La Portada del Día (I): Un museo de los horrores (y errores) en Ceuta

Mientras Fernando Alonso ocupa las portadas en los kioscos asturianos y Rafael Nadal en los de Baleares, hay periódicos que extienden la mirada algo más allá y se ocupan de temas alejados de los deportivos.

elmundo.750 2En ese sentido, ninguno destaca hoy por encima de El Mundo. No por diseño ni por ingenio. Es la suya una cabecera normal, pero el tema/denuncia que lanza como titular principal tiene calado suficiente como para destapar, si se confirma, una nueva crisis en el Gobierno, y aumentar un poco más el descrédito de la Monarquia como institución. Y solo por eso merece una mención.

La mirada de esta sección, sin embargo, prefiere un diario más modesto. Ya quedó dicho alguna vez que Ceuta y Melilla aparecen retratadas como “mundos aparte”, si uno se remite a las aperturas de sus rotativos. Sucesos, fuerzas de seguridad y religión son, por abrumadora mayoría, los temas que ocupan los puestos más destacados de las portadas el 80% de los días. Esto, más el diseño y el lenguaje utilizados las tiñen con un barniz anacrónico, y verlas es como una caída en el túnel del tiempo.

Para ratificar la sensación, El Faro de Ceuta hoy comete un error ortográfico de antaño: escribe “dio” con tilde en la “o” en su título principal, tal como era norma hace décadas. Además, utiliza una redacción que no superaría ningún examen de primero de Periodismo. Para quienes no frecuentan las redacciones, cabe explicar que tres líneas de 33 caracteres son margen suficiente para poder transmitir una idea de la mejor manera posible. Este humilde redactor demoró menos de dos minutos (y no es una exageración ) en escribir:

La tasa de alcohol en sangre del
conductor “kamikaze” superaba
cinco veces los límites legales

Es decir, la misma idea, pero con una sintaxis más lógica. La aclaración (xenófoba) de que el conductor en cuestión es marroquí ya es la guinda que cierra una portada digna del mejor museo de los horrores… y también de los errores.

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La Portada del Día: Racismo

El recurso, por habitual, tiende a pasar casi inadvertido. Hablo de la identificación de personas según su nacionalidad, raza o religión cuando cometen algún acto delictivo o violento. En ese caso, dejan de ser simplemente personas para convertirse en judíos, musulmanes, latinos, negros, colombianos… o senegaleses.

Se trata de una de esas taras que el periodismo va incorporando casi sin querer y no repara en utilizar. El problema es cuando ocupa el titular principal de una portada; o cuando convierte un hecho menor e intrascendente en noticia destacada; o peor aun, cuando la crónica no se ajusta con exactitud al anuncio de la información.

Todo esto se da hoy en el Ideal de Granada. Si se visita el link de la noticia se verá que el desarrollo de la misma es escueto y que el policía local fue efectivamente perseguido, pero no presenta lesiones, por lo que la supuesta agresión queda bastante en entredicho.

¿Por qué el editor convirtió este suceso anecdótico en tema de apertura? Tendrá sus razones, pero resulta lícito sospechar de su mala intención; del mensaje racista que oculta; o del pedido de represión a los “manteros” que lleva implícito.

Porque si el hecho ocurrió está bien narrarlo, pero de una manera acorde a su trascendencia. Y haciendo hincapié en la agresión -si la hubo-, no en el “senegaleses”.