El nanodóping, un paso más cerca

Les propongo apelar por un momento a la imaginación, porque aunque se intente explicar, es casi imposible enseñarlo gráficamente. El desafío es construir un tejido humano -muscular, nervioso, cardíaco, arterial…- que incorpore en su interior nanocables (es decir, cables cuyo tamaño es un millón de veces más fino que un milímetro) y transistores, lo cual permitiría “comunicarse” con esas células desde el exterior del cuerpo humano. ¿Me siguen?

El ingenio, bautizado tejido cyborg por sus inventores, científicos de la Universidad de Harvard, se construye a partir de un armazón hecho con colágeno humano al que se le agrega por un lado las células del tejido específico; y por otro, un segundo “andamio” de nanocables y transistores. Las pruebas realizadas demuestran que los tejidos crecen con total normalidad; de hecho, los investigadores han logrado fabricar un vaso sanguíneo de 1,5 cm de largo.

¿Y cuál sería su utilidad? El cyborg podría servir para avisar de alteraciones en la circulación sanguínea o de problemas en el ritmo del corazón, pero también, por ejemplo, para darse un “chute” de adrenalina, cuando alguien -por ejemplo, un deportista- lo considere necesario. Todo manejado con un joystick, como si el propio cuerpo fuera un videojuego.

Por cierto, la palabra inglesa utilizada para nombrar el armazón es scaffold. Su otra acepción es patíbulo…

Nano retinas para volver a ver

Aprendí la palabra, y su significado, en julio de 1999, gracias a que me tocó editar un reportaje sobre el tema para la revista GEO. Nanotecnología, la más diminuta de las ciencias, fue el título de la nota, y muy poca gente sabía por entonces de qué diablos estábamos hablando. Materiales nuevos, 10.000 veces más finos que un cabello humano, con los que se podía fabricar elementos de un nivel de resistencia impensable hasta entonces.

Han pasado 13 años de aquello, y las aplicaciones de la nanotecnología hace ya tiempo que son una realidad. La última conocida, que tal vez me toca de lleno porque trabajo con personas ciegas o de visión disminuida, es la posibilidad de que aquellas afectadas de degeneración macular o retinopatía diabética puedan recuperar la vista (eso sí, por ahora en blanco y negro).

El invento se llama Nano-retina y se encuentra todavía en fase de desarrollo. Se trata de un sensor que a través de una sencilla operación se instalaría en el fondo del ojo y se conectaría con el cerebro a través de las células retinales. Los investigadores calculan que la fase de experimentación clínica comenzará el año próximo y, si todo va bien, se comercializaría a partir de 2015.

Nace una esperanza para millones de personas en el mundo…