Política de aKoso y derribo

El mundo okupa siempre estuvo mal mirado por la sociedad convencional. Por su carácter alternativo y contestatario, por su irrespetuosidad hacia una norma tan incorporada al modus vivendi como el carácter inviolable de la propiedad privada -sin importar si no se utiliza para nada-, incluso por la indumentaria y el look, que en general es lo primero y muchas veces lo único que se aprecia desde el exterior.

En tiempos de bonanza, la actitud a tomar hacia un movimiento tan peculiar e irreverente está más relacionada con los niveles de tolerancia de la sociedad donde se manifiesta, de la aceptación de lo diferente, del infaltable oportunismo político, y hasta si se quiere del manejo de la salubridad pública.

Pero eso deja de tener efecto en tiempos de dificultades económicas. Los desalojos de las últimas 48 horas, ayer en el Centro Casablanca de Madrid; y sobre todo hoy, en la Corrala La Alegría de Sevilla (no confundir con La Utopía, que por el momento sigue funcionando), adquieren una dimensión diferente. Porque si los desalojados son familias sin hogar, desahuciadas por un sistema que incluso desde algunos puntos del mismo Poder es considerado injusto, los valores que se ponen sobre la mesa discurren por otros andariveles.

Centro Casablanca, Madrid.

Si el Poder se apresura en desalojar a quienes no tienen nada que perder; y al mismo tiempo apunta a un emblema okupa, es porque la política consiste en golpear sin miramientos, en reducir las opciones de respuesta, en demostrar a quien quiera mirar que los de arriba están dispuestos a todo -y al decir todo, me refiero a actuar de manera insensible, en algún caso, incluso inhumana- con tal de defender “el orden”, “la seguridad”, los intereses de quienes más tienen, sin detenerse a mirar los caídos que queden en el camino.

En el post de esta mañana, La Portada del Día, veíamos a un grupo de militares avanzando a paso firme. No es una foto más. Es la metáfora de una política de pisoteo, de atropello, de aKoso y derribo a cualquier manifestación alternativa, a cualquier intento de gritar y actuar contra la injusticia.

Sánchez Gordillo gana el round (y más de Diez pierden la careta)

Algo más de 48 horas han pasado desde que un grupo de militantes del Sindicato de Trabajadores Andaluces se llevase algunos carros de comida de un Mercadona de Écija, y si bien José Manuel Sánchez Gordillo ya no es trend topic en Twitter, su nombre sigue dando que hablar en redacciones, redes sociales y buena parte de España.

Y en general, se habla mal. Con más o menos saña, con más o menos educación, con más o menos desprecio, con más o menos recato, con más o menos ironía o sorna, pero mal. Algo que por otra parte no sorprenderá al protagonista, que nunca tuvo los favores de la prensa, los jueces y en muchos casos, ni siquiera de sus compañeros de partido. Porque siempre ha sido un outsider, una persona que se rige por sus propias formas de hacer y de entender la política, y eso es algo que en las muy verticalistas organizaciones de nuestro país no saben ni pueden aceptar.

Sin embargo, no puede decirse que hasta ahora le haya ido mal a Sánchez Gordillo con su forma de actuar. Tampoco esta vez. El martes me cabía alguna duda sobre el acierto o no de su participación en lo que el Gobierno y sus adláteres se empeñan en calificar como “asalto” o “saqueo” a la sucursal de Mercadona. (Dejo un vídeo para quien esté interesado en saber qué es exactamente asaltar o saquear un supermercado. Hay muchos más, solo es cuestión de buscarlos en Youtube). Hoy ya no tengo ninguna. El alcalde de Marinaleda ganó este round de la pelea por paliza.

¿Por qué? Porque Sánchez Gordillo y la gente del SAT no asaltaron nada, porque nadie lo hace previo aviso, con la policía y la televisión en la puerta. Lo suyo fue una acción como tantas otras que se vienen realizando desde hace un año; una performance, como la califica hoy con sutileza el sociólogo Enrique Gil Calvo en El País. Quizás algo más incisiva que otras, pero no mucho más que la de colarse en masa en el Metro de Madrid o Barcelona que promueve la gente de YoNoPago. Y además, repartieron la comida entre las mujeres de la Corrala La Utopía, por cierto, una historia de lucha y de amor que merece la pena conocer y difundir.

Los dos detenidos por el “asalto” ya fueron puestos en libertad -eso sí, no pueden acercarse a menos de 300 metros de la sucursal del Mercadona de Écija, aunque nada dice la orden sobre el Ahorra Más, el Día y otros semejantes, en fin… Y después de que el propio Ministro del Interior se ocupara del caso como si hubiese sido el delito más grave y oneroso de la actualidad española, vinieron a caer en la cuenta de que Sánchez Gordillo es aforado por partida doble, diputado y alcalde, y por lo tanto no es tan fácil detenerle, sobre todo porque no fue partícipe directo del hecho.

Es decir, que este viejo zorro de la política, con sus formas poco convencionales, logró en un par de horas y con 400 personas más de lo que movimientos como el 15M -tan necesarios como todos los Sánchez Gordillos que se encuentren- solo logran cuando después de enormes esfuerzos reúnen en las calles a cientos de miles de personas: que durante un par de días haya quedado expuesta de manera evidente la realidad y la injusticia de un sistema que castiga a los más desfavorecidos en lugar de pedir cuentas a quienes causaron este desastre por su ambición desmedida. Y que persigue a quien se lleva un carro de compra para repartir comida, pero perdona y hasta premia a quien estafa millones de euros de los fondos públicos (la lista es muy larga, todos sabemos de quiénes hablamos).Pero además, ha conseguido poner en ridículo al Gobierno, que manda detener a quien no puede, y debe liberar a quienes no hicieron prácticamente nada condenable.

Y de paso, le ha quitado la careta a más de Diez, que disfrazados de progres a la violeta promueven un gatopardismo descarado para que todo, pero todo, siga siendo siempre exactamente igual que hasta ahora.