Vicenç Navarro, otra voz contra el euro

Hace exactamente dos meses, publiqué un post, Hay mucha vida más allá del €, en el que mencionaba algunas ventajas que a largo plazo tendría que España abandonara de manera voluntaria y ordenada la moneda única, si fuera posible hoy, en la próxima media hora, antes que mañana o la semana que viene.

En estos dos meses, además del verano, han pasado desde una profundización de la recesión a una amenaza por ahora -insisto, por ahora- no concretada de rescate total a nuestro país, no solo a su sector financiero; pasando por rescates internos solicitados por diferentes comunidades autónomas al Gobierno central, un aumento notable del déficil que se pretende ajustar y anuncios de medidas de todo tipo para recortar presupuestos, derechos y posibilidades de crecimiento.

Profesor Vicenç Navarro

Hoy, o mejor dicho anteayer, en su blog, ha sido el profesor Vicenç Navarro, catedrático en las universidades de Barcelona y Pompeu Fabra, además de profesor en The Johns Hopkins University (Baltimore, EEUU), quien sostiene esta opción como la menos mala para la actuar coyuntura.

No voy a repetir lo que dice. Les dejo el link para que lo lean: Salirse del euro

A largo plazo, será indispensable un cambio más profundo de sistema, que modifique de manera sustancial los aparatos productivo, de distribución y de consumo, si pretendemos que la vida humana mantenga unos parámetros sostenibles y duraderos sobre este planeta.

A muy corto plazo, y en el reducido ámbito español, huir del euro es lo menos dramático que nos podría ocurrir.
Aunque asuste, aunque muchos no se lo puedan ni plantear…

Hay mucha vida más allá del €

En El Editorial del domingo pasado comenté algunos beneficios “no materiales” que traería la salida de España de la zona euro (lo cual no implica abandonar la UE). Y prometí comentar los argumentos económicos que apoyan una decisión que hasta hace apenas algunas semanas sonaba casi demencial, aunque un servidor la viene defendiendo desde hace meses, pero que en estos días empieza a ser motivo de discusión en el ámbito de los economistas. Hoy es el día. Ya sé que el tema es árido. Intentaré aliviarlo todo lo posible.

El euro y España

¿Qué ha significado el euro para nuestro país? Hagamos recuento:
– Una inflación encubierta, que empezó con el “efecto redondeo” y sólo se detuvo con el estallido de la crisis. Todos recordamos la diferencia de precios que encontrábamos entre Madrid o Barcelona y cualquier capital europea en tiempos de la peseta. Después del euro esas diferencias desaparecieron. Sin embargo, nuestros salarios se mantuvieron muy por debajo de la media europea. Eso es inflación encubierta.
Pérdida de soberanía monetaria. El Banco de España dejó de controlar la emisión de moneda y de fijar la tasa de interés “oficial”. Lo hace el BCE, un lobby bancario que responde a los intereses de alemanes (sobre todo) y franceses. Esto significa que España no puede, por ejemplo, devaluar su moneda para ser más competitivo; ni emitir más si en determinado momento (el actual, por ejemplo) es conveniente volcar más liquidez (más billetes y monedas de las de verdad) en el mercado o bajar las tasas para activar el crédito, y con ello la economía.
– Establecer de facto una paridad peseta-marco que jamás se hubiera producido de otro modo, dada la diferencia de potencial económico entre Alemania y España.
Abaratar las importaciones, gracias a la fortaleza del euro hasta hace muy poco, lo cual es nefasto para la producción local de lo que sea. Y encarecer las exportaciones. En definitiva, perder competitividad a la hora de vender los productos españoles.

La deuda española

Quién más quién menos, en el mundo de las finanzas sabe que España no puede afrontar el pago de la brutaldeuda privada que acumula (bancos y empresas, básicamente; la pública es bastante menos grave). ¿Cómo sabemos que lo saben? Porque la prima de riesgo no baja ni a balazos, las condiciones para rescatar a los bancos o para nuevos préstamos son cada vez más duras, los inversores ya se han llevado este año 163 mil millones de euros del país, las cuentas de nuestros bancos no son fiables, las CC.AA. van quebrando una detrás de otra, y porque las cifras de deuda y de déficit suben sin pausa por más recortes que se hagan. Pero sobre todo, porque no hay previsiones de que nuestro PIB vuelva a crecer en bastante tiempo. Y si la economía no crece, ¿cómo van a aumentar los ingresos? ¿Cómo se va a pagar la deuda? Imposible…

Hoy mejor que mañana

Bien. Ya está hecho el diagnóstico. Ahora vamos al tratamiento. Hay 3 opciones:
1. Seguimos como estamos. 2. Bruselas se inventa una especie de euro B para los países con problemas, que es un disfraz de la siguiente opción. 3. Dejamos el euro. Analicemos.

1. Es lo que plantea la ortodoxia, lo que ahora parece estar manejando Alemania, lo que conviene al Gobierno y lo que menos susto provoca. Pero nos irá hundiendo más y más en el barro. Nos prestarán dinero, nos rescatarán, nos endurecerán las condiciones, nos seguirán apretando el cuello hasta la asfixia (entre otras cosas, reducción de salarios y precios, es decir, una devaluación interna), sin que España pueda hacer nada por cambiar la situación. Será una muerte lenta, silenciosa, sin grandes estragos, que acabará con el país quebrado, sin producción propia y con unos índices de paro insostenibles. Ese día, cuando los bancos alemanes que son los principales acreedores de la deuda vean que ya no pueden salvar su dinero, serán ellos los que nos echen del euro y tengamos que hacer lo que explicaré a continuación. Pero mientras tanto habremos perdido tiempo y habremos girado miles de millones en intereses de deuda.

2. Un euro B es una devaluación disfrazada, la Europa de dos velocidades a la que tanto se han negado nuestros gobernantes. España mejoraría algo la competitividad, perdería poder adquisitivo, pero básicamente seguiría sin libertad para manejarse según le convenga. Y, muy importante, tendría que seguir pagando la deuda en euros A.

3. Dejar el euro no es fácil. Primero, porque no está “legalmente” previsto en la UE, que es lo de menos. Y segundo porque provocará un marasmo en el momento que se decida. Volver a la peseta (o inventarse una moneda nueva, ¿qué tal Froilanes, ya que hemos demostrado ser expertos en pegarnos tiros en los pies?) no será una medida aislada. Tiene que llevar consigo:
– Una devaluación de la moneda, que rondará entre un 35 y un 50%.
– Una declaración de quiebra (default), que llevará como mínimo a refinanciar la deuda y/o lograr una reducción (quita) de parte de ella.
– Tal vez, no es indispensable, un corralito temporal, si es necesario controlar la previsible huida de capitales de los bancos. Esto significa limitar el retiro de dinero -depósitos o en cuenta corriente- hasta estabilizar la situación y permitir la recuperación, por supuesto, en nuevas pesetas o Froilanes devaluados.

Las consecuencias

Serán múltiples, y en principio, muy duras.
– Para empezar, habrá sensación general de desastre y estafa (los ahorros en euros se devaluarían casi a la mitad), caída brusca del PIB, aumento del paro, cabreo generalizado si es necesario un corralito. Como se ve, nada demasiado distinto a los efectos a largo plazo de seguir como estamos, pero con más virulencia, lo que seguramente se traducirá en protestas generalizadas en las calles y represión en la misma medida. Eso sí, será difícil que un Gobierno pueda aguantar en estas condiciones, es decir, que quien tome la decisión deberá saber que se está inmolando… salvo que lo haya explicado antes y cuente con el voto mayoritario de la población. Algo tan imposible de creer como que España vaya a pagar su deuda.
– A esto habrá que sumarle a posteriori un posible aumento de la inflación y probables problemas de abastecimiento de material primas, sobre todo gas y petróleo.

Pero después…

El economista Jonathan Tepper, que en 2009 ya preveía una tasa de paro del 25% y descreía de la buena salud de la banca española, comentaba (en español) hace poco en un interesante programa de TV3 (http://www.youtube.com/watch?v=ccpRIxaRIhY) que en el último siglo 69 países vivieron un proceso semejante al nuestro. Y todos salieron a flote después de un período de contracción violenta de la economía. ¿Cómo? Para empezar, devaluando con fuerza su moneda. La recuperación suele empezar entre seis meses y un año más tarde. Los últimos casos fueron Argentina, Rusia, los países asiáticos y México. Es verdad que España es más dependiente del exterior que casi todos estos países, básicamente en materia energética. Pero siempre que se cierra un mercado, se abren otros. Habrá más países dispuestos a vendernos petróleo. Y en última instancia, siempre se podría nacionalizar Repsol (Cristina F. de Kirchner dixit). Llevará un tiempo, lo pasaremos mal, pero sobreviviremos. Si sobrevivieron México, Argentina o Rusia, con bolsas de pobreza previa a la quiebra infinitamente mayores a la nuestra, ¿por qué no España?

Es una falacia presentar la salida del euro como el fin del mundo. Hay vida más allá del BCE…

Seremos más pobres (igual que si seguimos con el euro, porque la estafa es un hecho inevitable). Pero dejaremos de importar todo de China, por lo que aumentará la producción local. Nuestras exportaciones rendirán más beneficios. España será más atractiva, por barata, para el turismo extranjero. A las grandes empresas españolas ya no les será tan rentable llevarse sus talleres y call centers al exterior (más puestos de trabajo). La emisión propia de moneda mejorará la liquidez. Y si además se creara una verdadera banca pública, podría ir volviendo lentamente el crédito a pymes, autónomos y familias. No nos engañemos. Ya no seremos “nuevos ricos” como en los 90, pero de a poco la economía volverá a crecer.

Y además nos habremos ahorrado mucho dinero en intereses y mucho tiempo perdido. Y también habremos recuperado nuestra dignidad como país. No parece poca cosa.

¿Dije que mejor salir del euro hoy que mañana? Casi mejor dentro de media hora…