar, con el que piensa distinto. Es fundamentalmente inseguro y busca excusas que siempre se apoyan en la descalificación del otro. Carece de coraje para expresar o debatir públicamente sus ideas, propósitos y proyectos. Se comunica mediante el monólogo y el aplauso.
Esta actitud lo encierra en la convicción de que él posee la verdad, la luz, y su adversario el error, la oscuridad.
Los que piensan y actúan así integran una comunidad enferma y más grave aún, la dirigen, o pretenden hacerlo.
El mediocre no logra liberarse de sus resentimientos, viejísimo problema que siempre desnaturaliza a la Justicia.
No soporta las formas, las confunde con formalidades, por lo cual desconoce la cortesía, que es una forma de respeto por los demás.
Se siente libre de culpa y serena su conciencia si disposiciones legales lo liberan de las sanciones por las faltas que cometió.
La impunidad lo tranquilizaSiempre hay mediocres, son perennes. Lo que varía es su prestigio y su influencia.
Cuando se reemplaza lo cualitativo por lo conveniente, el rebelde es igual al lacayo, porque los valores se acomodan a las circunstancias.
Hay más presencias personales que proyectos. La declinación de la “educación” y su confusión con “enseñanza” permiten una sociedad sin ideales y sin cultura, lo que facilita la existencia de políticos ignorantes y rapaces.«
José Ingenieros