Tiempo de mediocres

Caricatura de José Ingenieros

Caricatura de José Ingenieros

Giuseppe Ingegnieri nació en Italia en 1877, y sus padres lo llevaron a la Argentina cuando todavía era un niño. Después estudiaría en el Colegio Nacional Buenos Aires, más tarde haría la carrera de Medicina. Pero también fue escritor, filósofo y sociólogo. Y participó en política. Su libro más célebre fue El Hombre Mediocre, un ensayo sociológico escrito en aquellas primeras décadas del siglo XX, y al que pertenece el extracto que sigue a continuación.

José Ingenieros falleció en Buenos Aires en 1925, a los 49 años de edad.
“Cada cierto tiempo el equilibrio social se rompe a favor de la mediocridad.
El ambiente se torna refractario a todo afán de perfección, los ideales se debilitan y la dignidad se ausenta; los hombres acomodaticios tienen su primavera florida.
Los gobernantes no crean ese estado de cosas; lo representan.
El mediocre ignora el justo medio, nunca hace un juicio sobre sí, desconoce la autocrítica, está condenado a permanecer en su módico refugio.
jose-ingenieros-el-hombre-mediocreEl mediocre rechaza el diálogo, no se atreve a confrontar, con el que piensa distinto. Es fundamentalmente inseguro y busca excusas que siempre se apoyan en la descalificación del otro. Carece de coraje para expresar o debatir públicamente sus ideas, propósitos y proyectos. Se comunica mediante el monólogo y el aplauso.
Esta actitud lo encierra en la convicción de que él posee la verdad, la luz, y su adversario el error, la oscuridad.
Los que piensan y actúan así integran una comunidad enferma y más grave aún, la dirigen, o pretenden hacerlo.
El mediocre no logra liberarse de sus resentimientos, viejísimo problema que siempre desnaturaliza a la Justicia.
No soporta las formas, las confunde con formalidades, por lo cual desconoce la cortesía, que es una forma de respeto por los demás.
Se siente libre de culpa y serena su conciencia si disposiciones legales lo liberan de las sanciones por las faltas que cometió.
La impunidad lo tranquilizaSiempre hay mediocres, son perennes. Lo que varía es su prestigio y su influencia.
Cuando se reemplaza lo cualitativo por lo conveniente, el rebelde es igual al lacayo, porque los valores se acomodan a las circunstancias.
Hay más presencias personales que proyectos. La declinación de la “educación” y su confusión con “enseñanza” permiten una sociedad sin ideales y sin cultura, lo que facilita la existencia de políticos ignorantes y rapaces.
José Ingenieros

 

La Entrevista: Daniel Kaplún Hirsz (sociólogo)

“Por ahora, la exigencia social es nostálgica. Queremos que nos devuelvan lo que nos han quitado. Cuesta aceptar que la vuelta atrás es imposible”

– Una charla sobre las nuevas organizaciones sociales que van surgiendo.
– Los parecidos y diferencias entre la España actual y la América Latina de los 70.
– ¿Puede surgir un Amanecer Dorado en nuestro país?

Daniel Kaplún Hirsz, en su despacho madrileño

Las canas de Daniel Kaplún Hirsz concentran mucha vida. Nacido en Uruguay, donde se graduó como Sociólogo en 1974, conoció en su país el difícil período de luchas y represiones en la convulsa década del 70, cuyo final le vio desembarcar en España. Y aquí lleva desde el 79, estudiando nuestra sociedad desde ángulos muy diversos. Porque es profesor de Técnicas de Investigación Social en la Universidad Carlos III de Madrid, pero también investigador en Tecnologías de la Información y Comunicación, y en las diferentes empresas por las que pasó ha realizado numerosas encuestas y estudios electorales o de opinión pública. Una charla con él necesariamente abarca muchos temas y se prolonga en el tiempo.

Por eso, esta entrevista constará de dos partes, igual de interesantes, pero sobre temas diferentes. Y es que Daniel Kaplún tiene mucho que decir.

Voy a empezar por algo fácil. Dígame por favor qué va a pasar en este país. Ja, ja. No tengo la bola de cristal. Yo miro cosas, aplico un marco teórico sociológico que permite abstraerse de lo cotidiano; y por otro lado, intento aplicar mi propia experiencia histórica. Soy uruguayo y a mí esta situación me recuerda mucho la de Uruguay a finales de los 60, cuando pasó de ser “la Suiza de América”, el país más igualitario de la región, a venirse todo abajo de repente, porque se fue gestando una agudización de las contradicciones que estalló a finales de esos 60 y básicamente en los 70.

¿Y cómo acabó aquello? En una represión brutal.

¡Glup! Muy bien no empezamos… ¿Pero usted cree que los movimientos sociales en España y el sur de Europa se parecen a los de América Latina de los 70? Es más, ¿cree que mantienen una relación adecuada con lo que está pasando? En España, y también en Italia, vamos con cierto retraso con respecto a Grecia, tendría que haber mucha más conflictividad social de la que está habiendo. Sin embargo, creo que la aceleración de esta conflictividad está siendo exponencial desde mediados del año pasado. Probablemente acabaremos por ponernos al ritmo de la paliza que la población está recibiendo.

¿Y a qué se debe ese retraso? Normalmente, los movimientos sociales tienden a reaccionar de esta manera, sobre todo cuando lo hacen ante una pérdida. Una cosa es: tú no tienes nada y de repente aparece un movimiento reivindicativo. Y otra cosa es: tú tenías, te lo están quitando y primero tratas de defenderte a ti mismo, de salvar tu culo. Pasado el tiempo, cuando te das cuenta que no puedes salvarte solo, entonces empiezan los movimientos organizativos. Estamos en esa etapa. Hay un número creciente de individuos que perciben que tienen que organizarse o acudir a organizaciones que ya existen. Y entre ellas hay algunas que están marcando un camino y otras que van a rastras.

¿Cuáles van a rastras? Los sindicatos mayoritarios. En principio, como la gente, intentaron salvarse en función de su posición institucional. Pero como ven que no pueden, porque la marea de la derecha los sobrepasa por un lado; y la popular, por la izquierda, no van a tener más remedio que cambiar su posición.

¿Y quiénes los están pasando por izquierda? Las organizaciones formadas por gente directamente afectada por la crisis. El ejemplo más paradigmático quizás sea la PAH (Plataforma de Afectados por la Hipoteca), un fenómeno que empieza  a ser investigado en las universidades; de hecho, en la Carlos III ya existe un grupo de estudio. Es gente que se organizó para enfrentar un problema muy concreto como los desahucios, y para hacerlo directamente de afectado a afectador. Pienso que detrás de eso van a empezar a surgir estructuras similares. De hecho, ya las hay, pero no con tanta fuerza.

Es decir, que la manera de asociarse está en pleno proceso de cambio. Aquí hay dos vías de salida para la clase media depauperada, que es la nueva clase emergente, la que sufre el empobrecimiento sobrevenido, gente acostumbrada cultural, social y educativamente a no tener problemas o incluso a vivir muy bien hasta hace poco tiempo, y que de pronto se viene abajo y no encuentra salida. Su primera reacción es la ocultación, debido a la vergüenza. Pero cuando se dan cuenta que eso no lleva a ningún lado se deprimen, pierden la autoestima, ven que la búsqueda de una recolocación  es imposible… Ahí el primer refugio es la familia, que echa un cable pero tiene posibilidades limitadas, y entonces se empieza recurrir a entornos más amplios. Es ahí donde surgen las organizaciones solidarias. Y lo que todavía no se ha dado, pero al final ocurrirá, es la convergencia de ambos canales, el solidario y el reivindicativo como la PAH.

¿Así de simple? No es tan simple. Todo suele comenzar de manera muy anárquica, en la que se produce una ayuda mutua, se comparten los problemas, nos damos cuenta de que nuestros dramas son colectivos; y que las responsabilidades son de otras personas. Primero llega la solidaridad, y después las reivindicaciones, pero ambas terminarán confluyendo, porque una cosa sin la otra no funciona. La solidaridad sola no vale porque los recursos son cada vez más limitados y hay poco que dar y es insuficiente para recibir. Entonces es el momento de las organizaciones reivindicativas, que se plantean la solidaridad pero además se plantean exigir.

En la calle ya se escucha el planteamiento de numerosas reivindicaciones… Sí, pero el problema es que muchas veces es una exigencia nostálgica. Queremos que nos devuelvan, volver atrás, cuesta aceptar que esa vuelta atrás es imposible. Cuando ocurra empezará la reivindicación de una nueva estructura social. Si se mira el caso griego, Syriza, el partido de izquierdas, todavía oscila entre las dos cosas. No se atreve a plantear que el sistema está agotado ni la ruptura con la Unión Europea, pero cada vez encuentra más dificultades para encontrar un punto de equilibrio entre esas dos tensiones. Y se irá inclinando hacia la ruptura del sistema. Quien piense que de esta salimos con una vuelta atrás está pirado. De esta salimos cambiados. ¿Cómo de cambiados? No lo sé, y en qué sentido tampoco. Hablo de este país y de media Europa.

Ya que ha mencionado a Grecia. La realidad allí es que, en la práctica, los movimientos sociales no han conseguido frenar ni el empobrecimiento del país ni cambiar la distribución de la riqueza. Lo único que parece crecer es Amanecer Dorado, el partido neonazi. Syriza también crece, y es una muestra de que nos vamos hacia los dos extremos. Justamente porque no consiguen volver a suavizar el sistema, tarde o temprano se verán enfrentados a él. Muchos pensamos que no hay ninguna posibilidad de volver a un capitalismo con rostro humano y demás historias socialdemócratas. Me puedo equivocar, porque también en los años 30 parecía lo mismo y apareció Keynes, pero no veo ahora en el horizonte ningún Keynes capaz de salvarle la cara al sistema.

¿Esa deriva hacia los extremos se puede esperar también en España?Aquí, de momento, no se vislumbra una formación tipo Amanecer Dorado.

Militantes de Amanecer Dorado, el partido neonazi griego

Pero cuidado, que tampoco se vislumbraba en Grecia hasta que comenzó a crecer aceleradamente sobre la base de quitarle militancia y electorado a Nueva Democracia [el equivalente al PP en ese país], y quizás también al PASOK [Partido Socialista], es decir que estaban anidando dentro y en un momento cuajaron. Aquí, por ahora, organizativamente se ve una radicalización de la derecha, sobre todo yendo a una agudización de las desigualdades; pero no la aparición de una ultraderecha. Históricamente, la situación es parecida a la Europa de los años 30, y ahí la solución radical salió por la derecha. Ese peligro existe, aunque en España lo veo diluido.

¿Y la vía de escape por la izquierda? La izquierda vive un momento de gran dispersión y desconcierto. Todavía no ha aparecido un referente claro capaz de aglutinar en torno a sí una postura antisistémica y alternativa. El PSOE no para de perder fuerzas, pero todavía tiene mucha. Y mientras eso no se destroce, algo que será inevitable, hará imposible que la izquierda encuentre su camino. El proceso es muy parecido al griego, donde el PASOK, de ser la mayoría, pasó a casi no entrar en el Parlamento. Aquí puede pasar, pero falta bastante.

Pues no nos deja muchas alternativas, sinceramente. En España empiezan a haber cada vez más organizaciones que plantean una lucha por fuera de las instituciones, al margen de ellas. Lo del asalto de los supermercados en verano fue como una “vanguardia”, una acción perfectamente planificada que buscaba generar un efecto comunicativo. La cosa cambiará de color cuando, igual que se juntan para evitar un desalojo, se junten 200 hambrientos y cojan la comida. Eso va a pasar. Todavía estamos en barbecho. Lo que ya está ocurriendo, y es el fenómeno menos estudiado, es que detrás de eso empieza a haber un movimiento de legitimación de ese tipo de sucesos. No hay nadie en su sano juicio que en este país cuestione la Plataforma de Afectados por la Hipoteca. Tan nadie que hasta el Gobierno no tuvo más remedio que inventarse una medida de maquillaje, porque el fenómeno ha podido con ellos. Pues lo mismo va a pasar con otras cosas, con las plataformas por la Sanidad o la Educación públicas, por ejemplo. Todo está surgiendo fuera de los canales institucionales, lo cual no significa que no quieran apropiárselos, porque no pueden quedarse afuera.

Aun así, las huelgas o las manifestaciones solo son exitosas y posibles cuando las convocan los sindicatos mayoritarios, ¿no es contradictorio? Sigue habiendo un millón de afiliados, y una estructura organizativa y una potencia que no tiene nadie más. Todo el resto es pequeñito y disperso, está discutiendo cómo organizarse, a nivel micro y centrándose en un problema o un sitio concreto. La vertebración de eso queda a años luz, y probablemente, si los sindicatos la frenan, no será posible. Los sindicatos se suman a la marea, pero ponen una capacidad de mover gente que nadie tiene. Me acuerdo la huelga de diciembre del 88 y veo las de ahora; veo la situación que había en el 88 en comparación con la gravedad de la situación actual, y es que no casa una cosa con otra. La pregunta es por qué, y creo que hay dos motivos: uno, que los sindicatos han perdido mucha legitimidad en todo este tiempo; y dos, que la gente está muy asustada. El riesgo que implica adherirse a una huelga general ahora mismo es muchísimo mayor al que existía en el año 88.

Ese 14D sí que se paró el país. Sí, pero nos lo tomamos casi como un día feriado, mirábamos el espectáculo. Estas huelgas ya no son festivas, y les crea un problema de conciencia a la gente, entre el riesgo que asumen y la necesidad que sienten de mostrar adhesión a las reivindicaciones que se plantean.

Pero es de suponer que el sistema intentará defenderse y sostener lo que quede en pie hasta las últimas consecuencias, ¿no? Por supuesto, y es lo que me hace pensar que la vuelta atrás es imposible, y que iremos hacia una profundización de las desigualdades de tal nivel que esto va a reventar, e iremos a enfrentamientos cada vez más duros con niveles de represión cada vez más duros. En el Uruguay de los 70 la situación de fuerza social estaba pareja, y lo que inclinó la balanza fue la capacidad de coacción física. Aquí estamos en un momento parecido.

Represión durante la dictadura de Uruguay en los años 70

Pero usted plantea una ecuación en la que el poder militar está en manos solo de una parte. Exacto. Es verdad que también con esas situaciones alguna vez en la Historia se han producido revoluciones, pero para eso haría falta una fractura dentro de los cuerpos de seguridad del Estado. Y además, la coyuntura es muy distinta. Acabar en una dictadura ahora es muy diferente a la América Latina de los 70, cuando estaba legitimado internacionalmente. Ahora costaría mucho más.

¿Cómo evalúa la idea que tanto se pregona de centralizar cada vez más las decisiones en organismos europeos alejados del mandato popular? No es una dictadura formal, ¿pero le suena parecido? Sí, sí, claro. Aunque ese aparato no sirve para la represión. Vale para dictaminar políticas, pero son organismos etéreos que no están en la calle, que es donde está la represión. Ahora bien, cuando se enfrenten a una realidad que los cuestiona, que los pone en la picota, veremos cómo reaccionan. O cuentan con los cuerpos físicos de un montón de individuos que tienen que acatar esas órdenes o no pueden hacer nada, se quedarán aislados. Esto es ir mucho más allá. En Grecia la represión es física y es dura, pero vamos a ver cuánto aguanta en ese nivel un policía que también tiene que comer.

¿Podemos desembocar en algún momento en sociedades orwellianas o tipo Matrix? ¿Los supraorganismos van en ese sentido? Es una posibilidad. Me preocupa mucho el tema de la expansión de las telecomunicaciones, de las redes sociales. Todos estamos metidos en eso, y de momento nos están funcionando como un instrumento multiplicador que el Poder, aparentemente, no controla. ¿Pero de verdad no lo controla? En las dictaduras del Cono Sur americano había vigilancia de cada cosa que hacían en cada minuto determinadas personas. Aquí se está funcionando en abierto, todo es público, bajo el supuesto de que no hay capacidad de controlar el maremágnum de comunicación que fluye por las redes. No estoy nada seguro de eso. No sabemos cuánto se está controlando. Al final todo circula por Facebook, Google, Twitter… por un servidor que vomita lo que le llega, ¿pero cuánto se queda el servidor? Sabemos que guarda mucha información estadística pero, ¿y a nivel individual? Lo cierto es que si en un momento dado se empieza a generar un movimiento represivo, el Poder tendrá una tremenda capacidad selectiva para cortar cabezas y liquidar la capacidad de liderazgo. Y sin líderes se acaba la organización, que fue lo que pasó en el Uruguay de los 70.

La Entrevista del Lunes: Alicia Kaufmann

LAS MUJERES Y EL PODER
“Hoy la vulnerabilidad femenina es una ventaja competitiva”

Angela Merkel, Christine Lagarde, Dilma Rousseff, Cristina F. de Kirchner… Lentamente, pero sin pausa, las mujeres van ganando espacios en la batalla por el poder. Ya no se trata solo de ejemplos sueltos perdidos en países remotos sino de centros neurálgicos del poder mundial, donde las voces cantantes son femeninas. Por eso resulta interesante escuchar a la socióloga y coach ejecutiva Alicia Kaufmann, ya que se trata de una autoridad en la materia, autora entre otros muchos estudios y libros de Alt@ Dirección (Lid 2009), donde analiza las causas que determinan las diferencias en el liderazgo según los géneros.

¿Existe un poder femenino en alza? En primer lugar, habría que definir qué es poder hoy en día, ¿el tradicional que definió Max Weber como la influencia que puede ejercer una persona sobre otras personas o grupos y que sigue la tipología carismática, legal y racional del poder? ¿O el que se identifica con los políticos o la banca, el del todo vale?

No lo sé. Cuéntemelo usted, por favor. Le contesto con un ejemplo. En el Consejo de Administración de Bankia eran 33 hombres y una mujer, ¿qué locura es esa? Sobre todo si pensamos que la clientela femenina del banco es cada vez mayor. Muchas veces se cuestiona qué hubiera pasado con la crisis si en lugar de empezar en Lehman Brothers, la empresa hubiese sido Lehman Sisters. Pero la realidad es que en esos entornos todavía se encuentran muy pocas mujeres.

Porque la mujer no puede acceder a esos puestos, se entiende. Sí, pero también porque no quiere ese modelo de poder, porque no le importa tanto estar en la cumbre. En un estudio que hice sobre alta dirección, cuando le preguntaba a directivos de empresas qué es lo que más les importaba del trabajo, los hombres contestaron “el poder y la estabilidad económica”; y las mujeres, “un clima laboral agradable y poder ser creativa”. Ahí se marcan claramente dos visiones muy diferentes de la realidad. Esto a veces genera en las mujeres un cierto miedo a tomar la autoridad –que no debe confundirse con el poder-, porque se identifica con la falta de ética, de valores, con la agresividad, con el “yo machaco al otro”, con el “me importa un bledo el clima laboral”. Y no todas las mujeres están dispuestas a pisar cabezas y cadáveres para alcanzar la cumbre.

A ver, a ver, ¿cómo es esto de la autoridad y el poder? Tener autoridad no significa ser todo lo que acabo de decir sino valorarse uno mismo, poder plantar cara y exigir, y eso no pasa por los gritos. No es lo que les gusta en general a las mujeres. Pero ahí surge un problema de falta de identificación de rol. Cuando es necesario poner límites tajantes para que te hagan caso y te respeten, ¿quién lo hace más en casa? Habitualmente el padre. Y voy un poco más allá. Existe una cuestión más profunda que son los mandatos familiares. Hay montones de mujeres cuyo modelo de rol es el padre en lugar de la madre que, o interrumpió su carrera o si no lo hizo estuvo ausente. Entonces se idealiza al padre y se busca la diferenciación con la madre. Es curioso, porque los padres suelen delegar totalmente la tarea educativa, pero a partir de que las hijas mujeres cumplen 20 años se enloquecen con su futuro, y están encima de ellas porque quieren que sean perfeccionistas, trabajadoras, que salgan adelante y tengan éxito profesional. Mucho más que las madres. Las hijas adoran a ese padre y quieren agradarlo, ser leal a ese mandato familiar, y trasladan el modelo a la empresa y al jefe que, en el fondo, representa a su padre.

Es decir que las complicaciones para las mujeres comienzan antes de salir de casa. Mire, yo doy cursos a mujeres líderes, y al principio, cuando preguntas qué líderes les vienen a la mente, el 95% son hombres y apenas un 5% son mujeres. Casi nadie dice “yo me quiero parecer a Fulanita”. No es que no existan líderes mujeres, pero no se les da visibilidad, no salen por ningún lado.

Me decía que, además de no querer ese modelo de poder, las mujeres tampoco podían acceder con facilidad. Exacto. Puede hacerlo, pero son necesarias algunas tareas previas, como desarrollar la capacidad de establecer redes de relaciones: jugar al golf, ir a cenar, compartir el fútbol… La mujer, que en general tiene que conciliar con tareas en casa, cuidar a los hijos o a los padres mayores, invierte menos tiempo en esto. Para entenderlo, digamos que existen tres aspectos que se interrelacionan: el poder, la promoción o autopromoción y el perfeccionismo. La mujer es por antonomasia más perfeccionista que el hombre,  y como invierte mucho más en la perfección, le dedica menos tiempo a la promoción y esto le da menos poder. Es así de simple.

¿Y no existe una resistencia por parte de los hombres a facilitar ese acceso? Sin dudas. Los grupos masculinos hacen una piña muy fuerte frente a la mujer que llega a un Consejo de Administración. En el mundo de la banca, por ejemplo, hay mujeres que gestionan equipos de 30-40 personas y lo hacen muy bien, pero existe una rivalidad masculina que no lo tolera. Si la mujer tiene 40-50 años, da rentabilidad y tiene mucha visibilidad van a por ella porque puede hacerles sombra. Si es más joven, tiene hijos y da rentabilidad, van a por ella porque tiene hijos. El mobbing maternal es tremendo. Por eso hay mujeres que deciden no tenerlos, y cuando se dan cuenta ya se les ha pasado la edad. El costo del acceso al poder suele ser muy alto para la mujer.

Pensé que me diría que hay un miedo masculino a la mujer con poder. Eso también, porque ellas manejan una serie de herramientas que ellos no conocen. La mujer, esté donde esté, siempre ha tenido que gestionar el día a día de un grupo o un equipo llamado familia, y posee habilidades, una intuición que va más allá de las palabras, que le permite conocer a la gente. A la mujer se la ve más cercana, más sensible, más vulnerable. Eso puede originar una cierta falta de respeto en el trato. Pero por otro lado, hoy ser más vulnerable es una ventaja competitiva, porque la gente se acerca más y eso hace que reciba una información y maneje otros hilos diferentes. Quien no los posee no puede moverse con la misma estrategia.

Doctora en Sociología por la UCM y catedrática en la Universidad de Alcalá de Henares, Alicia Kaufmann es pionera en algunos estudios sobre la relación femenina con la alta dirección. De hecho, tiene experiencia en el coaching de varias mujeres con cargos importantes en empresas líderes. Y sabe muy bien lo que ocurre cuando, por fin, una de ellas, accede a los sillones del poder.

Las empresas manejadas por mujeres, ¿funcionan diferente o funcionan mejor? Creo que funcionan diferente, y a partir de esa diferencia funcionan mejor. El gran problema actual es qué pasa con la gente. Hables con quien hables te hace referencia al dolor, a las dificultades, a que su empresa no funciona y eso le hace estar mal. Hoy, la empresa en lugar de ser un sitio de contención, como lo fue hasta hace diez años, es un lugar que crea tensiones, y cada vez más, porque con la crisis, los despidos, la poca comunicación y la poca preparación que existe para el día después de quedarte en la calle, todo el mundo anda con las emociones más primarias a flor de piel. Si en estas condiciones se aprietan las tuercas, la gente se enferma, se infarta, falta más al trabajo… Es una dinámica que está entrando en todas las organizaciones.

Y la mujer no lo hace… En general, suele crear otra dinámica, porque aporta otra sensibilidad, otro clima laboral, y eso está estudiado y reconocido. Como decía antes, lo que más le importa a las mujeres en el ámbito del trabajo es la creatividad y un buen clima. Pues bien. Hoy, ¿qué hace falta para salir de la situación en la que estamos? Creatividad. ¿Y para tener seguidores, es decir, gente que tenga ganas de trabajar contigo, que no es lo mismo que empleados forzados a seguirte? Un clima laboral medianamente bueno, donde haya un mínimo reconocimiento de la persona, porque las personas no somos máquinas.

Hay una idea muy incorporada que indica que la mujer con poder es más competitiva que el hombre, ¿ocurre también en las altas esferas? Este es otro aspecto importante de la permanencia de las mujeres en el poder y tiene que ver con la solidaridad entre ellas. Las hay muy solidarias, las hay solitarias, y las hay que una vez que llegan quieren ser la abeja reina y en lugar de echar una mano y subir a otra le ponen el pie en la cabeza. Por eso creo que más importante que las leyes de igualdad, que son válidas, se debería trabajar la cuestión de la solidaridad. Hoy el poder ya no es tanto el “ordeno y mando”, sino hablar más de las emociones, no tener problemas en mostrar tu vulnerabilidad. Y es verdad que no existe una idea de cohesión entre las mujeres. Si hubiera más unión, pero no por miedo sino para decir “aquí estamos y piensen dos veces lo que van a hacer”, las cosas serían distintas.

Christine Lagarde

Hablemos de nombres propios. Si se habla de poder en Europa nadie tiene más que Angela Merkel, ¿qué tipo de rol representa para el resto de las mujeres? No sé realmente si juega un rol para las mujeres. Sí es indiscutible que tiene el poder en Europa, aunque también cuestionado, porque Christine Lagarde, la presidente del FMI, también es mujer, pero se la percibe como muy femenina, muy elegante, bien arreglada, nada estridente. Serían como dos modelos totalmente distintos, incluso hay una notable diferencia física entre ambas.

¿El de Lagarde sería también el caso de Cristina Fernández de Kirchner? Cristina es una mujer muy antimujer, no le interesa nada lo femenino. Es un modelo muy masculino. Pero entre Merkel y Lagarde, que manejan el poder de las finanzas, una lo hace con cierta gracia y estilo, y hasta puede cambiar de postura y decir ahora que la política del ajuste permanente nos puede llevar al derrumbe, porque lo hace con mucha elegancia y nadie la puede acusar de vacilante; mientras que la otra sigue erre que erre con lo mismo. Creo que Merkel nunca haría un cambio de ese estilo, aunque también hay una cuestión cultural que influye bastante: una es francesa y la otra, alemana. De todos modos, no hay un modelo prototípico de mujer, es una cuestión de actitud y de comportamiento.

Suele decirse que el mundo sería diferente si lo manejaran mujeres. Para mí es una falacia. Lo que cuentan son las habilidades de cada uno, y no es una cuestión de hombres o mujeres sino de hombres y mujeres. En un mundo muy masculinizado las emociones quedan fuera, y en un mundo muy feminizado demasiadas emociones quedan dentro. Un mix es a lo que se tiene que llegar, a través de acuerdos, de convivencia, de aprendizajes mutuos.

¿A través de cuotas? Yo estoy totalmente a favor de las cuotas, pero no de forma eterna. En una sociedad donde existe mucha resistencia a que la mujer pueda tener una movilidad social ascendente, para que esto se produzca es importante que existan las cuotas como apoyo gubernamental. Después, una vez que esté dentro ya será cuestión de la propia mujer hacer que suban otras mujeres. Claro que tiene que ser gente con habilidades. El o la inútil, y el o la enchufada que se queden en sus casas. En esto también debería ser igual para hombres y mujeres, pero sabemos que no es así.