Chocolate negro, chocolate blanco… cuestiones de género

Mujer en una plantación de cacao de Costa de Marfil

Mujer en una plantación de cacao de Costa de Marfil

“Las mujeres que trabajan en la producción del chocolate que nos encanta comer están siendo olvidadas. Mars, Mondelez y Nestlé tienen el poder y la responsabilidad de cambiar esta situación. Las tres empresas han manifestado su voluntad de trabajar para hacer sus productos más sostenibles y ahora es el momento de cumplir sus promesas”. José María Vera, director general de Intermón Oxfam, tiene claro a quién corresponde la tarea de mejorar las condiciones laborales -y de vida en general- de las mujeres que trabajan en las plantaciones de cacao de los países productores, como Costa de Marfil, Brasil, Indonesia o Nigeria.

Estas tres multinacionales, dueñas de marcas tan conocidas como M&M’s, Mars, Snickers, Twix y Maltesers (Mars); Milka, Suchard, Toblerone, Daim y Ritter (Mondelez); y KitKat, Milkybar, Crunch o Smarties (Nestlé), controlan el 40% del mercado internacional del chocolate, compran alrededor del 30% de la producción mundial de cacao y facturan 34.000 millones de euros anuales… Pero no se preocupan de que sus proveedores cumplan con los requisitos de igualdad de posibilidades entre mujeres y hombres que sí tienen cada vez más en cuenta en sus respectivos consejos de administración.

La ONG Intermón Oxfam ha realizado una investigación en los citados países, de la cual ha podido extraer las siguientes conclusiones:

  • Las mujeres productoras de cacao suelen recibir peores salarios que los hombres, a pesar de que son esenciales para garantizar la calidad y productividad.
  • La mayoría de quienes trabajan a lo largo de la cadena de producción del cacao continúan viviendo en la pobreza; y la malnutrición en los países productores va en aumento.
  • Muchas de las mujeres que trabajan en los campos de cacao y procesan las plantas sufren acoso y discriminación, y no tienen manera de quejarse o combatirlo.
  • Las agricultoras del cacao tienen menos acceso que los hombres a tierras, créditos, capacitación y herramientas como fertilizantes o sistemas de irrigación.
  • Los programas de sostenibilidad de las compañías no incluyen temas específicos que afecten a las mujeres productoras.
  • Los casos de estudio realizados en los cuatro países descubren que en muchos casos el salario de los hombres duplica, o incluso más, al de las mujeres.

Debido a todo esto, y coincidiendo con el Día Internacional de la Mujer, Oxfam ha lanzado la campaña Tras la marca, con la pretensión de dar a conocer esta realidad. Pero sobre todo, a exigir a Mars, Mondelez y Nestlé que revisen y hagan revisar a sus proveedores sus prácticas en relación a las mujeres que trabajan en la cadena de elaboración de sus productos. Y al mismo, a fomentar la compra de chocolate proveniente del Comercio Justo.

Sole Giménez

Sole Giménez

Sole Giménez, la ex cantante de Presuntos Implicados, se ha implicado -de manera efectiva, no presunta, tal como se aprecia en la foto-, y será la “cara conocida” de la campaña.

A partir de ese momento, el impulso para que las manos femeninas que participan en la producción de esos chocolates tan ricos que solemos consumir reciban idéntico trato a las masculinas ya será una tarea de tod@s.

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Contra el dengue, bueno, barato y efectivo

Es económico, es sencillo, y al menos en otros países se está demostrando efectivo. La Fundación Oswaldo Cruz ha anunciado esta semana la puesta en marcha en Brasil de un programa para luchar contra el dengue, la infección viral más extendida del mundo, a través de un método inocuo para las personas y el medio ambiente.

Con más de 700.000 casos registrados en 2011, el dengue, una enfermedad que se contrae por la picadura del mosquito Aedes aegyptii, representa uno de los grandes problemas epidemiológicos del país sudamericano. Y su Ministerio de Salud lleva años instrumentado campañas de investigación y de prevención.

La última llega desde Australia, donde la Universidad de Monash ya ha probado con éxito (también en Indonesia y Camboya) un sistema basado en las propiedades de la bacteria Wolbachia pipientis, presente en el 70% de los insectos que habitan en el planeta. Este microorganismo, incapaz de infectar a los vertebrados, humanos incluidos, tiene la propiedad de actuar como una vacuna para el insecto, impidiendo que se multiplique el virus del dengue en su interior.

La técnica consiste en inyectar la Wolbachia en los huevos del Aedes aegyptii, ya que se ha demostrado que a partir de allí se incorpora a los tejidos del mosquito e incluso se transmite de generación en generación. Una vez que los transmisores del dengue están “vacunados”, se procede a su liberación programada. Dicha capacidad de transmisión de padres a hijos hace que el método sea además autosustentable, ya que no son necesarias nuevas inyecciones, y por lo tanto, muy barato.

En Australia se ha constatado que actualmente casi la totalidad de la población de Aedes lleva incorporada la bacteria que lo inmuniza contra el virus, y se espera que funcione de manera semejante en un ambiente tan diferente como el brasileño, donde la relevancia de la enfermedad es mucho mayor.

Entre 50 y 100 millones de personas al año se ven afectadas por dengue en el mundo, con un 2,5% de casos mortales. Las pruebas de campo comenzarán en las cercanías de Río de Janeiro en 2014. El desafío para acabar con el dengue brasileño está en marcha.

Fuente: IPS

 

La Entrevista del Lunes: Enrique Baquedano

“EL HISPANO EN ESTADO PURO NO EXISTE”

Viajar mirando huesos no parece un ejercicio sencillo a primera vista. Y sin embargo, se puede. Pero además, enseña a conocer mucho sobre la esencia humana, la migración, las necesidades… Lo afirma Enrique Baquedano, arqueólogo y paleontólogo, Director del Museo Arqueológico Regional de Alcalá de Henares (Madrid) e investigador en yacimientos tan distantes como los de la Garganta de Olduvai, en Tanzania; o Pinilla del Valle, en Madrid.

Enrique Baquedano. Foto: Adolfo Callejo.

¿Es posible transportarse en el tiempo con un fósil en la mano? Por supuesto. Y nosotros, los paleontólogos, arqueólogos y geólogos lo hacemos doblemente, desde el exterior y de manera introspectiva. Porque para interpretar bien lo que vamos encontrando, practicamos cada vez más antropología de la Prehistoria, y eso nos exige ponernos en cada momento en la cabeza del homínido que estamos estudiando, en sus circunstancias.

A ver si le entiendo. Usted se va a Tanzania y se traslada 2 o 3 millones de años hacia atrás. ¿Entonces qué queda de su viaje real, en tiempo presente? Queda mucho. Estamos en la Reserva del Ngorongoro, y claro, no puedes permanecer ajeno a estar en contacto con los masai, los datoga, los hadza, pero también con la naturaleza. Admirar el comportamiento de los animales, de la biología en un escenario tan espectacular y atractivo como la sabana; ver cómo amanece y anochece en minutos son momentos únicos…

¿Se aprende más mirando 2 millones de años atrás o a los masai? Se aprenden cosas distintas. Desde el punto de vista de la etnoarqueología tal vez más con los hadza, que son cazadores-recolectores que no producen ningún tipo de alimento y tienen un interés científico altísimo. Claro que no es equiparable al trabajo que hacemos con mi socio Manuel Domínguez-Rodrigo en la Garganta. Estamos hablando de la cuna de la Humanidad y de los yacimientos más codiciados del mundo de la evolución humana.

¿Hemos evolucionado algo desde entonces? Para mí sí. Tenemos más del doble de esperanza de vida que los Homo habilis, hemos disminuido los niveles de mortandad infantil, nos nutrimos mejor, disfrutamos más de las horas del día porque podemos calentarnos e iluminar las noches, nos hemos adaptado a las circunstancias de cada tiempo, y lo hemos hecho razonablemente bien como grupo, como género y como especie.

Es una visión optimista. Yo soy muy optimista.

El progreso tecnológico es muy claro pero déjeme que le plantee dudas respecto al plano interior, individual. Pues creo que también hemos evolucionado mucho en lo mental y en lo emocional. Los valores de la Justicia, la Igualdad, la solidaridad o la Libertad hoy imperan como nunca antes en la Historia. Lo que sí sucede es que tenemos un problema muy, muy grave: nos estamos cargando el planeta y acelerando la llegada de la sexta extinción. Trabajamos con entusiasmo para exterminarnos.

Enrique Baquedano se define como “hedonista absoluto”, y como tal, disfruta de la conversación. Se recrea en la charla, le gusta alargar el diálogo; aunque quizás menos que leer –“nada me da más placer que un buen libro”-, y también menos que viajar.

Enrique Baquedano en las selvas de Indonesia.

¿Cuándo empezó a moverse la humanidad? Hasta ahora sabemos que los últimos Homo habilis, o los primeros Homo ergaster, salieron de África en torno a 1,8 millones de años atrás a través de la franja palestino-israelí y llegaron a zonas del Cáucaso. Después colonizamos China, Indonesia y Europa. Esa capacidad de movernos, de migrar, es inherente al ser humano.

Es curioso que tanto tiempo después algo tan natural se vea como un problema. Pero a pesar de las barreras administrativas, políticas o burocráticas se trata de un fenómeno imparable y enriquecedor. A lo sumo se pueden controlar los flujos, pero nada más. La interculturalidad, además, viene de muy lejos.

Pues todavía existe mucha gente que apela a cierta pureza racial para determinar rasgos de identidad o pertenencia. Hay quien percibe que los españoles actuales estábamos aquí en el 711; entonces llegaron los moros, y luego se fueron. Siempre intento explicar que tenemos mucho de celtíbero, pero también de romano, de visigodo, de árabe, de fenicio, de francés y de todos los pueblos que han pasado por aquí. Entonces el hispano en estado puro no existe. Ninguno. Si nos revisáramos genéticamente mediante un estudio de ADN veríamos que estamos en conexión directa con los celtas, que a su vez procedían de Centroeuropa. Es un debate absurdo.

Hablando de mezcla, le devuelvo a la Prehistoria. Los primeros sapiens salen de África, ¿y con quién se encuentran? Las primeras oleadas con nadie. Las segundas y terceras, del Pleistoceno Medio y el Medio Final, sí se van a encontrar con grupos prexistentes, y ahí se produce una competencia clara. No me cabe ninguna duda que todas las expansiones poblacionales han sido siempre a base de conflictos, de lucha por el territorio y por el acceso a los bienes naturales: el agua, la alimentación, las presas, los terrenos para la agricultura…

Diferencias entre cráneos neandertales (izquierda) y del Homo sapiens.

¿Sabemos qué pasó cuando coincidieron sapiens y neandertales? Hubo muchos contactos, y desde luego, absorción mutua. En principio, parece que aprendieron más los neandertales, pero con toda seguridad también los sapiens aprovecharon los conocimientos de una gente que ya vivía en Europa y tenían su etología adaptada a este continente frío.

Disculpe mi ignorancia pero, ¿cómo se puede llegar a semejante conclusión? Desde el punto de vista biológico, hace muy poco tiempo se ha descifrado el genoma neandertal, y el de los sapiens lo conocemos bastante bien. En consecuencia, sabemos que nosotros tenemos incorporado entre un 2,5 y un 4% de ADN neandertal. Y en lo cultural, hay una serie de yacimientos, sobre todo en Francia, donde se aprecian con claridad niveles intermedios entre los atribuibles a los neandertales y los que ya son del Homo sapiens: allí se produjo la mezcla de ambas culturas en términos tecnológicos.

Supongo que esto es ciencia ficción pero, ¿seríamos muy diferentes si tuviéramos un 96% de neandertal y un 4% de sapiens? Creo que no. En lo físico, incluso relativamente parecidos. Con el paso del tiempo, ellos habrían evolucionado, se habrían adaptado más a este clima y a las necesidades de encefalización, por lo que creo que casi no habría distinciones.

Y hubiésemos viajado igual… Con toda seguridad. El grado de desarrollo sería muy semejante, y dispondríamos ahora de cohetes espaciales para ir a la Luna tan ricamente.

Rodolfo Chisleanschi
(Entrevista publicada en la revista Paisajes desde el Tren. Mayo 2012)