El Barça con doble pivote… o la variante Song

Alex-Song“Dejar la portería a cero es una de las cosas que tenemos que mejorar”, dejó caer ayer Jordi Roura en la sala de prensa de Granada tras la enésima victoria del Barcelona y el gol número 27 recibido por Víctor Valdés en Liga, los mismos que lleva en su contra el Osasuna, por poner un ejemplo.

El dato pasa un poco desapercibido gracias a los números estratosféricos de la delantera blaugrana en general, y de Lionel Messi en particular, pero es lógico que preocupe al cuerpo técnico del cómodo líder del torneo español. Sobre todo porque en las próximas tres semanas esperan al Barça compromisos que se miden por la delicada vara de un gol, y no por el recorrido de una larga temporada.

El doble enfrentamiento en Champions ante el Milan y la revancha de la semifinal de Copa del Rey contra el Real Madrid obligarán a corregir los indudables problemas defensivos que tiene la versión 12-13 del equipo que dejó Pep Guardiola y dirige el tándem Vilanova/Roura.

Y en este sentido cabe preguntarse si se habrán planteado alguna alternativa en un intento por disimular desde lo táctico las falencias que puntualmente pueden ocurrir desde lo individual. Porque está claro que ni Dani Alves, aunque su rendimiento está en alza, ni Javier Mascherano, ni Carles Puyol, a quien las lesiones impiden alcanzar un ritmo sostenido de competición, pasan por sus mejores días.

¿Qué hacer entonces para ir al Giusseppe Meazza o defender el 1-1 de Copa obtenido en el Bernabéu sin exponerse más de la cuenta a goles que pueden dejar fuera de combate al máximo favorito en ambas competiciones? La respuesta al interrogante podría tener dos fases. La primera pasa por una decisión filosófica que deben tomar sus regidores: hasta dónde este Barcelona representante de la estética y el purismo es capaz de sacrificar un mínimo porcentaje de su estilo para proteger algo más sus espaldas. Solo si la respuesta concede una posibilidad en ese sentido será posible pasar a la segunda parte.

Y esta se resume en un nombre: Alexandre Song. Hasta hoy, y desde su llegada, el camerunés ha contado relativamente poco, más aun si se mira el coste de su fichaje (19 millones de euros). Puede entenderse como normal, dado el período de adaptación que se necesita para rendir con garantías en un equipo con un juego tan peculiar como el del Barça, y en un puesto vital y de máxima exigencia como el de medio centro. Le pasó a Mascherano, que contaba con el idioma a su favor, hasta que Guardiola le encontró acomodo en el fondo de la defensa.

Pero con más de media temporada transcurrida, y sobre todo después de ver su actuación de la semana pasada frente al Getafe, quizás haya llegado el momento de mirar a Song y contemplar la posibilidad de incorporarlo al centro del campo junto a Sergi Busquets. ¡¿El Barça con un doble pivote?! Sí, ¿por qué no? Cualquier equipo, incluso el catalogado como el mejor de la Historia, tiene la obligación de cambiar, de evolucionar y adaptarse de la manera que crea conveniente a los momentos y circunstancias que vive durante la competición.

En definitiva, un centro del campo con Iniesta, Song, Busquets y Cesc (o Xavi, si se recupera a tiempo) no difiere demasiado al que forman estos mismos hombres con Xabi Alonso en lugar del camerunés en la Selección de España, y tras la última Eurocopa ya nadie se rasga las vestiduras al respecto. Más aun, una alineación con los cinco nombrados y Messi imitaría fielmente a lo que hace Vicente Del Bosque cuando decide jugar sin un delantero centro nato. No lo hará el Barça, que siempre apostará por mantener a Pedro o Alexis para abrir el campo, pero vale la aclaración.

Con el aporte de Song, el Barça ganaría un efectivo a la hora de cortar las contras rivales, un hombre corpulento para la lucha de balones aéreos y con sentido táctico para cubrir las espaldas de Alves o Jordi Alba, o incrustarse en el ábusquets-scoring-1-0-barcelona-against-chelsea-2012-el-pais-pierre-marcourea de Valdés cuando los centrales deban acudir a tapar vías de agua en las bandas. ¿Y qué perdería? Muy poco en el control del juego, porque el adelantamiento de Busquets sería suficiente para mantenerlo, y tampoco mucho en la llegada, ya que en lugar de Cesc o Xavi sería el espigado Sergi quien pisaría la zona de riesgo rival con más frecuencia.

La diferencia más notable de la presencia de un doble pivote sería, tal vez, la pérdida de un jugador más adelantado para el inicio de la presión defensiva en campo rival, algo que la actual versión del Barça en realidad solo realiza como respuesta inmediata a una pérdida de balón en ataque. Cabe preguntarse, en todo caso, si esa presión adelantada es lo que más conviene en un partido de ida en Milan, o en una revancha con resultado a favor frente al Real Madrid.

Si no es así, quizás la variante Song debería ser tenida en cuenta. Vilanova/Roures tienen la palabra.

Fútbol y evasión de impuestos: los estafadores nunca se embarran

Coutinho y Pelé, en un partido del Santos

El binomio fútbol-impuestos es una pareja ofensiva tan letal como pudieron ser en su día Pelé-Coutinho, Eusebio-Coluna, Maradona-Careca o Butragueño-Hugo Sánchez. Cada tanto aparecen aquí y allá denuncias sobre opacas operaciones fiscales que implican a clubes, futbolistas, empresarios y dirigentes cuyo único objetivo al realizarlas es reducir las cargas impositivas sobre sueldos, fichas o transferencias varias veces millonarias.

Hablamos de complejas maniobras contables que incluyen, entre otras, triangulaciones en los pases a través de clubes situados en países de fiscalidad más laxa en relación a los participantes en el traspaso, como pueden ser el Locarno en Suiza; el Bella Vista o el Sud América en Uruguay; o el Unión San Felipe en Chile; la creación y posterior venta de empresas fantasmas situadas paraísos fiscales; o directamente el cobro de dinero en bancos de países con normas impositivas “favorables”, tal como ocurrió con los jugadores de la Selección Española que pidieron depositar los premios por ganar Eurocopas o el Mundial en cuentas abiertas en Austria o Sudáfrica, es decir, alejadas del control de la Agencia Tributaria española.

Javier Mascherano y Xabi Alonso, en su etapa en el Liverpool inglés

La última noticia al respecto, bien fresquita, salpica al madridista Xabi Alonso y al barcelonista Javier Mascherano, quienes habrían creado sendas empresas en la zona franca de Madeira (sí, ahí donde nació Cristiano Ronaldo), a raíz de sus pases del Liverpool inglés al fútbol español.

Y más allá de la certidumbre o no del rumor, cabe preguntarse cuál es el grado de responsabilidad de los futbolistas en estas maniobras. Sin dudas, legalmente es alto. En definitiva, son ellos los que firman contratos, o la apertura y cierre de cuentas o de empresas. ¿Pero de verdad saben lo que firman? ¿Hasta dónde conocen las consecuencias? ¿En qué medida se plantean qué hay detrás de esos papeles?

No se trata de presentar aquí a los futbolistas como seres angelicales e ingenuos manejados por seres inescrupulosos que les obligan a rubricar negocios en los límites de la legalidad, entre otras cosas porque es imposible generalizar. Habrá quienes sepan lo que hacen. Pero sin lugar a ninguna duda son los menos.

El jugador de fútbol, por norma general, sabe de economía lo que la inmensa mayoría de la población: poco y nada. En un porcentaje abrumadoramente mayoritario, proviene de entornos modestos, muy alejados del mundo de las finanzas, y su nivel de estudios rara vez alcanza el nivel terciario. Pero además, y aunque así fuese, cuando su carrera comienza a despuntar y el dinero empieza a fluir, su juventud le impediría conocer los entresijos de un universo que tampoco le interesa, más allá de saber que su cuenta de ahorros va creciendo y su poder adquisitivo le va permitiendo lujos, caprichos, coches deportivos y casas cada vez más grandes.

Así es que aparecen en escena los verdaderos protagonistas de estos sucesos económicopoliciales: agentes, representantes, administradores y demás personajes que se ocupan de atender todas las necesidades del futbolista una vez que sale del vestuario. Ignasi Maestre Casanovas es el último nombre surgido de estas cavernas, ya que aparece como presunto responsable de los manejos financieros de Alonso y Mascherano. Pero la lista es larga; las trampas, muchas; y la impunidad, prácticamente una norma.

Hace algunos meses, la AFIP, equivalente argentino de la Agencia Tributaria, intentó destapar los múltiples fraudes que se esconden bajo las alfombras de las transferencias de futbolistas. Hubo denuncias, amenazas, incluso un intento de frenar el comienzo del torneo, pero por ahora todo sigue igual. El fútbol es una vaca que amamanta a millones de personas y en el que participan grandes emporios inversores a través de la publicidad, el patrocinio, los medios de comunicación, el merchandising, etc., etc. Puede caer algún chivo expiatorio de cuando en cuando, pero la pelota debe seguir rodando. Siempre.

Estas personas, ya sean físicas o jurídicas, tienen por norma tomarse muy a pecho el mandato de exprimir al máximo las posibilidades de obtención de beneficios de sus clientes, entre otras cosas, porque en muchas de las operaciones cobran jugosas comisiones que elevan sus propios patrimonios. Y los futbolistas, o sus padres o sus tíos o quienes sean las personas de confianza que contratan los servicios del “experto”, se entregan de cuerpo y alma a sus decisiones. Tampoco tienen muchas más salidas.

A medias entre la inconsciencia y la ignorancia; la indiferencia y el alejamiento de la realidad que brinda una vida que tiende a encapsularlos en una burbuja en la medida que crecen la fama y los millones, parece normal que acepten los “buenos consejos” de quienes teóricamente defienden sus intereses y actúan para asegurar al futbolista, a su familia y a su descendencia, el mejor futuro económico posible una vez que cuelgue los botines.

¿Que eso puede convertirles en evasores fiscales? ¿Que es reprobable desde el punto de vista ético? Seguramente serán acusaciones que les sonarán a chino básico. A ellos, pero también a sus fans, que les pedirán cuenta mucho antes por un penalty fallado en un partido clave que por el rendimiento de sus impuestos.

Andrés Iniesta en la última Eurocopa. Foto: AP/John Suber

Algo de eso ocurrió cuando le preguntaron a Andrés Iniesta por el tema del país donde se cobrarían los premios por la última Eurocopa ganada por España o por una presunta donación de los mismos a causas sociales. Ni sabía de qué le hablaban. Iniesta, como Alonso, Mascherano y casi todos los demás, sigue el dictado de sus asesores financieros. Su preocupación es cuidarse, entrenar, mejorar y ganar.

¿Que podrían preocuparse algo más por el manejo de sus dineros? Por supuesto. Pero eso es tan cierto como que su ignorancia en estos temas les convierte en personas muy fáciles de convencer. Entonces firman transferencias extrañas y contratos opacos, papeles que, tal como nos sucede a la mayoría al descargar un programa en internet, contienen cláusulas infinitas e incomprensibles para el común de los mortales. Hacen click en Acepto, como hacemos todos, y se dejan llevar.

Entonces, apuntarles a ellos como miserables delincuentes que evaden impuestos es cuanto menos un acto de demagogia ventajista. Los futbolistas son los que salen a la cancha, los monos que alimentan el circo. Los estafadores están en otra parte, en lugares donde nunca se van a embarrar los pantalones.