Reflexiones venezolanas

Foto: AP

1. Me llega, rebotado, un tuit de Antonio Caño, periodista de El País, corresponsal desde hace muchos años en Estados Unidos y especializado en Latinoamérica. Dice: “No creo que sea momento de frustración para oposición Venezuela. Han perdido contra la maquinaria de un estado al servicio de un hombre”.

2. Desde hace años, no dejo de escuchar que Hugo Chávez ejerce una “dictadura” en Venezuela.

3. Desde que nací, en Latinoamérica y en España, no hay mayor ejemplo de democracia en el mundo que Estados Unidos.

4. No me considero, ni me he considerado nunca, “chavista”.

Algunas ideas sobre estas cuestiones.

1. Mi tuit de respuesta fue: “¿Pq no hace el mismo análisis cuando en Europa o USA se pone la maquinaria del estado al servicio del bipartidismo corrupto?”
En efecto, quienes manejan el estado siempre ponen su maquinaria a trabajar para sí mismos. Sin embargo, no se dice nada cuando se trata del habitual gatopardismo PP-PSOE, Demócratas y Republicanos, Laboristas y Conservadores…
El Gobierno de Chávez tendrá sus corrupciones, de eso no tengo dudas.

J. Stiglitz en Madrid

¿Pero no lo es un sistema donde los lobbies empresariales compran voluntades políticas a través de sus aportes para las campañas electorales? No lo afirmo yo. Lo dijo Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía, en su último paso por Madrid.

2. Curiosa “dictadura” la de Chávez, que además de las elecciones preceptivas, ha planteado tres referéndums constitucionales, de los cuales perdió uno. ¿Cuántos referéndums se plantean en Estados Unidos? ¿Cuántos en España, UK, Alemania…?

3. En Venezuela el voto no es obligatorio. En Estados Unidos tampoco. En Venezuela ayer participó el 81% del censo. En Estados Unidos apenas suele superar el 50%. A una la llaman “dictadura”, el otro es ejemplo de “democracia”.

4. Sigo sin considerarme “chavista”, pero tampoco acepto que me tomen el pelo tan fácil. ¡Ya está bien!

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El Editorial del Domingo

UNA RONDA DE PÓKER

Y por fin, pese a todas las previsiones, no hubo rescate.

Si algo habrá que admitirle a Mariano Rajoy será su enorme capacidad para mantener la calma en las peores tormentas. Tal vez sea su mayor virtud. La que le permitió sobrevivir a dos derrotas electorales sin perder el timón de su partido, pese a la cantidad y variedad de sablazos que por entonces buscaban cortarle el cuello. Seguramente, fue en aquellos tiempos cuando creó un caparazón que aguanta todo tipo de presiones, ya sea que vengan desde las entrañas de sus compañeros de fila, o desde el mismísimo Goldman Sachs.

Mariano Rajoy, durante la entrevista concedida a TVE esta semana.

La resistencia numantina de Rajoy en una semana que se preveía vital, ayudada por los vientos favorables del siempre volátil “mercado”, revela que, contra lo que muchas veces puede parecer, tiene un plan, una guía de campo. Su instinto de conservación le indica que si alcanza a atravesar sin mayores castigos las elecciones del 21-O tomará aliento para llegar a Navidades. Y como su confianza a prueba de balas le hace vislumbrar algunas mínimas señales de recuperación para principios de 2013, cree que por esas fechas lo peor ya habrá pasado. Es su visión, y por eso es capaz de plantarse y actuar contracorriente. Otra cuestión es que acierte en el diagnóstico.

Los primeros síntomas sobre su decisión de no mover ficha los conoceremos mañana, cuando abran las bolsas y se sepa qué ocurre con la prima de riesgo, esa que Rajoy pretende conocer por anticipado para decidir si pide o no el bendito rescate. Habrá que ver si los inversores, que ni hablan ni actúan en gallego, aceptan de buen grado esta reticencia para someterse a aquello que piden desde Hollande a The Economist, pasando por Monti y Goldman Sachs.

Por ahora, en Moncloa decidieron hacer más caso a The Guardian y a Joseph Stiglitz, que desaconsejan la llamada de auxilio. Y dentro de lo que cabe no es, en principio, una mala noticia. Aceptar un préstamo masivo del BCE avalado por el FMI, al margen del coste político para el Gobierno, implicaría unas condiciones draconianas que cortarían de raíz cualquier posibilidad de crecimiento económico y salida de la recesión durante varios años. Aunque para ser sinceros, las que promete anunciar De Guindos en los próximos días tampoco serán mucho mejores, ni para la salud de la economía española, ni mucho menos para los habitantes de este país.

Pero como este Gobierno no gana para sustos, la semana abrió de par en par otro frente que ataca el caparazón del Presidente. La manifestación del martes en Barcelona fue, en contra de los pronósticos, mucho más contundente y significativa que la convocada ayer por los sindicatos en Madrid para solicitar un referéndum sobre el rescate y los recortes. Como si hoy por hoy, y al menos en Cataluña, la cuestión de la independencia estuviera muy por delante de los temas relativos a crisis, recortes y demás.

Lo cierto es que para unos y otros, es imposible no tomar en serio a la muchedumbre que copó las calles en la Diada. Uno de cada seis catalanes salieron a apoyar la creación de un Estado propio al margen del español, y aunque muchos de ellos tal vez cambien de idea si se les explica en detalle las enormes dificultades de desarrollo que encontraría en el principio del camino una Catalunya (así, con “ny”) independiente, el movimiento ya no será fácil de detener.

Para Artur Mas, el éxito de la Diada es, sin dudas, un gigantesco balón de oxígeno. Sacudido por los casos de corrupción y golpeado por su durísima política de recortes sociales, el Presidente de la Generalitat pasa a copar de pronto el centro de la escena, refuerza su postura para negociar el Pacto Fiscal con el Gobierno central, y hasta puede jugar la baza de adelantar las elecciones autonómicas para aumentar su poder en el Parlament.

Foto: AFP

Pero como Rajoy con el rescate, su partida de póker también está llena de trampas. La primera es saber si él mismo no es un tramposo. Dicho de otro modo, ¿quiere de verdad Mas la independencia o está pidiendo el infinito para quedarse con algo mucho más terrenal? Para empezar, los grandes empresarios catalanes, banqueros incluidos, no tardaron ni 48 horas en hacerle saber que no piensan acompañarle si pretende ir tan lejos. Que una cosa es mejorar la situación fiscal catalana y manejar la caja impositiva, y otra muy diferente es salirse del euro y la Unión Europea, enemistarse con los españoles y poner en riesgo un mercado al que va dirigido el 47% de su producción industrial. Si hasta Sandro Rosell, el presidente del Barça, se apresuró a afirmar que pase lo que pase, los Messi, Iniesta, Xavi y compañía seguirán jugando en la Liga española (otra cosa será que se lo permitan llegado el momento).

Por otra parte, queda por saber cuál es el plan para desarrollar un Estado independiente. Antes de la manifestación del martes circulaba por las redes sociales un manifiesto, escrito en catalán, especificando razones por las cuales no salir a la calle. Una de ellas hacía hincapié en este punto, y aseguraba que el único plan de futuro expuesto hasta la fecha propone equiparar Cataluña a Andorra, es decir, poco menos que convertirlo en un paraíso fiscal. No está avalado por ningún grupo o partido con peso, pero teniendo en cuenta que la primera gran apuesta de futuro de la Generalitat ha sido el Parque Barcelona World, al menos da para reflexionar. Aunque eso, piensan en Madrid y buena parte del resto de España, ya será un problema que deberán resolver del Ebro para arriba si deciden dar el paso.

Rescate, Cataluña, reformas, déficit, el referéndum que piden los sindicatos… Rajoy no tiene tiempo para aburrirse. Pero el tiempo es, justamente, lo que mejor maneja. Habrá que ver qué opinan al respecto Goldman Sachs, Merkel, Hollande, Artur Mas y los millones de personas, que por uno u otro motivo, pasan últimamente muchas de sus horas en las calles de media España.

 

 

 

Lecciones de economía (para leer y aprender)

La economía nos mueve, nos preocupa, nos condiciona. Y también nos incomoda, porque no resulta fácil entenderla ni aprehenderla. Entonces le solemos dar la espalda y concluimos que no podemos hacer nada, que no queda más remedio que dejarse llevar por quienes supuestamente saben del tema.

Pero no hay que perder las esperanzas. En apenas dos días, las librerías españolas van a acoger un par de muestras concretas de que existen alternativas ante la deriva económica que está tomando nuestro mundo. Y en ambos casos, con explicaciones sencillas y accesibles para los no entendidos, que somos casi todos.

Hoy sale a la venta En deuda. Una historia alternativa de la Economía (Editorial Ariel Pública). Su autor es David Graeber, uno de los líderes del movimiento Occupy Wall Street, que habla fundamentalmente del concepto de deuda. Desde el principio de los tiempos, con los primeros imperios agrarios y sus sistemas de créditos, hasta la actualidad, cuando por primera vez nos encontramos ante una sociedad dividida entre deudores y acreedores. Graeber rompe con muchos tópicos, desmonta creencias y nos ofrece otra manera de ver y entender el capitalismo.

Y mañana, Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía, presenta El precio de la desigualdad (Editorial Taurus), un estudio pormenorizado de las razones que conducen a un aumento creciente de las diferencias entre pobres y ricos. Pero también de sus consecuencias, desde la pérdida de cohesión social al incremento en los índices de criminalidad; y de las reformas que se podrían realizar para crear una sociedad más justa y equitativa, además de una economía más sólida y estable. El precio de la desigualdad desmitifica el libre mercado como esa panacea que venden muchos economistas del Poder –y su coro de adláteres en los medios de comunicación-, y revela cómo los Gobiernos de diferentes países promueven estas políticas que debilitan cada día los valores de la democracia y de la ley.

Dos ofertas tentadoras que sin dudas darán muchos argumentos a quienes sienten que mucho de lo que nos cuentan gobernantes y tertulianos es mentira, pero no saben cómo combatirlo y demostrarlo.

A partir de este finde ya será más fácil, simplemente hay que pasarse por una librería.