El Editorial del Domingo: La metáfora de la pasarela de Benavente

Benavente, un pueblo pequeño de la meseta castellana, ayer fue noticia. Como suele ocurrir en estos casos, debido a un suceso: el derrumbe de una pasarela de madera inaugurada hace un año para salvar un desnivel de 40 metros entre el paseo más bonito de la villa y una zona de recreo junto a la carretera de la Estación. No hubo daños humanos que lamentar porque la estructura ya había dado muestras de su endeblez unos días antes y estaba cerrada al público, pero la historia tiene detalles que vale la pena destacar.

El derrumbe de la pasarela de Benavente Foto: Claudio de la Cal

El derrumbe de la pasarela de Benavente Foto: Claudio de la Cal

La pasarela en cuestión, un horrendo y zigzagueante adefesio de madera que estropeaba la vista de la pequeña colina, costó casi un millón de euros al Ayuntamiento y fue levantada por una constructora perteneciente a la Junta de Comunidades de Castilla y León. Hasta aquí, todo normal. Pero hay dos detalles curiosos: por un lado, el carácter absolutamente innecesario del engendro. Para quien no conozca el sitio, el corazón de Benavente se ubica sobre la citada colina, pero buena parte del pueblo se ha ido desarrollando a sus pies. Es decir, que sus habitantes han subido y bajado miles de veces las cuestas que son parte intrínseca del lugar. Y sin dudas, hubiera sido fácil encontrar otros apartados más sensatos donde invertir el millón de euros en cuestión. Sin ir más lejos, el pequeño hospital de la localidad lleva meses contemplando cómo se van restringiendo servicios y personal, lo que obliga a los benaventanos a viajar a León o Zamora cada vez con mayor frecuencia, una incomodidad evidentemente mayor que subir o bajar las cuestas que conocen desde que nacieron.

El otro detalle tiene que ver con el apartado técnico. La empresa constructora presentó estudios técnicos favorables a su edificación, como no podía ser de otra manera. Pero otros estudios independientes indicaron desde el primer momento que los suelos de la colina son inestables y no pueden sostener durante mucho tiempo la carga de semejante estructura. De hecho, hubo quienes avisaron del peligro de la pasarela mucho antes de que comenzara a verse su fragilidad.

El hecho puede resultar menor, incluso anecdótico. En definitiva, no hubo víctimas y qué le hace una mancha de un millón de euros más al gigantesco tigre del desmadre financiero español. Pero no deja de ser metafórico: hoy por hoy, en este país casi todo parece tener los pies de barro, desde las perspectivas económicas a las promesas electorales y postelectorales, pasando por las pasarelas de los pueblos.

En medio de la desazón que produjo en la cumbre del Poder que no haya sido un español el primer Papa hispanoparlante de la modernidad –nada le hubiera venido mejor al Gobierno del PP que un compatriota en el Vaticano, por razones tanto ideológicas como de oportunismo político-, la semana dejó varias perlas al respecto.

Soraya Sáenz de Santamaría y Fátima Báñez, en la Moncloa

Soraya Sáenz de Santamaría y Fátima Báñez, en la Moncloa

El viernes, Soraya Sáenz de Santamaría y Fátima Báñez anunciaron que ya se ha puesto en marcha una nueva reforma de las pensiones. Sí, esas mismas que Mariano Rajoy prometió no tocar cuando era candidato, y volvió a prometer que las tocaba de forma excepcional hace apenas dos meses. Pues resulta que van a seguir sufriendo “tocamientos” en el futuro cercano. Y si hay que guiarse por el modelo alemán que sirve de inspiración a los popes españoles es fácil deducir la dirección a seguir: vamos hacia el “envejecimiento activo”, es decir, a trabajar hasta que el estado de salud de cada cual lo permita. O lo que es lo mismo, ninguno de los aportantes al Estado durante los años en activo verá recompensado ese dinero invertido cuando llegue a la tercera edad. Sencillamente, porque no habrá jubilación. O la habrá en un grado tan menor que no alcanzará para una vida digna.

Cuando la nueva reforma reciba la sanción correspondiente se cumplirá un nuevo capítulo de la gigantesca estafa que se está perpetrando ante los ojos de los europeos, sin que por el momento se vislumbre una rebelión acorde con el tamaño del robo.

Y las estafas son el nexo en común del resto de perlitas. La que tiene por epicentro la sede del Partido Popular queda cada día más al descubierto, y no precisamente por la transparencia esgrimida por sus dirigentes, diga lo que diga Carlos Floriano, el vicesecretario general de Organización. Las citaciones despachadas por el juez Pablo Ruz a dos ex tesoreros del partido –en ambos casos, como imputados-, se suman a las realizadas anteriormente por su colega Javier Gómez Bermúdez, y acorralan cada vez más las muy opacas finanzas de la formación en el Gobierno. Pero sobre todo, impiden que el suelo deje de moverse bajo los pies de una dirigencia incapaz de sostener sus propias mentiras más allá de declaraciones grandilocuentes, jamás acompañadas por documentos fiables que sirvan para apuntalar unos cimientos que crujen por todas partes.

Hotel de lujo en Larnaca, Chipre

Hotel de lujo en Larnaca, Chipre

La última estafa fue la anunciada ayer como “solución” para el agujero económico en Chipre. Sencillamente, consiste en meterle la mano de prepo en el bolsillo –o en las cuentas bancarias- a los ahorradores de la isla (o mejor dicho, “en” la isla, ya que los extranjeros tampoco se salvarán del desfalco) y obligarles a pagar una especie de “impuesto revolucionario” -de forma directa y sin amenazas mediante, que la UE no es ETA-, para rescatar a un sistema bancario que se hunde. Para hacerlo, y mientras tanto, el gobierno chipriota discute la implementación de una modalidad local del tan tristemente conocido “corralito” que en su día se inventó en la Argentina, destinado a evitar que la gente se lleve sus dineros de los bancos lo más rápido que pueda.

En este punto, se hace imprescindible una aclaración: no existe un modelo único y fijo de “corralito”, porque en realidad no existe un marco teórico para el mismo. En 2001, la Argentina aplicó el que sus autoridades económicas del momento creyeron imprescindible para impedir la caída de su sistema bancario. Eso hace Chipre ahora. Y eso hará en el futuro cada Gobierno que necesite echar mano de medidas semejantes. El español incluido, aunque se haya apresurado a afirmar que la situación chipriota –como la griega, la portuguesa, etc., etc.- no es extrapolable a tierras hispanas.

Los “corralitos” son una herramienta más para robarle el dinero a la gente de a pie, y especialmente a la clase media, siempre la gran perjudicada en estas situaciones. Europa lo inaugura en Chipre. Y resta por ver cómo recibirán la medida los mercados a partir de mañana. Si el temor al contagio acaba con la primavera que viven las primas de riesgo de los países en barbecho –España, Italia…-, o los cantos de sirena emitidos por Bruselas estos días, en el sentido de aflojar las presiones para reducir déficits fiscales, sirven como antídoto o al menos como calmante.

En cualquier caso, Chipre, Moncloa o la sede de la calle Génova demuestran que el subsuelo del sistema mantiene el estado de ebullición permanente que se destapó en el ya lejano 2008. Por lo que quizás, el concejal de Fomento de Benavente tenga razón cuando elude toda responsabilidad política sobre lo sucedido en su pueblo: si la solidez del capitalismo está en entredicho, ¿cómo pretender que se sostenga una simple pasarela de madera?

El Editorial del Domingo: El bipartidismo ha muerto

Nunca aparece dentro de los grandes inventos del siglo XX, y sin dudas es un olvido injusto, porque su creación permitió diseñar las sociedades occidentales tal como las conocemos y tal como las hemos vivido desde hace varias generaciones en buena parte del globo. O al menos, en la parte del globo que ha detentado el Poder desde tiempos coloniales.

El invento se llama bipartidismo, y sin dudas no nació por casualidad, como casi nada de lo que fue conformando una perfecta maquinaria de control de la ciudadanía para satisfacer las necesidades de producción y consumo que alimenta el sistema en el que nos desarrollamos. En su concepción y mantenimiento participaron todos los engranajes que manejan la economía, desde la banca a las corporaciones empresariales, pasando por supuesto por los medios de comunicación, indispensables para delimitar el juego democrático solo entre dos opciones, en teoría siempre diferentes pero siempre muy parecidas, y sobre todo, siempre respetuosas de los poderes reales: los mercados, el dinero, el empresariado, la religión…

No se puede negar que fue un buen invento, porque ha funcionado durante demasiado tiempo. Pero agoniza. Y en algunos sitios ha muerto. En Italia hace ya tiempo, cuando la corrupción socavó la credibilidad de democristianos y socialistas. En España ahora mismo, y en estos días asistimos a su funeral.

Ni NiLos dos grandes partidos que han dominado el panorama político desde el triunfo de Felipe González en 1982 atraviesan hoy sus peores días. Por razones en apariencia distintas, aunque coincidentes en el fondo: son metáforas de una época que se va, de un cambio del cual no se puede predecir el rumbo pero sí su carácter de inevitable.

La semana que se acaba dio muestras fehacientes de esta realidad. Por un lado, la fractura producida entre la secretaría general del PSOE y la cúpula del socialismo catalán parece darle la puntilla a aquel arrogante partido que en los 80, y también en los tiempos más cercanos de ZP, contaba sus votos por encima de los diez millones. Por el otro, la pestilencia de la corrupción a gran escala que surge de la sede del PP aventura un final apocalíptico a la aventura de Mariano Rajoy en la cima del poder.

Pere Navarro

Pere Navarro, primer secretario del PSC

Para el PSOE, Cataluña fue siempre una fuente segura de votos. Durante décadas allí se votó derecha nacionalista en las autonómicas y socialismo en las generales, pero el estallido soberanista puso patas arriba el tablero de juego, y en estos días, cuando primero pidió la abdicación del Rey Juan Carlos; y después al votar en sentido contrario al PSOE en el Congreso por el tema de la consulta independentista en Cataluña, el número 1 del PSC, Pere Navarro, terminó de abrir la zanja con la línea que siguen en la calle Ferraz de Madrid.

El movimiento de Navarro tiene su lógica. La crisis económica va derivando en institucional de manera acelerada, y en ese contexto, la posibilidad de secesión de Cataluña gana puntos cada día. Entonces ya no caben medias tintas, y llegado el momento de mojarse, los socialistas catalanes maniobran en función de su propia subsistencia, sin reparar en el destino de sus hasta ahora socios a nivel estatal. En una futura e hipotética Cataluña independiente, quien no haya apoyado de manera firme el paso de la separación estará condenado al desguace, y el PSC necesita recuperar el terreno perdido.

Entonces Navarro apostó fuerte y apuntó donde duele. Rescató la raíz republicana del socialismo catalán y tiró un misil teledirigido a la Casa del Rey. No pidió el fin de la Monarquía, apenas el retiro de un soberano maltratado por la edad, la salud y los escándalos que crecen a su alrededor. Pero para un partido como el PSOE, que siempre ha mostrado lealtad absoluta a la figura de Juan Carlos, semejante manifestación resulta imposible de digerir.

Así, el divorcio está servido. Cuando se firme, el partido fundado por Pablo Iglesias estará rubricando su derrumbe definitivo. Desgastado por la desastrosa gestión de la crisis económica, sin proyecto, sin un discurso coherente, sin líderes y sin el apoyo catalán su destino será similar al del PASOK griego, una organización menor y sin mayor peso que su prolífica historia.

En la acera de enfrente no están mejor. Lo que no pudieron lograr millones de personas durante un año largo de lucha en las calles está a punto de conseguirlo un solo hombre. Luis Bárcenas amenaza con sepultar al Partido Popular, y quizás arrastrar con él al Gobierno de Rajoy. El culebrón de las andanzas del ex tesorero entrega de modo permanente capítulos nuevos –y a veces desopilantes, como la patética explicación sobre la indemnización pagada que dio María Dolores de Cospedal-, y solo el propio Bárcenas, convertido en guionista, director y protagonista principal de la serie, conoce el final.

Juez Pablo Ruz

Juez Pablo Ruz

El paso dado por el juez Pablo Ruz para buscar conexiones entre la trama Gürtel y los papeles de Bárcenas puede ser en ese sentido decisivo para destapar el mayor caso de corrupción institucional de la democracia española, porque abarcaría dos facetas: financiación ilegal del PP y enriquecimiento ilícito de varios de sus principales dirigentes.

Y lo que ocurra en el ámbito judicial tiene y tendrá, automáticamente, su reflejo político. El primero ya es evidente. En Génova han perdido los nervios. Lo demostró el balbuceo incoherente de Cospedal y lo certifican todas las fuentes, que hablan de disensos crecientes entre los diferentes grupos de poder del partido. Suele ocurrir. En este tipo de organizaciones hay dos tipos de conflictos latentes: para pelear por trozos de la tarta cuando se gana, o para echar las culpas cuando se pierde. En este caso, el PP inaugura una tercera vía: la lucha por escapar lo menos sucio posible de un barrizal que salpica a todo el mundo.

Pero en tanto esta sea la principal preocupación de sus dirigentes ni podrán gestionar como corresponde la peor crisis que vive España desde los tiempos de posguerra -en el supuesto caso que supieran hacerlo-, ni se percatarán de la lastimosa imagen que ofrecen a la sociedad. El resultado, inevitablemente, ya empiezan a adelantarlo las encuestas y se verá en la próxima cita con las urnas: la hemorragia de votos será inexorable.

Hoy por hoy es una quimera vaticinar cuándo los españoles volverán a ser convocados a elecciones, pero sí se puede asegurar que el escenario que saldrá de ellas no guardará ninguna relación con lo conocido hasta la fecha. ¿Habrá una subida fuerte de las opciones de izquierda? ¿Surgirá alguna fuerza de centro, por ejemplo la propia UPyD, capaz de aglutinar el voto disidente de los gigantes caídos en desgracia? Cualquier afirmación en este sentido es jugar a las adivinanzas.

Lo único concreto es que uno de los grandes inventos del sistema capitalista para mantener el control estricto del poder está a punto de pasar al desván de la Historia. El bipartidismo ha muerto. Descanse en paz…