El Editorial del Domingo: El límite de la paciencia

Beatriz Talegón, dirigente del PSOE, llora al ser expulsada de la manifestación por la vivienda en Madrid.

Beatriz Talegón, dirigente del PSOE, llora al ser expulsada de la manifestación por la vivienda en Madrid.

Cuando la exasperación supera los límites de lo tolerable, las reacciones de la masa resultan difíciles de gobernar. Anoche en Madrid algunos participantes de la concentración convocada por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca obligaron a Juan Fernando López Aguilar, ex ministro de Justicia del Gobierno de Zapatero, y a Beatriz Talegón, la joven militante del PSOE que en el transcurso de esta semana saltó del anonimato al estrellato en los medios, a abandonar la marcha, en ambos casos, escoltados por la Policía para evitar males mayores.

El hecho, debidamente jaleado por quienes estigmatizan a los movimientos sociales como “violentos” y “radicales” antisistema, es sin dudas un error en sí mismo. Los propios afectados reconocen que fue una minoría la que les increpó y que hubo incluso otros manifestantes que intentaron calmar a los más exaltados, aunque esto no alcanza para tapar el fallo: en condiciones normales, nadie debería arrogarse la autoridad para decidir quiénes tienen derecho a acompañar una protesta callejera, siempre que no se haga con ánimo provocativo. El problema es que no vivimos condiciones normales.

Y en la actual situación, el incidente es la demostración cabal de una realidad incontrastable: el límite de la paciencia de buena parte de la población está más que saturado, y hay demasiada gente que ya no puede soportar todo lo que huela a PP y PSOE, los partidos que condujeron a España a esta debacle y que cobijan en su seno las mayores bolsas de corrupción del país (en Cataluña es muy probable que CiU no tarde demasiado en sumarse a la lista de los defenestrados).

El bombardeo de noticias sobre fraudes de distinto pelaje, en el ámbito político, empresarial o en el de la Monarquía (ayer mismo, mientras a Talegón y López Aguilar les afeaban su presencia en la calle; Diego Torres, socio de Iñaki Urdangarín, implicaba aún más en el caso Noós a la Infanta Cristina, cuya no citación al menos como testigo en el juicio ya resulta a todas luces inexplicable), así como las tramas de espionaje incluso entre diferentes facciones de un mismo partido, y el empecinamiento de las estadísticas en negar la mejoría económica que el Gobierno augura, mantienen encendida la chispa de la beligerancia, y el fuego se enciende a la menor brisa.

El Gobierno de Mariano Rajoy parece haberse percatado de la que la cuerda ya no aguanta más tensión. El súbito cambio de decisión respecto a la admisión a trámite de una Iniciativa Legislativa Popular (ILP) sobre el lacerante tema de la vivienda, las hipotecas impagadas y los desahucios es el primer síntoma de flaqueza demostrado en 14 meses de mandato. Pero tal vez esté llegando demasiado tarde.

Joan Rosell

Joan Rosell

En ese sentido, fueron significativas las palabras de Joan Rosell, presidente de la patronal CEOE, al referirse al deterioro de imagen sufrido por el país en estas semanas en las que la corrupción fue el tema asociado a la palabra España en el resto del mundo. El jefe de los empresarios ya ha dado muestras suficientes de que tiene pocos reparos para decir lo que piensa, le caiga mal a quien sea, y en esta ocasión su queja es un dardo directo a los lugares que son el epicentro de los negocios turbios, nada menos que la Casa del Rey y el partido en el Gobierno. Si fue una expresión puramente personal debió haberlo aclarado. Pero si habla en nombre del empresariado nacional no es buena señal para Moncloa saber que los dueños del dinero empiezan a sentirse incómodos con la falta de resolución de las sospechas de fraude en la sede de la calle Génova.

Es bien sabido que la táctica de Mariano Rajoy para resolver los problemas es dejarlos que discurran en el tiempo, para ganar los conflictos por decantación o cansancio. Pero no parece ser el caso. El entuerto Bárcenas genera nuevos episodios casi a diario: el último, la confirmación de que el ex tesorero siguió siendo empleado del PP hasta hace dos meses, o al menos, que el partido le seguía abonando la Seguridad Social, lo cual sería una ilegalidad si ya no existía vínculo laboral alguno. A esto se suma que la creencia generalizada es que queda mucha basura debajo de las alfombras del Poder, y en cualquier momento puede salir a la luz.

Por ejemplo, no sería difícil relacionar a los que donaron dinero a la caja B del PP con quienes fueron adjudicatarios de licitaciones, contratos o semejantes, para resolver la duda de si hubieron o no contraprestaciones.

Es norma que deba existir un corruptor para que alguien se corrompa, y si ese papel le cupo a lo más granado del empresariado nacional, no habrá desodorante ambiental que pueda tapar el olor a podredumbre en todas las organizaciones económicas y políticas del país. Es demasiada turbiedad como para dejar que la solucione el paso del tiempo, mal que le pese a Rajoy.

Y así volvemos al punto de partida. ¿Se le puede pedir calma y cabeza fría a una población que además de ver cómo son esquilmados sus derechos laborales, sociales y hasta civiles, comprueba semejante grado de descomposición ética y moral en sus dirigentes? ¿Es razonable exigirle a quien está en el paro, o le han reducido su salario, o le han aumentado sus horas de trabajo, subido sus impuestos y reducidos sus prestaciones sanitarias y educativas, que comparta tranquilamente una manifestación callejera con representantes de ese poder corrupto y voraz que expulsa cada día a miles de personas de los mercados laborales y de consumo?

Hay algunas cuestiones que están claras: la presión popular nacida el 15 de mayo de 2011 seguirá manteniendo –y quizás incrementando- su presencia en las calles. Más aun si detecta titubeos en el Poder. marea-blanca3Hoy mismo habrá una Marea Blanca en apoyo a la Sanidad Pública, y el sábado que viene, aniversario del 23F, se prepara una gran marcha contra lo que se ha denominado “Golpe de Estado de los Mercados”. Es lícito que cualquier persona quiera apoyarla y acudir a estas concentraciones. Pero cada cual es rehén de sus acciones y también de su pasado. Entonces sería conveniente que aquellas personas que tengan o hayan tenido algún grado de responsabilidad –aunque sea subsidiaria- en la génesis o desarrollo de la crisis, o sean sospechosas de complicidad con la gigantesca estafa producida en este país, se abstuvieran de mezclarse con la multitud. Sobre todo, si su pretensión sincera es ponerse del lado de los movimientos populares.

Porque salvo que expresen de manera pública y directa su distanciamiento de las estructuras de Poder que han llevado a España a la actual situación, su presencia será malinterpretada, provocará altercados, y acabará alimentando a los sectores que demonizan a quienes manifiestan su descontento. Si no dan ese paso, su mejor manera de apoyar es quedarse en casa. Toda elección en la vida tiene un precio, y este es el que hoy se debe pagar por militar o haber militado en el bando de los corruptos y los estafadores, aunque individualmente no se pertenezca a estas categorías.

Y la verdad, tampoco deberían quejarse por recibir un par de gritos o de miradas agresivas. Comparado con el sufrimiento de parados, desahuciados o desasistidos, por el momento lo suyo les está saliendo casi regalado.

Un finde con marcha en las calles

Dice Tom Kucharz, un estudioso de los movimientos sociales en Europa, que no hay país donde exista una movilización permanente tan fuerte y continua como en España. Esto a pesar de que a mucha gente prefiere comprar el discurso de la mayoría silenciosa que venden desde las alturas del poder.

Como si esto fuese poco, lo ocurrido esta semana que se acaba, con el freno y marcha atrás que debió hacer el Gobierno de Mariano Rajoy, tanto en su negativa de admitir a trámite parlamentario la ILP presentada por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), como en el asunto de las tasas judiciales, ha multiplicado el acicate para concurrir a dos manifestaciones a nivel nacional que ya estaban programadas con anticipación, que demuestran que Kucharz no está del todo equivocado, y que sirven de anticipo para la Gran Marea ciudadana contra el Golpe de Estado de los Mercados del próximo 23F.

El sábado, con horarios diferentes en cada ciudad –que pueden consultarse aquí– la propia PAH convoca por el derecho a la vivienda:

Cartel_manifestación_16f

Y el domingo hay una nueva Marea Blanca, que se pretende alcance a buena parte del país y no solo a Madrid, donde por cierto ayer Ignacio González, Presidente de la Comunidad, dejó claro durante el pleno de la Asamblea que el tema empieza a sacarle de quicio. Dejo aquí el cartel de lo programado en la capital.

17F

El finde promete marcha… Nos vemos en las calles.

En Madrid, la lucha goza cada día de mejor salud

Hospital de La Paz

Hospital de La Paz

Ayer, por segunda vez en dos semanas, el Hospital Universitario de La Paz, en Madrid, un centro de referencia a nivel nacional, se quedó sin calefacción. Había ocurrido el 26 de noviembre, «por un problema en la central térmica», según la explicación oficial, y duró dos días. Y volvió a pasar ayer, un domingo gélido en el que los familiares de los pacientes ingresados tuvieron que volver a casa a buscar abrigos y mantas para luchar contra el frío. Hoy, todo seguía igual: el único calor era humano, porque la calefacción continuaba sin funcionar.
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El Centro de Salud «El Torito», en el barrio madrileño de Moratalaz, tiene dos plantas y un ascensor, que se averió la semana pasada. En cualquier edificio, la reparación de un ascensor no suele demorar más de 24 horas. En «El Torito» llevó prácticamente una semana.

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Son apenas dos hechos aislados. Nadie dice que se trate de la norma. Incluso es muy posible que cosas parecidas sucedieran antes y nadie se enterara ni les hiciera caso. Pero el momento es el que es y las circunstancias son las que son, entonces cualquier detalle que escape a la norma puede despertar sospechas de boicot. Porque la sensación de desmantelamiento de la Sanidad Pública está latente; y las alarmas, listas para dispararse al más mínimo roce, a la menor apariencia.

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Ángeles Maestro, ex militante del PCE y de Izquierda Unida, es médica, y una de las más activas defensoras del actual modelo de salud pública que la Comunidad de Madrid pretende desarmar a partir de su Plan de Sostenibilidad. Días pasados estuvo en La Tuerka, un programa del Canal 33, y dio ejemplos de cómo se trabaja en hospitales como el de Alzira (Valencia), público pero de gestión privada, tal como serían siete hospitales madrileños si la reconversión sigue adelante. Este es un extracto de su intervención:

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antorchaEl miércoles 12, una Antorcha por la Sanidad recorrerá Madrid al mejor estilo de las citas olímpicas. Desde las 10 y hasta las 14.30, y con salida y llegada en el Hospital Niño Jesús, en Retiro. Cuatro días después, el domingo, una nueva «marea blanca» cubrirá el trayecto Cibeles-Sol a partir de las 12.

Ya que no tuvimos los Juegos en 2012 ni los tendremos en 2016; y queda por ver qué pasara en 2020, es una oportunidad excelente de saber qué significa pasarse el testigo de una lucha común.

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En el Editorial publicado ayer hablaba de los límites que hoy por hoy tiene la calle como lugar de protesta y caja de resonancia del sentir de buena parte de la ciudadanía. Pues bien, el conflicto de la Sanidad en Madrid es, con diferencia, el único que empieza a estar en condiciones de romper las barreras que hasta ahora han existido entre la calle y los despachos. Porque después de tres semanas continuas de huelgas, la fuerza del personal sanitario -encabezado por los médicos de AFEM- no decrece, si no todo lo contrario. Porque su voz ya ha volado más allá de Madrid y de España, como lo demuestra este artículo de The Washington Post. Porque el clamor de un colectivo que nunca se caracterizó por su espíritu de lucha, que no alienta el radicalismo ni puede calificarse de antisistema, está centrado en la defensa de un modelo de Sanidad Pública; no en demandas salariales ni en los puestos de trabajo. Es decir, que es mucho más profundo, y levanta unas banderas que pertenecen a todos los habitantes de Madrid.

Algunos extraños movimientos en los medios de comunicación alientan la sospecha de que empiecen a abrirse grietas en el seno del Poder, y es posible que haya quienes se estén preguntando hasta dónde es sostenible el Plan de Sostenibilidad.

16D Marea BlancaCada día de huelga que pasa, cada día de resistencia que transcurre, el personal sanitario de Madrid se acerca más a la posibilidad de torcer el brazo de la Administración. Por eso, por lo que cada ciudadano de esta Comunidad se juega en esta pelea, y por el efecto contagio que un éxito en esta lucha podría producir, la comprensión y la participación son más necesarias que nunca. En Madrid y en el resto de España.

Es imprescindible apoyar a médic@s, enfermer@s, auxiliares, administrativ@s… La Sanidad en Madrid se ha convertido en la llave para demostrar que hay opciones y capacidades para dar pelea en otros campos, en otros ámbitos. No se trata de un pedido. Es un ruego, una oración, un mantra, una plegaria… Amén.