La Portada del Día: Ganas de llorar

Benedicto XVI y su insólita despedida del papado copan hoy las cabeceras de los periódicos españoles, lo cual demuestra dos cosas: el nivel de coincidencia de los editores y, sobre todo, que la subordinación al poder fáctico de la Iglesia Católica en España permanece intacta. Porque desde lo periodístico, la noticia del adiós del Papa ya es vieja, y si bien su última aparición pública merece sin dudas un espacio, en ningún caso debería ser el principal de portada. Sobre todo teniendo en cuenta que la población de este país no se caracteriza justamente por cumplir y aplicarse a sí misma las normas y enseñanzas de la fe en la que se supone que cree.

lasprovincias.750 3En fin, la discusión en ese sentido excede el ámbito de este post, pero vale la pena reseñar que, de todas las fotos publicadas, la única diferente es la elegida por Las Provincias. El diario valenciano no muestra a Benedicto sino a los obispos, y asegura que Rouco Varela llora por la marcha del Pontífice. Habrá que creerle…

Pero al margen de este tema, hay muchos otros por los que sí provocan lágrimas. El periódico catalán Ara.cat, que con más o menos acierto siempre propone aperturas arriesgadas, menciona dos asuntos en ese sentido: el de la corrupción y la muerte del “indignado” Stéphane Hessel, un hombre interesado de verdad por transformar el mundo, sin intereses sectarios.

La selección de casos de corrupción hecha por el diario barcelonés no es inocente, por supuesto, y quien quiera puede incluso calificarla de tendenciosa. Pero no se le puede negar su capacidad para resumir con cuatro brochazos el momento que vive España.

Y dejar bien claro que, efectivamente, dan ganas de llorar…

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La Portada del Día: La iglesia por los suelos

Parece que la crisis ya no respeta nada. Ni siquiera la institución más defendida de este país, junto a la Casa Real, a la que no se le quita un euro de subvención ni se le cobra el IBI, tiene ya para arreglar sus edificios más sagrados.

El Ideal de Granada abre su edición de hoy con una foto cuanto menos sorprendente: la imagen de un funeral en plena calle y bajo las guirnaldas navideñas en un pueblo de la costa granadina es muy almodovariana, pero posiblemente no ayude a promocionar la Marca España que tanto gusta al Gobierno de Mariano Rajoy.

Y si se leen los titulares que la acompañan -problemas para estudiar, huelgas de basuras– ya ni hablemos.

En fin. Siempre nos quedará Del Bosque

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El Editorial del Domingo

MIL PARCHES Y UN ABORTO

Todas las cifras de producción industrial brindan números negativos. Todas las estadísticas referidas al consumo hablan de freno, retroceso y caída. Todas las previsiones del mundo hacen énfasis en una recesión inevitable que algunos ya se atreven a calificar de depresión. Sin embargo, hay un sector de la economía que funciona como los dioses: las fábricas de parches. Si cotizaran en el Ibex 35, sus acciones llevarían un tiempo largo en subida libre; y algo parecido podría decirse si lo hicieran en el resto de Europa.

Incapaces, o faltos de voluntad, para atacar los problemas centrales que acucian a los gobiernos de la Zona Euro –entiéndase por ello la descomunal deuda alcanzada por las entidades financieras, las ingentes cantidades de dinero hurtadas al fisco en paraísos fiscales, la falta de controles reales sobre las operaciones especulativas, entre otros-, los dirigentes españoles y sus pares europeos se ven obligados a vivir tapando vías de agua y rezando para que “los mercados” les den un poco de respiro hasta la apertura del siguiente agujero.

No más que eso fue lo que hicieron Mario Draghi en Europa el jueves y Mariano Rajoy en casa el viernes, con el agregado de que la oración fue más prolongada, rogando por gozar de algunas semanas de vacaciones tranquilas en medio de este verano de pasiones.

La lectura de lo “decidido” en el BCE hace 72 horas demuestra la esquizofrenia reinante y la carencia absoluta de sentido lógico en todo lo que está ocurriendo. Pero sobre todo, revela que no hay solución final a la vista. Los mercados castigaron con bruscas caídas la intervención de Draghi el jueves, pero con idéntica virulencia dieron la vuelta a la tortilla el viernes, como para dejar que el personal se fuera a disfrutar de agosto con una sonrisa. El sentido último que tomarán las primas de riesgo, las tasas de interés y demás elementos que permiten vaticinar el devenir de los países con problemas y de la Zona Euro en general es un albur. Habrá que esperar a septiembre, si es que se convoca una reunión extraordinaria del Eurogrupo, para saber quién saca ventaja en la pulseada entre el Bundesbank y el resto de bancos centrales, en apariencia más proclives a las medidas que componen el parche más grande, es decir, agilizar los fondos de rescate y permitir la compra de deuda, básicamente de España e Italia. Siempre que antes de esa fecha una tormenta de verano no obligue a reactivar la fábrica antes de tiempo.

Esa misma premisa, poner parches y patear la pelota hacia adelante, fue otra vez la táctica del presidente del Gobierno de fronteras para adentro. Y no solo en el tema de la deuda, donde si bien abrió las puertas a la posibilidad de un nuevo rescate, ejerció de gallego para quedar a mitad de camino en la escalera. También liquidó de ese modo el conflicto eléctrico, con las empresas españolas del sector castigadas por las agencias de calificación, Mario Monti haciendo lobby a favor de Endesa (su verdadero dueño es Enel, la principal eléctrica italiana) y las renovables en estado permanente de nervios. No hubo más definición que algunos decretos para ratificar situaciones ya conocidas. Nada que aclare cómo se va a resolver el pago de los 30.000 millones de euros que enrojecen los balances empresariales bajo el epígrafe “retraso de tarifa”. Y tres cuartos de lo mismo respecto al conflicto minero. Sin acuerdo en la reunión entre sindicatos y el ministro Soria, todo quedó en un “ya veremos más adelante”…

El propio Rajoy aseguró el viernes que esa manera de hacer las cosas es lo que se llama “gobernar”. Y nadie se lo puede discutir. Es lo que tiene gozar de una lengua –la española- tan rica en matices…

Y en medio de este tembladeral, a Alberto Ruiz Gallardón no se le ocurre nada mejor que tirar encima de la mesa el tema del aborto, y proponer una vuelta atrás que enviaría nuestra legislación a la cola de Europa en la materia, con un nivel de restricción apenas superado por Irlanda y Malta. Más allá de las consideraciones éticas, ideológicas o científicas que cada cual pueda tener al respecto, cabe preguntarse por qué habrá elegido este momento para agitar aun más las revueltas aguas de la actualidad y arriesgar algún que otro punto más en la caída de popularidad del Gobierno.

Quizás para entenderlo haya que remontar la memoria a aquellas multitudinarias manifestaciones convocadas por la Iglesia en tiempos de ZP. Esos domingos en los que los líderes del Partido Popular salían a la calle de la mano de las huestes del cardenal Rouco Varela para protestar contra el matrimonio homosexual o la propia ley del aborto. Por esos tiempos, la sensación generalizada de que la calle era de la derecha fue propiciando el clima para un futuro cambio en Moncloa, y desgastando la ya menguante luz de Zapatero en el poder.

En la sede del Episcopado sin dudas no se olvidan de esos favores y es posible que apuren el reclamo de su cobro. Es lo que ocurre cuando se contraen deudas: tarde o temprano hay que satisfacerlas. Y es muy probable que los hombres de sotana pretendan que sea cuanto antes.

No vaya a ser cosa que alguno de los parches resulte defectuoso, salte por los aires antes de tiempo, y la peculiar manera de “gobernar” de Rajoy pase a mejor vida mucho antes de lo previsto.