La Foto del Viernes: Ardor madrileño

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Foto: AntonioD

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La víspera de un Madrid-Aleti -o de un Real Madrid-Atlético de Madrid, para quien no esté tan ducho en materia futbolística– siempre se vive de un modo especial en la capital de España.

Pero hoy, 24 horas antes del choque en el Santiago Bernabéu, hay más expectativa de la habitual. Porque por primera vez en muchos, muchos años, la situación parece haber cambiado. El Aleti va a Chamartín con ocho puntos de ventaja sobre su vecino y la confianza de cortar una racha de sinsabores demasiado prolongada en el tiempo. Y el Madrid, este Madrid herido y un poco tocado… es siempre el Madrid.

Entonces la temperatura sube, los espíritus se encienden, y la pasión alcanza el cielo, palpitando desde el atardecer un fin de semana con pronóstico ardiente.

Ni «especial», ni «único». Apenas ganador y muy bueno

Manuel Pellegrini

Campeón en Argentina con San Lorenzo de Almagro y River Plate. Semifinalista de Champions League con un club tan modesto como el Villarreal. Subcampeón en 2009 con el Real Madrid, a apenas tres puntos del “invencible” Barcelona de Guardiola. Y en la actualidad, feliz conductor de un Málaga que camina con firmeza en Liga y Champions pese a los sobresaltos económicos del último verano y la marcha de jugadores importantes como Santi Cazorla o Rondón.

Hablo, por supuesto, del chileno Manuel Pellegrini, aquel entrenador que Florentino Pérez no quería, pero decidió aceptar en el Real Madrid porque era una apuesta personal de Jorge Valdano (por entonces Director General del club). Pérez, quien a su vez iniciaba su segunda etapa presidencial en la entidad blanca, lo presentó el 2 de junio de 2009 y le ofreció conducir un equipo que se iba llenando de fichajes desorbitadamente millonarios (Kaká, Cristiano Ronaldo, Benzemá…). Durante los tres años anteriores en Villarreal, el ingeniero Pellegrini había demostrado ser un entrenador con buen gusto futbolístico y que con tiempo para trabajar lograba cohesión, solidez y buenos resultados. Lo decía su currículum y por eso lo fichó el Madrid. Pero esos resultados eran lo único que podía defender Valdano ante Florentino, un resultadista a ultranza. ¿Cómo se logran los títulos? No es algo que importe a Pérez, a tenor de lo que vino luego…

Seguramente no serán pocos quienes consideren a Pellegrini el padre de un año de fracasos para el Real Madrid. No hubo títulos y resulta imposible no recordar el Alcorconazo o la eliminación en octavos de final de Champions ante el Olympique de Lyon. Parte de responsabilidad habrá tenido, por supuesto, aunque la menor, porque al Alcorcón (equipo de 2ª B en 2009) se lo debió superar incluso sin entrenador en el banquillo, solo por jerarquía de futbolistas (Guti, Gago, Higuaín, Kaká, entre otros); y porque frente al Lyon, el Madrid fue superior y mereció pasar de ronda. Pero el director técnico no queda solo frente a la portería y la estampa contra el palo derecho como hizo Higuaín, ni manda a las nubes no menos de tres tiros libres como hizo Cristiano Ronaldo. No. El entrenador solo puede sufrir en la banda e intentar mejorar diariamente en los entrenamientos. Pero suele ser el primero en pagar los platos rotos.

Sentenciado en febrero de 2010, Pellegrini tiró de profesionalismo, no se rindió, y sumó 96 puntos en su periplo como entrenador del Madrid. Nunca sabremos lo que hubiera pasado de haber continuado en el cargo, algo que la mayoría del madridismo deseaba, pese a los ataques que el chileno recibió de los medios afines al club blanco, que lo hubieran despachado luego de aquella noche de eliminación europea. Lo que vino en el Real Madrid tras su despido es muy sabido: pocos éxitos deportivos (1 Copa del Rey, 1 Liga y 1 Supercopa española) y poco  “señorío”, aunque el presidente haya dicho en una asamblea de compromisarios que “señorío también es denunciar las injusticias”. Por supuesto, las que denunciaba el Special One que sucedió a Pellegrini en el banquillo: José Mourinho. Como si Florentino dictara cuál es la “verdadera justicia”. ¿Pero para eso no están los jueces?

Cuesta imaginar al ingeniero Pellegrini “llorando” ante la prensa por quedar eliminado en un torneo y enumerando árbitros para justificar su racanería y la inferioridad de su equipo. Cuesta imaginar a Pellegrini dando la orden de no regar ni cortar el césped del… ¡¡¡Bernabéu!!!!, su propio campo. Cuesta imaginar a Pellegrini como un narcisista que se llame a sí mismo The only one (El único). Y por supuesto, es imposible imaginar a Pellegrini metiéndole el dedo en el ojo al entrenador rival como una pataleta de chiquilín malcriado.

En cambio, resulta muy sencillo ver la labor que realiza Manuel Pellegrini. En San Lorenzo, en River, en Villarreal, en el Real Madrid y hoy en el Málaga*, el chileno sigue demostrando que con tiempo, y si lo dejan trabajar, lo hace muy bien, conforma buenos equipos, se adapta a las circunstancias, logra notables desempeños individuales y colectivos; y sobre todo, obtiene resultados. En silencio, sin hacer ruido, él también sabe y puede ganar, aunque no sea ni “especial” ni “único”. Simplemente, es muy bueno.

Ignacio Mosteirín

* Esta noche, a las 21.30, hora española, el Málaga se enfrenta al Atlético de Madrid en el estadio Vicente Calderón, con el segundo puesto de la Liga en juego.

El Cholismo, el humo y los 20 puntos

Si hoy, con apenas cinco jornadas jugadas y el Atlético de Madrid invicto y segundo a 2 unidades del Barcelona, alguien dice que el equipo rojiblanco acabará la Liga a 20 puntos del que vaya a ser campeón, puede parecer un pronóstico temerario. Pero sobre todo, sonará a peyorativo hacia Falcao y sus compañeros, teniendo en cuenta su marcha triunfal en este comienzo de temporada. Y sin embargo no lo es. Para nada. Basta con mirar los números: el año pasado, el Aleti terminó a 44 puntos del título; y el Valencia, que fue tercero, a 39. Es decir, que una distancia de 20 sería una progresión superior al 50%, que no es poco.

Diego Pablo Simeone

¿Está el Atlético de Madrid en condiciones de lograr esa mejoría? Sin dudas. Y la principal razón tiene nombre y apellido: Diego Pablo Simeone, el Cholo, el hombre que el 23 de diciembre de 2011 llegaba a una Madrid gélida y adornada esperando la Navidad para reemplazar a Gregorio Manzano como Director Técnico, y para intentar el milagro de revivir a un grupo de nombres que no lograban formar un equipo.

Mi amigo Rodolfo Chisleanschi, la verdadera Voz del Rioba, me dijo por aquellos días: “En 5 fechas se acaba el efecto Simeone”; otros periodistas comentaban en las tertulias radiales y televisivas que “el Cholismo es humo”, expresión que significaba que Simeone, con su sola presencia, no iba a cambiar la dinámica de un equipo que en Liga estaba más cerca del fondo de la clasificación que de la punta, en la Europa League sobrevivía a duras penas y ya se había despedido de la Copa del Rey dando un penoso espectáculo ante el Albacete.

Pues bien, el Cholismo no sólo no fue “humo”, sino que en apenas 9 meses ha sido un éxito rotundo. Ganó dos trofeos internacionales: una Europa League inmaculada (con récord de triunfos incluido) y una Supercopa de Europa con baile antológico ante el Chelsea (ridículo campeón de la Champions), actuación que muchos atléticos consideran la mejor de su Historia. No está mal.

Ya podríamos decir que las virtudes del Cholo son más, y más variadas, que las meramente motivacionales. Hay otras medallas que se puede colgar:

1) Agresividad. El Atlético de Madrid hoy es un equipo más agresivo donde hay que serlo: en el área rival, iniciando allí la defensa de la propia portería y siendo el equipo de la Liga española que más remates entre los tres palos realiza.

2) Rendimiento. Los jugadores, aunque parecen otros, son los mismos. Simeone les hizo creer que son imbatibles y ha mejorado a varios en su rendimiento con sistemas tácticos y cambios posicionales. ¿Ejemplos? El más claro es el de Juanfran, quien dejó de ser un mediocre interior derecho para mutar en un lateral tan destacado que hasta se ganó un lugar entre los 22 campeones de Europa con La Roja; Arda Turan hoy es el enganche del equipo, deja la banda para enlazar con los delanteros y poner el pase definitivo de gol; Koke ya no es la promesa de la cantera sino titular en partidos importantes porque sabe marcar y crear, y tiene un golpeo del balón en las pelotas detenidas que generan situaciones de riesgo a favor. Simeone se la jugó con Miranda y Diego Godín como centrales (permitiendo el traspaso de Álvaro Domínguez) y estos le responden con seguridad defensiva y hasta con goles; Mario Suárez corta, juega, pasa y toca de primera demostrando un panorama futbolístico de los que tienen los grandes centrocampistas del mundo (para mí, hoy está al nivel de Xabi Alonso); y claro, Radamel Falcao, a quien ya había dirigido en River Plate y al que este estilo de juego del Cholo le permite meterse en la lucha por el próximo Balón de Oro, por sus goles claro, pero sobre todo por su ambición y su colaboración en la recuperación de la pelota en campo contrario.

3) Unión. El Cholo fue campeón en River Plate y al campeonato siguiente, el mismo equipo y el mismo entrenador fueron últimos. Se dice que esos jugadores le hicieron la cama* para que lo cesaran del cargo. También se dice que esto sucedió porque Simeone les machacaba sin piedad en los entrenamientos y que luego del título esos mismos futbolistas ya no querían más palizas. La realidad es que aquellos jugadores iniciaron el camino de River a la Segunda División argentina, con su mediocre conformismo. El Cholo sabe que para ganar hay que dejarlo todo, sudar hasta la extenuación, vaciarse, y no sólo en la cancha los días de partido.

4) Compromiso. Este Atlético de Simeone es un equipo sólido, solidario, rápido al contraataque, goleador (a día de hoy, 15 a favor en Liga, 1 más que el F. C. Barcelona), con un delantero de enorme nivel (Falcao) y un equipo detrás que está comprometido, sobre todo con su entrenador. Basta con recordar lo que dijo Filipe Luis luego de aquel título en Mónaco ante el Chelsea: “el Cholo no sólo me ha hecho cambiar mi forma de jugar sino también en mi vida, en cómo tengo que encarar cada día, los entrenamientos y los partidos…”. Esto que dice el lateral izquierdo brasileño se entiende viendo al equipo segundo en Liga, ganando en campos en los que no hace mucho hubiera caído sin atenuantes; y lo peor, sin luchar.

¿Se imaginan un equipo del Cholo Simeone que no luche por ganar dejándose el alma? Quien lo haya visto jugar sabrá que esto se antoja imposible. Por eso espero que este Atlético de Madrid luche por todo, aunque compita con dos súper equipos. Que no se resigne al presupuesto de cada uno. Se sabe, el Barça y el Real Madrid tienen más dinero, también más talento, mejores futbolistas y es muy posible que a lo largo de 38 jornadas la distancia entre uno y los otros todavía sea de 20 puntos. Pero estoy seguro que ninguno tiene más corazón que el Atlético de este argentino que siempre jugó con el “cuchillo entre los dientes”, y que desde hace 9 meses ha logrado que sus jugadores le imiten. Sin humo. Tan mal no les va…

Ignacio Mosteirín

* Hacer la cama: actuar para quitarse a alguien de encima, para lograr que le cesen en su cargo. Generalmente aplicable a un jefe.