Olvídense de Messi

Olvídense de MessiLa edición de El País de este lunes incluye en la sección Deportes un artículo que escribí sobre la actualidad de Lionel Messi, a partir de sus últimas actuaciones. Se puede leer aquí: http://deportes.elpais.com/deportes/2013/10/27/actualidad/1382901327_671514.html

Pero como suele ocurrir, los espacios siempre limitados del papel exigieron recortar algunas líneas del artículo original. No han modificado un ápice del contenido de fondo, pero si alguien quiere leer el texto completo, lo pego aquí debajo.

OLVÍDENSE DE MESSI

Detrás de los ojos pequeños y la mirada huidiza, de los espontáneos gestos seudoinfantiles y las dificultades de expresión oral, se esconde una mente sagaz, astuta, calculadora y fría: la mente del genio. Lionel Messi, de profesión mejor futbolista del planeta, es exactamente eso, un genio. Inescrutable la mayor parte del tiempo, inaccesible prácticamente siempre.

Ayer, después del pálido paso del 10 por el derby, las redes sociales se llenaron de rumores, especulaciones y apuestas: “Messi está triste”, “Messi no se siente cómodo en el esquema de Martino”, “Messi no está recuperado de su lesión”, “A Messi no le gusta lo que ve”… La realidad enseña que, si bien en los números su producción de la temporada no se aleja demasiado de las anteriores, en el rendimiento su caída resulta más que evidente.

¿Qué le puede estar pasando al genio? Su carácter cerrado, casi hosco, y su boca callada dan escasas pistas al respecto y obligan a analizar su psicología a partir de sus hechos y sus humores. Pero también, y sobre todo, a partir de cómo ha ido construyendo su carrera, una trayectoria casi sin baches en la que ha ido derribando mitos y récords como quien tumba despreocupadamente castillitos en la arena.

El 17 de mayo de 2006 no trae un buen recuerdo a Lionel Messi. Aquella noche, en París, el Barcelona ganó su segunda Copa de Europa, su primera Champions League, pero el chico de Rosario no jugó ni un minuto, pese a estar recuperado de una lesión producida en los octavos de final frente al Chelsea. Nunca sintió aquel triunfo como propio. Lo expresó no participando en las celebraciones, no saliendo en las fotos. Aquella noche se planteó su primer gran reto: quería una Champions suya, ganada por él. Con dos bocados y durante cinco años fue saciando su apetito: en Roma 2009 y más aún en Londres 2011 sintió que el trofeo ya le pertenecía. Que fuera él quien bajara las escalinatas de Wembley la Copa en las manos no fue una casualidad.

Después llegaría el duelo con el Real Madrid de José Mourinho, tres años que elevaban el listón partido tras partido y que el 10 iba liquidando a medida que se convertía en el verdugo más implacable de Iker Casillas. Casi simultáneamente, Cristiano Ronaldo le desafió a un duelo particular, por el Balón de Oro, pero también marcando un récord extraordinario de 41 goles en Liga en aquella temporada 2010-2011. Messi dedicó el año siguiente a pulverizarlo, y alcanzó los 50, mientras encadenaba trofeos de la FIFA.

Pero al mismo tiempo, el genio tenía otro reto. Resulta difícil entender porqué un chico que deja su casa, su barrio y su ciudad a los 13 años tiene tan afirmadas sus raíces a su suelo natal. Lo cierto, en todo caso, es que más allá de su cariño y su respeto a Barcelona, Cataluña y España, en ese estricto orden, Messi siente un amor profundo por Argentina, Rosario y Newell’s Old Boys, su club de origen, en este caso, con un orden indiferente. Y durante mucho tiempo, demasiado, ese amor no fue correspondido. Su rendimiento en la Selección era muy menor en relación al Barça y el hincha de la blanquiceleste le silbaba, le reprobaba, le hacía saber que no era uno de los suyos.

La noche que Messi le marcó cuatro goles al Arsenal, Pep Guardiola anticipó: “nada es imposible para él”; y en la fase de clasificación para el Mundial de Brasil, el 10, por fin, ha logrado conquistar a su gente. Hoy es el abanderado, la insignia, los hinchas argentinos pagan las entradas solo para verle y es el depositario de todas las ilusiones de un país.

Y aquí hemos llegado al punto clave. El próximo reto de Lionel Messi tiene día, fecha y hasta hora determinada: 13 de julio de 2014 en Maracaná a las 16. La final del inminente Mundial es para el 10 del Barça la conquista del Olimpo definitivo. Porque es el título que le falta, porque le instalaría definitivamente entre los grandes más grandes de la Historia del fútbol, pero también –y no es un dato menor- porque su ansia depredadora sabe que allí se esconde la presa más apetitosa que pueda existir. Nada excita la pasional mente de los argentinos más que la foto de su capitán con la Copa del Mundo en la mano en el corazón mismo del fútbol brasileño. Y nadie lo sabe más que el propio Messi.

En ese palco de Maracaná le espera la foto que le llevaría a superar a Diego Maradona en el alma de sus compatriotas. Y hacia allí enfoca todos sus cañones esta temporada. Por eso mide y medirá cada esfuerzo, cada sprint, cada regate. Gerardo Martino también debe saberlo, y además puede entenderlo mejor que nadie, porque seguramente también quiere ver esa imagen. Su obligación, entonces, es adaptar el equipo a lo que será una presencia de Messi a cuentagotas durante todo el año. De allí los cambios de posición, las modificaciones al estilo, la aparente renuncia a determinados dogmas, el doble pivote…

Porque el Tata sabe que detrás de la mirada huidiza y hosca, el 10 que camina por el Camp Nou jugará con un ojo puesto en Brasil. Entonces, señoras y señores, hinchas del Barça y del fútbol en general, olvídense de Messi esta temporada. El genio no está ni triste, ni incómodo, tal vez ni siquiera lesionado. Solo que tiene la cabeza y el objetivo en otra cosa.

Anuncios

Tod@s som@s chin@s (2ª parte)

RebajasRopaEl post publicado días pasados acerca del presente y el futuro del mercado de trabajo, es decir, la primera parte del Tod@s somos chin@s, dejaba en el aire un cuestionamiento evidente: teniendo en cuenta el achicamiento de ingresos que sufre o sufrirá una parte mayoritaria de la población española, ¿qué pasará con el consumo en este país? ¿Las empresas españolas no son conscientes de que al reducir los ingresos de sus empleados o proveedores acabarán siendo víctimas de un “efecto boomerang” porque tod@s tendremos menos posibilidades de comprar sus productos?

Por supuesto que son conscientes de ello, por supuesto que saben lo que hacen. La clave está en que las grandes empresas, las que cotizan en Bolsa, ganan todos los contratos y licitaciones públicas habidas y por haber (para algo invierten en “anónimas” y poco transparentes donaciones a los partidos políticos mayoritarios) e imponen las normas a través de la CEOE, están globalizadas, es decir, tienen sus redes de acción distribuidas por todo el mundo. Y el mercado español, simplemente, ha dejado de interesarles. Días pasados, El País publicaba un interesante artículo sobre las constructoras españolas. Sí, las mismas que crecieron y crecieron sin parar mientras se hinchaba la burbuja, sobre la base de la especulación, la recalificación de suelo y la fabricación de infraestructuras de utilidad relativa, como aeropuertos innecesarios o carreteras de peaje deficitarias.

Bolsa MadridPues bien, las que se salvaron del naufragio cuando estalló la crisis apenas efectúan el 16% de sus negocios en España. Y lo mismo puede decirse del resto de grandes empresas. Basta recordar la polémica que siguió a la decisión de Inditex de radicar fiscalmente su área de venta online en Irlanda. Si se toma el promedio general del Ibex 35, índice de referencia de la Bolsa de Madrid, el 60% de sus ingresos están generados en el exterior, con Telefónica y los grandes bancos a la cabeza.

Para entendernos, un mayor achicamiento del consumo en España, o un no crecimiento en el mejor de los casos, no afectará en gran medida a ninguno de estos “monstruos”. En cambio, una reducción de los costes laborales mejorará su competitividad. Pongamos un ejemplo. Durante estos últimos años, la mayoría de estas compañías han trasladado su call centers al extranjero. Si a través de reducciones salariales se consigue que un operador telefónico español gane lo mismo que otro colombiano o argentino (o algo más, pero que se compensa por no tener que mantener una estructura al otro lado del mundo y porque los clientes suelen mostrar mayor satisfacción si son atendidos por una voz española), no dudarán en devolver estos servicios a España.

Esa es, en definitiva, la meta que pretenden las sucesivas reformas laborales: achicar los índices de desempleo gracias a trabajos más baratos, más precarios y en peores condiciones. O a elevar el número de autónomos que trabajen para las empresas como si fuesen empleados fijos, pero sin ejercer ningún tipo de carga añadida, ni sobre la empresa (Seguridad Social, pagas extras, posibles indemnizaciones…), ni sobre el Estado, al dejar de cobrar el paro.

¿La recuperación del consumo o de la economía en general? No es eso lo que se pretende. Ni aquí ni en el resto de Europa. Véase el ejemplo holandés, uno de los países más sólidos de la UE, y dueño, no por mucho tiempo más, de la ansiada triple AAA de las agencias de calificación. Su economía, basada en la exportación y el consumo, está en recesión, y tiene la deuda más abultada del continente. De hecho, algunos analistas ven en los Países Bajos el país que va a provocar el estallido del euro. Pero sus grandes empresas no pierden comba y siguen teniendo resultados florecientes. Porque como es lógico siguen un modelo muy parecido al nuestro. Y lo mismo puede decirse de las alemanas, las francesas o cualquier otra.

shanghaiChina, que ha sido faro, guía y locomotora de la economía mundial en lo que llevamos de siglo, ha seguido estas normas. Sus bajísimos costes laborales de producción le han permitido invadir el mundo con sus productos en cualquier rubro que se mire. Pero el nivel de vida de la mayoría de su población apenas se ha incrementado. Solo ha crecido de manera desmesurada el número de millonarios, como en Rusia, la India o cualquiera de los países emergentes. Porque trabajan pensando en los mercados externos, no en el consumo interno.

Por esto, también, tod@s somos chin@s.

Tod@s somos chin@s (1ª parte)

Juan Roig

Juan Roig

Hace exactamente un año y medio, Juan Roig, “insigne” presidente de Mercadona, los supermercados tantas veces mencionados como ejemplo de empresa bien gestionada para crecer en medio de la crisis, dijo la que tal vez sea su frase más célebre: “Tenemos que imitar la cultura del esfuerzo con la que trabajan los chinos en España”.

Visionario y empresario habilidoso y de pocos escrúpulos, Roig sabía bien lo que decía. En marzo de 2012 acababa de ser sancionada la última reforma laboral, comenzaba a hablarse tímidamente de los minijobs como opción para reducir unas cifras de desempleo que subían cada mes -aunque desde el Gobierno negaban que fuesen un objetivo a implantar-, y la economía española se asomaba al abismo de un posible rescate global, con la prima de riesgo por las nubes.

Ayer, en el programa LaSexta Noche, el inefable Paco Marhuenda, director de La Razón y cualificado vocero tanto de su jefe en dicho periódico, José Manuel Lara, dueño también de la cadena televisiva y del Grupo Planeta, como de la Moncloa, introdujo el tema durante una entrevista a Alberto Garzón, el joven diputado de Izquierda Unida por Málaga.

La respuesta de Garzón es impecable, pero como suele suceder en televisión, casi nunca se llega al fondo de la cuestión. A veces, ni siquiera a la superficie. El economista Santiago Niño Becerra, catedrático de la Universidad Ramón Llull de Barcelona, uno de los que anticipó la crisis y el alcance que tendría en todos los aspectos (con un altísimo índice de acierto), insiste en afirmar que el mercado de trabajo tiene dos graves problemas: 1) la oferta supera en mucho a la demanda; y 2) el trabajo, en sí mismo, ha perdido buena parte de su valor.

Con estas premisas y siguiendo las normas elementales de funcionamiento de la economía, es lógico que el mileurismo haya pasado de ser el piso del mercado laboral hace unos años a un sueño casi inalcanzable para la mayoría. CamarerosPero no es solo el nivel salarial -y los pagos complementarios, como ayudas por hijos, o por estudios, plus por antigüedad, etc.- lo que se ha reducido. Es en las condiciones de empleo donde quizás se encuentren las peores noticias de este nuevo modelo de relación laboral que, algún día, sin dudas reducirá las cifras del paro, pero que nos retrotraen a unas situaciones de precariedad y explotación que comienzan a acercarse peligrosamente a los tiempos anteriores a las Grandes Guerras.

Se deduce muy bien leyendo este artículo publicado hoy en El País, no casualmente centrado en el turismo, la industria que junto a las exportaciones está sosteniendo el delicado momento financiero que atraviesa España.

Una vez leído resulta muy sencillo cerrar el círculo, echar la vista atrás y recordar aquello que decía Juan Roig hace un año y medio. Porque sabía de lo que hablaba. Porque hoy ya tod@s somos chin@s. Solo que nosotr@s, no lo hemos elegido.